Las diferentes perspectivas del autismo

Por Marcela Barruel Oettinger

 

Desde que Kanner, en 1943, describió al autismo como una entidad nosológica específica,  muchas disciplinas han intentado explicarla, generando un sinfín de ideas y teorías. Algunas son muy valiosas, otras desafortunadas y muchas se contradicen entre sí.

 

Es importante estudiar diferentes perspectivas que ayuden a comprender el autismo con más claridad. De esta manera, se podrían determinar estrategias educativas y terapéuticas, así como cambios en la sociedad encaminados a mejorar la calidad de vida de las personas que viven con esta condición.

 

Desde la perspectiva médica, actualmente, se cataloga como trastornos del espectro autista en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (conocido como DSM, por sus siglas en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En este se explica que dichos trastornos se manifiestan desde las primeras fases del desarrollo y causan un deterioro significativo en los ámbitos social, educativo y laboral. También se describen las formas en que este grupo de personas interactúan socialmente, se señala la manera particular en que se comunican con los demás, se enumeran comportamientos específicos y se expone la forma en que desarrollan sus intereses.

 

Algunos de los síntomas del espectro autista que se describen en el DSM-5 son: 

 

  • – Dificultades para comprender, iniciar o responder a interacciones sociales.
  • – Dificultades para compartir juegos imaginativos, para hacer amigos o ausencia de interés por otras personas.
  • – Uso de un lenguaje poco integrado.
  • – Falta de contacto visual.
  • – Deficiencias en la comprensión y el uso de gestos, o falta de expresión facial y de comunicación no verbal.
  • – Patrones restringidos y repetitivos de comportamientos, intereses o actividades.
  • – Insistencia en la monotonía y excesiva inflexibilidad de rutinas o patrones ritualizados de conducta.
  • – Hiper o hiporreactividad ante estímulos sensoriales, o interés inusual por los aspectos sensoriales del entorno.

 

Este manual tiene la ventaja de presentar, de manera ordenada y rigurosa, todos los síntomas, lo cual permite hacer un diagnóstico preciso y altamente consistente con lo que se considera un trastorno del neurodesarrollo. Por otro lado, es sumamente útil para unificar el lenguaje entre profesionales, establecer políticas públicas de salud, determinar algunas intervenciones y hacer pronósticos; todo esto bajo criterios estadísticos. Es importante destacar que el DSM-5 no pretende explicar el origen de las patologías ni determinar intervenciones basadas en el conocimiento individual, diferenciado y profundo de cada persona.

 

La neurología, en cambio, busca las causas orgánicas de lo que considera un padecimiento. Sin embargo, hasta ahora no hay hallazgos concluyentes. La tendencia actual se inclina a pensar que el origen tiene que ver con la convergencia de una multitud de factores genéticos y ambientales.

 

Otras disciplinas, como el psicoanálisis, se interesan más en comprender la mente, las emociones y las defensas que hay atrás de las reacciones autistas. Poco después de que Freud estudiara el desarrollo infantil, surgieron teorías psicodinámicas que daban cuenta del desarrollo mental temprano. Desde ahí, comenzaron a analizar las particularidades en la evolución emocional de la mente de los niños con autismo.

 

Sin negar la complejidad de la mente y de acuerdo con la idea actual del origen multifactorial del autismo, hay teorías que tienden a pensar la mente autista como producto de deficiencias ambientales.  En este sentido, ponen el acento en las madres (o sustitutos maternos) que no pudieron hacer un trabajo de maternaje adecuado en los momentos más primitivos del desarrollo, ya sea porque estaban pasando por dificultades de vida o por tener carencias emocionales importantes que no les permitieron una conexión apropiada con el bebé. Otras teorías psicoanalíticas dan más peso a las deficiencias constitucionales innatas en los bebés. Estas hablan de ideas como la poca tolerancia a la frustración o tendencias destructivas intensas que no alcanzan a compensar las fallas ambientales normales de la existencia.

 

En la psicología, hay otras teorías que dan cuenta del autismo. Por ejemplo, la perspectiva cognitivo conductual y la psicología cognitiva. La primera ha desarrollado estrategias educativas destinadas a lograr una mejor adaptación al mundo de las personas con autismo. La segunda ha teorizado sobre la integración sensorial que explica, entre otras cosas, las diferencias en cómo estas personas perciben el mundo externo.

 

Algunas aproximaciones sociales recientes han hecho contribuciones importantes al considerar al autismo como parte de la neurodiversidad humana.  Por ejemplo, abogan por los derechos de las personas con autismo a ser escuchadas e incluidas en todos los ámbitos humanos, haciendo énfasis en la no discriminación.

 

En el curso de cuatro clases El espectro autista se revisarán a profundidad estas perspectivas con la colaboración de especialistas en la materia. Inicia el sábado 24 de septiembre.

 

Referencias

 

Bettelheim, B. (2001). La fortaleza vacía. Autismo infantil y el nacimiento del yo. Paidós.

 

Bleichmar, N., y Leiberman, C. (2011). El psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. Paidós. (Obra original publicada en 1989).

 

Castoriadis-Aulagnier, P. (2010). La violencia de la interpretación. Del pictograma al enunciado. Amorrortu editores.

 

American Psychiatric Association (2002). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (5ª ed.). Panamericana-Masson.

 

Geissmann, C. y Houzel, D. (ed.). (2008) El niño, sus padres y el psicoanalista. Editorial Síntesis.

 

Mahler, M. (1984). Simbiosis humana: las vicisitudes de la individuación, Joaquín Mortiz.

 

Tustin, F. (1996). Estados autísticos en los niños. Paidós.

 

Winnicott, D. (2011). Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Paidós. (Obra original publicada en 1965).