La relación del cine con el psicoanálisis

Por Nadezda Berjón

Si bien a Sigmund Freud no le llamó la atención el cine, a cuya primera función asistió durante su estancia en Estados Unidos, actualmente se suman decenas de artículos y libros sobre el tema desde nuestra disciplina. Por ejemplo, Ambrósio García (2017) presentó un libro sobre Wilfred Bion en la teoría y análisis del cine; Glen O. Gabbard (2001) editó un libro en el cual más de veinte psicoanalistas comentan películas como Los chicos no lloran, Salvando al soldado Ryan y M; Ilany Kogan (2020) estudió los trastornos narcisistas mediante personajes del cine y la literatura; y Jay Schneider (2004) editó un libro sobre cine de horror y psicoanálisis, con capítulos en torno a lo ominoso, el doble y el placer en el terror.

La relación entre cine y psicoanálisis es íntima y variada. Lo cierto es que el arte, en sus diversas formas, plasma contenidos emocionales, imaginarios e interpersonales que ayudan al clínico a pensar en la problemática humana de manera lúdica.

En esta ocasión, quiero compartir la lectura de un libro de Elizabeth Cowie (2003), en el cual plantea que el cine tiene una función similar a la del sueño, tema central del psicoanálisis. Los sueños son el camino regio al inconsciente, señala Freud. La idea de que los sueños sean significativos e interpretables es muy antigua y se encuentra en casi todas las culturas. Lo que ella propone es que al mirar una película, estamos en una especie de ensoñación, cuyo sentido será construido a posteriori (cuando termina la cinta, momentos o días después) al evocarlo y repensarlo.

Esta autora presenta la noción de cine como «máquina de sueños», que implica un reino de fantasía y de cumplimiento de deseos para el espectador. Ella señala una analogía común entre el cine y el sueño: los filmes se muestran como un sueño, una ensoñación, mientras que los sueños se viven como películas en la propia mente. La diferencia es que en la función de cine no estamos dormidos, sino atentos a los estímulos auditivos y visuales importantes. De hecho, enfrentamos el reto mental de crear sentido en los personajes y en la trama. No obstante, nuestro estado cognitivo no es el de la vigilia normal, pues aunque mantenemos nuestras capacidades motrices, estamos inmóviles, en silencio, sintonizados en esos estímulos, obviando otros que ocurren alrededor.

Al soñar, se presenta lo que no debe ser conocido, aquello reprimido a la conciencia, pero de manera disfrazada. Este mecanismo posibilita que el contenido latente evada la censura a través de un proceso de transformación. Freud identificó cuatro etapas en este proceso: la distorsión, la condensación, el desplazamiento y la representabilidad. Si bien los símbolos no son creados de manera individual en cada ocasión, la forma en cómo se decodifican o se utilizan en la producción del sueño sí lo es.

Esta búsqueda de sentido conlleva comprender lo que el sueño significa para uno, no es una simple secuencia de eventos, personas e imágenes. En este proceso, se realizan asociaciones para crear conexiones entre el sueño y el soñante en la realidad.

Cuando vemos una película, mediante un proceso cognitivo intentamos crear sentido, encontrar relaciones o asociaciones entre los elementos como resultado de nuestra respuesta emocional y afectiva a lo recordado de la cinta. Las etapas del trabajo del sueño de condensación y desplazamiento se llevan a cabo al recordar las escenas o al formar comprensiones alternativas.

Como espectadores nos involucramos en un trabajo de transferencia, en el cual nos conectamos con la ficción, aunque sea por momentos breves, “como si” fuera real. Nos vinculamos con las acciones y los personajes “como si” fueran figuras en nuestra propia historia psíquica. Más aún, nos relacionamos con las imágenes y los sonidos “como si” estuvieran producidos en relación con las consideraciones de la representabilidad encontradas en sueños “como si” fueran pensamientos inconscientes. Además, hay una serie de dispositivos estéticos —por ejemplo, las metáforas— que se utilizan en las películas para invitarnos a interpretarlos en un proceso de análisis organizado, basado en ciertas expectativas sobre la historia y los eventos. En el cine, como público, somos soñantes e intérpretes de sueños, así como analizandos y analistas.

Referencias bibliográficas

Ambrósio G. C. (2017). Bion in Film Theory and Analysis: The Retreat in Film. Routledge.

Cowie, E. (2003). The Cinematic dream-work of Ingmar Bergman’s Wild Strawberries (1957). En The Couch and the Silver Screen (pp. 181-203). Brunner-Routledge.

Gabbard, G. O. (2001). Psychoanalysis and Film. Routledge.

Kogan, I. (2020). Narcissistic Fantasies in Film and Fiction. Masters of the Universe. Routledge.

Schneider, S. J. (2004). Horror Film and Psychoanalysis. Freud’s Worst Nightmare. Cambridge University Press.