Ansiedades depresivas y crecimiento mental

Por Jorge Luis Chávez Valdés

 

Antes de la aparición de la COVID-19, el uso más habitual del término pandemia era para calificar a la depresión. Su prevalencia la ubica como uno de los problemas más relevantes de la realidad contemporánea. A pesar de ello, no hay un consenso definitivo acerca de qué es, ya que no se puede definir unívocamente. Se ha estudiado desde distintos vértices: médico, sociológico, antropológico, filosófico y psicológico. Por lo mismo, una definición epidemiológica siempre contrastará con otra antropológica, e incluso con alguna que provenga del arte. El único consenso es que se trata de un fenómeno complejo que está atravesado por distintas aristas y que su recurrencia es elevada.

Desde el psicoanálisis, la depresión se comprende a partir de la interacción de fuerzas inconscientes que determinan su aparición en síntomas, rasgos, estado mental y estructura de personalidad. Sigmund Freud (1917) distinguió el estado depresivo normal que sobrevenía al enfrentar una pérdida —que llamó trabajo de duelo— de la estructura de personalidad depresiva —que denominó melancolía y que no se asocia directamente con una pérdida o causa objetiva—. Habría entonces una expresión “esperable” de la depresión como parte de un proceso de acomodo emocional en el que la pérdida se asume y se consigue la fuerza para seguir adelante con la vida; y otra mucho más dañina para el psiquismo y la vida en general. Contrario a la creencia popular, los estados depresivos no son, en sí mismos, patológicos, ya que responden a un complejo entramado emocional que incluso puede contribuir al crecimiento mental.

Esta última perspectiva fue finamente trabajada por Melanie Klein, psicoanalista que aportó conceptos originales provenientes del trabajo clínico con niños pequeños en modalidad de terapia de juego. Entre sus muchas aportaciones teóricas, postuló que, en el curso del desarrollo, en un primer momento, el niño experimenta emociones hostiles que provienen de la frustración. Ella pensaba que la ausencia del pecho —modelo de frustración primigenio— ocasionaba que el niño fantaseara activamente con un objeto maligno que le provoca un intenso displacer, el cual vive como una agresión. Es así que el niño lo expulsa de sí y ataca al objeto en el que ha proyectado su frustración.

Esta dinámica interna provoca que el chico viva atemorizado por un objeto o situación externa, resultado de su agresión. Viene entonces “al rescate” el objeto bueno, el que lo satisface (el pecho que está presente y lo calma). Usa la imagen del objeto como un refugio en contra del objeto malo, ahora persecutorio.

Este panorama caótico en el que está sumida la mente del bebé, se modifica únicamente cuando es capaz de entender que el mismo objeto que lo frustra, también lo satisface. Klein pensó que este descubrimiento produce en el niño intensos sentimientos de culpa, activando en él empeños por reparar el daño que cree haberle causado al objeto, que sin darse cuenta, era el de su amor. A esta integración del desarrollo se le conoce como posición depresiva. Fuertemente cargada de afectos dolorosos, esta posición ayuda a ver de manera más completa la realidad.

El optimismo típico de la cultura y de los medios masivos, en ocasiones, mantiene la escisión entre las cosas, clasificándolas en buenas y malas. Vemos permanentemente narrativas de héroes y villanos, además de una constante presión para “ser felices”. La visión psicoanalítica entiende que la realidad material y emocional siempre estará teñida de aspectos gratificantes, así como dolorosos, y que ningún objeto o situación se entiende completamente si se ve en términos dicotómicos, sino que su integración en la mente —con emociones dolorosas y ansiedades depresivas— permite a los seres humanos acceder a la profundidad de sus emociones y su existencia.

En el diplomado Enfermedades depresivas se estudiará este fascinante fenómeno desde múltiples perspectivas, entre ellas, la psicoanalítica.

 

Referencias

Freud, S. (2012). Obras completas (vol. 16). Amorrortu.

Segal, H. (2016). Introducción a la obra de Melanie Klein. Paidós.