El diagnóstico en psiquiatria y psicoanálisis

Por Gabriela Turrent.

Las actividades terapéuticas requieren de evaluaciones diagnósticas que permitan determinar el padecimiento o problemática que afecta al paciente, así como el tratamiento más adecuado, el momento y el modo correcto para iniciarlo. Aunque tanto la psiquiatría como el psicoanálisis buscan comprender la mente y sus fenómenos, las diferencias que estas disciplinas presentan en cuanto a objetos de estudio, marcos conceptuales y ángulos de observación, propician grandes variaciones en la función, lugar y elementos que conforman las valoraciones diagnósticas.

La psiquiatría, al igual que las demás ramas de la medicina, recaba información a través de la observación de signos objetivos y comprobables. Utiliza el método científico para examinar aquellas conductas que se encuentran fuera de la norma y que pueden indicar la presencia de una patología, estableciendo después un tratamiento proyectado para restablecer el estado de salud.

El psicoanálisis, por su parte, tiene particular interés en describir y explicar la realidad psíquica. Considera que los estados mentales son fenómenos complejos que únicamente pueden aprehenderse de manera indirecta y provisional mediante símbolos. Reconoce, a su vez, que para dar cuenta de la forma como se halla estructurada la mente, es necesario iniciar un procedimiento que tenga por objeto investigar con profundidad el funcionamiento emocional del individuo.

La psiquiatría y el psicoanálisis estudian los fenómenos relacionados con la mente desde distintas perspectivas de comprensión; mientras que aquella se encuentra interesada en sus manifestaciones externas, el psicoanálisis se aboca a la comprensión de la subjetividad. Ambas disciplinas atienden realidades diferentes: es por ello que intentar hacer traducciones o establecer supremacías entre estos saberes implica no reconocer las diferencias conceptuales que les dieron origen.

La evaluación diagnóstica, tarea inicial y fundamental de la psiquiatría, permite distinguir el cuadro de signos presentados por el paciente para identificarlo con o diferenciarlo de otras entidades nosológicas, de manera que se facilite la comunicación entre especialistas y pueda determinarse la elección, evolución y pronóstico del tratamiento.

El diagnóstico psiquiátrico parte de la detección, observación, agrupación y comparación de los signos patológicos con aquellos otros, ya previamente detectados y agrupados en clasificaciones internacionales. Dentro de esta rama de la medicina no se habla propiamente de enfermedades, sino de trastornos, ya que no se han establecido límites claros entre los estados de salud y enfermedad mental: muchos padecimientos no muestran lesiones anatómicas o deficiencias en el funcionamiento del sistema nervioso, así como tampoco puede establecerse la presencia de agentes patógenos ya conocidos.

Como ya se dijo, la evaluación diagnóstica es una actividad esencial en la psiquiatría, que implica un trabajo de observación y reconocimiento de signos patológicos. Esta actividad supone un punto de partida, un corte o una valoración que determina el tratamiento y pronóstico que recibirá el paciente.

Por otro lado, el psicoanálisis, además de un método terapéutico, es una teoría y un método de investigación sobre el funcionamiento de la mente, que tiene como propósito conocer la manera en que el inconsciente afecta y determina tanto el comportamiento como la percepción de la realidad.

En el ámbito psicoanalítico, la evaluación diagnóstica no es la base sobre la cual se fundamenta el tratamiento, sino más bien un punto de partida o una suerte de hipótesis que puede o no, ser comprobada a lo largo del tratamiento. Consiste en una actividad provisional, que tiene básicamente por objeto determinar si el paciente puede beneficiarse de un proceso psicoanalítico.

El diagnóstico en psicoanálisis no pretende la estandarización, ni la clasificación. Por el contrario, busca explicar de la manera más profunda posible el funcionamiento dinámico de la mente, es decir, pretende dar cuenta de los deseos, conflictos y motivaciones que conforman la personalidad y dan origen a ciertos síntomas. La evaluación diagnóstica solamente puede apoyarse en el discernimiento y la subjetividad del analista, quien, de entrada, reconoce que solamente puede obtener una valoración parcial de la realidad psíquica.

Quienes pugnan por la supremacía entre los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos sobre los psicoanalíticos y viceversa, parecieran olvidar que la complejidad de la mente y sus conflictos obliga a buscar ejes de comprensión complementarios, que permitan la comprensión emocional del paciente, la disminución de sus síntomas y la recesión de sus padecimientos junto con el dolor que estos le causan.