Algunas consideraciones sobre las afecciones psicosomáticas

Por Conrado Zuliani

Las llamadas enfermedades psicosomáticas constituyen una especie de territorio de frontera entre la medicina, la psicología y el psicoanálisis. De alguna forma, constituyen entidades enigmáticas, cuyos resultados terapéuticos suelen ser inciertos, aleatorios.

Pertenece al campo de las afecciones psicosomáticas un grupo de enfermedades tales como la psoriasis, el vitíligo, la neurodermatitis, los eczemas, el asma bronquial, las alergias, la hipertensión, el colon irritable, el lupus, los problemas relacionados con la glándula tiroides, la colitis ulcerosa, etcétera. Como vemos, se trata de una variedad de padecimientos, a los cuales también se incluyen, en la actualidad, el insomnio y la obesidad mórbida.

Desde el inicio, Sigmund Freud trató con pacientes cuyo sufrimiento se centraba en dolencias corporales; de su encuentro con la histeria se desprende, en gran medida, la invención del psicoanálisis: parálisis de diferentes zonas del cuerpo, cegueras, dolores difusos, disnea, palpitaciones y desvanecimientos, por mencionar algunas, conformaban la sintomatología típica del cuadro histérico que resultaba refractario al saber de la medicina. El mérito del creador del psicoanálisis consistió, entre otras cosas, en comprender las causas de esas enigmáticas dolencias. Se trataba de síntomas conversivos, en los que un conflicto psíquico encontraba un modo de expresión simbólica, plasmado en alguna zona en particular del cuerpo. Dicho de otra forma: lo que aparecía expresado en el síntoma eran una serie de fantasías y deseos reprimidos. Lo comprometido en la histeria no es el cuerpo biológico o el organismo, sino la representación mental del cuerpo o de determinada parte del cuerpo que participa de la trama de fantasías inconcientes del sujeto. Por ejemplo, una parálisis de brazo puede expresar el deseo inconciente de la persona de masturbarse y, al mismo tiempo, una defensa del sujeto contra ese deseo, cuya resultante es que el brazo queda paralizado.

Es importante señalar el descentramiento causal que esta comprensión implicó: el motivo del síntoma ya no se sitúa en una afección orgánica, sino psíquica, y el tratamiento, por ende, consistirá en un determinado abordaje de las fantasías y deseos del paciente.

A partir de lo anterior, y aclarando que lo psicosomático, como tal, no fue un tema abordado por Freud, podemos intentar realizar una primera diferenciación general entre los síntomas histéricos y los padecimientos psicosomáticos:

– En los primeros, se trata de fantasías de índole sexual que, habiendo sido reprimidas, encuentran una vía de expresión y satisfacción parcial en el síntoma, sin que el cuerpo “real” se encuentre comprometido o afectado.

– En los segundos, habría una afección orgánica en la que componentes emocionales tienen una participación. Suelen producirse estas enfermedades cuando las creaciones psíquicas, tales como el sueño, la fantasía y el pensamiento, se interrumpen o dejan de producirse.

 

A partir de lo anterior, es posible pensar que, si el sujeto no logra elaborar, tramitar y digerir determinadas experiencias emocionales por medios psíquicos, se produce una predisposición, un estado de vulnerabilidad psicosomática. Una hipótesis bastante difundida por diversos autores sostiene que lo psicosomático obedece a la dificultad de procesar simbólicamente, mediante el pensamiento, diversas emociones. Podríamos apelar a la imagen metafórica de que, en lo psicosomático, el cuerpo “enloquece” y piensa por su cuenta. A diferencia del síntoma histérico, que cuenta una historia ―la de los amores, odios, deseos y angustias infantiles―, lo psicosomático pareciera tener que ver, más que nada, con las dificultades que encuentra el sujeto en producir modos de simbolización que le permitan metaforizar, elaborar y poner en palabras un dolor psíquico amordazado que, al no ser pensable, impacta en el cuerpo.

Si bien, podría afirmarse que en toda enfermedad participan factores causales biopsicosociales, es importante poder efectuar la distinción entre los llamados síntomas neuróticos y aquellas patologías que implican una afección del “cuerpo real”, ya que el modo de intervención y abordaje será diferente. No solo la manera en la que el terapeuta interpreta será distinta, sino que, además, en muchos casos, se requerirá la implementación de tratamientos interdisciplinarios, lo cual implica un tratamiento que tiene, generalmente, muchas variables en juego.

Conoce más del diplomado «El mundo de las emociones y los padecimientos del cuerpo. Lo psicosomático» que iniciará en abril de 2023.