Sobre el aburrimiento y la falta de pasión

Por Denise Block

Durante la cuarentena por el coronavirus, el sentirse aburrido se ha vuelto una de las quejas más frecuentes. Es curioso que el aburrimiento nos invada a pesar del amplia gama de actividades que nos ofrece la vida virtual en nuestros días. Sin embargo, parecería que con él se desvanece esa “chispa” que nos lleva a interesarnos por aprender algo nuevo, a sentir curiosidad por conocer y el deseo de investigar. Si bien el aburrimiento es uno de los males de la pandemia, lo cierto es que es un estado en el que muchos de nosotros caemos de vez en cuando y en el que algunas personas permanecen atrapadas sin la posibilidad de recuperar el interés por la vida.

Pero ¿a qué nos referimos con aburrimiento? Podemos definirlo como un estado mental que se caracteriza por la falta de pasión hacia algo, la indiferencia, la apatía, inapetencia y, en un caso extremo, el desinterés absoluto (Tabbia, 2018). En el consultorio los pacientes frecuentemente expresan sentirse aburridos en algún área de la vida como con la pareja sentimental, la vida sexual, social, profesional o inclusive con su propia identidad.

Algunos autores asocian el aburrimiento con la pérdida de la capacidad de asombro característica de la infancia.  Otros piensan que el aburrimiento es inevitable y que tiene que ver con los movimientos del deseo y la libido (Diez Cuesta, 2011); esto significa que perdemos el interés hacia algo cuando movemos nuestra libido a otra cosa. El silencio y quietud provocados por el aburrimiento son justamente lo que mueve a algunas personas hacia la creación artística, el deseo de generar algún cambio o de innovar. Sin embargo, hay otras personas que se acostumbran a vivir desapasionadamente, a simplemente sobrevivir, apartadas del mundo y de las experiencias que este ofrece.

En contraste con lo anterior, recuerdo a una mujer de noventa años, quien perdió la vista y la movilidad por la edad. Una de sus hijas al visitarla le preguntó: “Mamá, ¿no te aburres?”, a lo que la anciana contestó: “No, porque me caigo muy bien”. Significa que esta mujer, encerrada físicamente en su casa por su condición, podía realizar una introspección y viajar mentalmente a distintas épocas y lugares a través de sus recuerdos y recuperar la riqueza de su mundo interno.

Lo contrario le ocurre a quien sufre permanentemente de aburrimiento. Tabbia (2018) describe el mundo interno del aburrido como un lugar desierto, inerte y sin objetos. Hay autores que aclaran que el aburrimiento suele estar acompañado de otras emociones como la tristeza, el enojo y el hastío. También puede asociarse con otras patologías como en el caso de la depresión, la melancolía y el narcisismo.

El aburrimiento, además, puede ser provocado por la envidia y la rivalidad; por ejemplo, podemos sentir que una exposición de arte o una clase es aburrida porque la inteligencia del maestro o la creatividad del artista nos provoca un intenso sentimiento de comparación. Para lidiar con esos sentimientos lo menospreciamos y pensamos que no es interesante y no tiene nada que aportarnos. Otra manera en la que puede abordarse el aburrimiento es como una defensa ante el mundo emocional y pasional: nos protegemos mediante la barrera del desinterés.

Volviendo a la pandemia, podríamos pensar cómo el confinamiento nos obliga a pasar más tiempo con nosotros mismos. Es en esos momentos de retiro del mundo externo donde nos vemos obligados a enfrentar ciertos pensamientos y fantasías. Esto es algo a lo que muchos de nosotros no estamos dispuestos debido a la angustia que conlleva.

Los analistas no estamos exentos de sentir aburrimiento en las sesiones con los pacientes. Ese estado mental puede ser provocado por el discurso de ciertos pacientes, mismo que se apega a la descripción de lo sucedido en la vida cotidiana y se caracteriza por la ausencia de imaginación, como en el caso del discurso del obsesivo, o la ausencia de emociones, como en el paciente alexitímico. También se da cuando la intensidad en el discurso del paciente mueve ciertos conflictos en la mente del analista. En estos casos, el aburrimiento del analista podría sobrevenir como una resistencia a adentrarse a las propias fantasías, ya sean sexuales o violentas. En estos casos es necesario que el analista preste atención a su contratransferencia y se cuestione lo que el paciente intenta comunicarle en la sesión a través del aburrimiento.

Por último, podemos decir que en la mente humana existe una multiplicidad de explicaciones para comprender nuestras emociones y pasiones. En el Diplomado Psicología de las pasiones humanas: celos, rivalidad, posesividad, amores edípicos estudiaremos los distintos matices y expresiones del aburrimiento y la falta de pasión.

Referencias 

Antón, M.C. (2012) “El aburrimiento”. Perspectivas en Psicología, vol. 9, pp.104-109.

Diez Cuesta, A. (2011). “La función del aburrimiento”. Revista de Psicoanálisis, 128, pp. 1-2. 

Tabbia, C. (2018). “El Aburrimiento del adolescente y del analista”. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, 23, pp. 43-67.