Experiencias emocionales a flor de piel

Por Laura De La Torre

 

¿Sabías que la piel es el órgano más grande del cuerpo? Impacta pensar cómo se le olvida y se vuelve casi imperceptible. Paradójicamente, es gracias a ella que el ser humano comienza a explorar el mundo y a entender lo que está dentro de él, así como lo que está afuera, lo que no es de su dominio corporal.

La mayoría de las veces, la piel pasa desapercibida, pese a que es el único órgano vital visible. Cuenta con la capacidad exclusiva de regenerarse las 24 horas del día, los 7 días de la semana, además de ser permeable de manera selectiva, flexible y resistente. Es la que delimita a los otros órganos, a las estructuras y a la sangre, pues los contiene. Gracias a ella, es posible identificar la estructura anatómica, al definir los límites de la masa corporal. Este sistema tegumentario tiene como funciones: proteger (se le considera como la primera barrera inmunológica), regular el metabolismo y la temperatura corporal, y activar el sentido del tacto con las terminaciones nerviosas que posee. La piel crea un sistema de comunicación entre el ambiente que rodea al cuerpo y su interior, con los más de 5 mil receptores sensitivos por centímetro cuadrado que envían información al cerebro para que reaccione ante cualquier estímulo. Es decir, este sistema es capaz de avisar sobre la presión, el dolor y la temperatura; de absorber y excretar algunas sustancias; y de mostrar deficiencias para un diagnóstico clínico sobre la salud de la persona.

No obstante, las funciones de la piel no solo están en el campo de lo biológico y lo físico. La conexión mente-cuerpo y la forma en la que se integran ha sido estudiada por muchos. Algunas veces se distingue, de manera tajante, entre lo concreto y lo abstracto. La vertiente psicoanalítica ha observado que el desarrollo del cuerpo y la mente del ser humano van de la mano, en el mejor de los casos. De hecho, apunta que la patología se presenta en el momento preciso en el que se rompe la continuidad y el ritmo entre ellos.

Esther Bick (1970), en su artículo La experiencia de la piel en las relaciones de objeto temprano, explica cómo, en los primeros momentos de la vida, las partes de la personalidad no tienen la capacidad de mantenerse cohesionadas, y esa es la primera función de la piel.[1] De primera instancia, esta fuerza para mantenerlas unidas viene del exterior. El pequeño la experimenta pasivamente, mediante el funcionamiento externo de la piel, que hace de límite o barrera. Conforme el pequeño se desarrolla, da el salto a la conformación de una función interna, es decir, irá adquiriendo la habilidad de mantenerse integrado, de ir reconociéndose y reconociendo al mundo que le rodea. Este es un breve apunte sobre una de las funciones de la piel menos conocidas: ayudar a contener las experiencias emocionales.

 

Referencias

Aizenberg, S.; Bianchedi, E. T. y Sor, D. (1967). Concepto de continente-contenido (identificación proyectiva) en el proceso de integración del objeto. Revista de psicoanálisis, 24(1), 131-135.

Bick, E. (1970). La experiencia de la piel en las relaciones de objeto tempranas. Revista de Psicoanálisis, 27(1), 111-117.

Larralde, M. (2022). La piel: conocé el órgano más grande de tu cuerpo. Hospital Alemán. https://www.hospitalaleman.org.ar/mujeres/la-piel-conoce-el-organo-mas-grande-de-tu-cuerpo/

Notas:

[1] “La primera función que ejerce la piel del bebé y sus objetos primarios en relación con la unión más primitiva de las partes de la personalidad que aún no están diferenciadas de las partes del cuerpo” (Bick, 1970, p. 111).