Las separaciones y sus conflictos

Por: Dra. Catherine Goetschy

El desarrollo físico, psicológico y social del niño no transcurre de modo lineal sino que atraviesa unos momentos decisivos que constituyen crisis normales del crecimiento. En cada una de ellas, el niño tiene que abandonar lo conocido para enfrentar nuevos retos y dominar paulatinamente nuevas situaciones. Las crisis habituales en el desarrollo son sucesivamente el nacimiento, el destete, aprender a caminar y hablar, entrar a la escuela, el descubrimiento de vida interior, el primer enamoramiento (fuera de la familia) y, finalmente, dejar la casa de los padres.

Por supuesto, cualquier cambio mayor que sucede en la vida de un niño o de una familia puede propiciar una ruptura del equilibrio anterior. Todas las crisis del crecimiento conllevan la pérdida del estado anterior y/o una separación a cambio de la adquisición de nuevas capacidades. Las separaciones producen emociones y ansiedades muy intensas, de las más fuertes que experimenta el ser humano a lo largo de la vida.

Las tempranas ansiedades de separación se van a reactivar en diferentes circunstancias durante la vida del adulto; por ejemplo, cuando uno cambia de trabajo, se muda de ciudad o emigra a un nuevo país; a la ocasión de un divorcio o de la pérdida de un ser querido; hasta eventos usualmente felices tales como el casamiento o la llegada de un bebé conllevan la pérdida de lo anterior. Algunas personas pasan entonces por una depresión; otras evitan sentirse mal lanzándose en múltiples actividades, profesionales o deportivas; otras más empiezan a desarrollar una adicción.

El tema de la separación ha sido planteado y pensado por la mayoría de los psicoanalistas y de las corrientes psicoanalíticas. Freud estudió el tema en varios textos. En «Inhibición, síntoma y angustia» recalcó que la separación de la madre era una de las principales fuentes de ansiedad; al sentirse alejado y no ver a su madre, el niño la echaba mucho de menos debido a su desvalimiento. En su minuciosa descripción del juego del carretel en «Más allá del principio de placer», Freud captó que su nieto trataba de procesar una y otra vez la dolorosa partida de la madre con arrojar el carretel lejos de él y, luego, recuperarlo. La observación de niños más pequeños tanto en la terapia como en guardarías condujo a analistas tales como K. Abraham, M. Klein, W. Fairbairn y M. Mahler a subrayar cada vez más el impacto de las tempranas experiencias de separación -y su procesamiento- sobre la forma en cómo se va desarrollando y estructurando la mente. J. Bowlby, a partir de su planteamiento de la existencia de un apego instintivo, ha propuesto que las interacciones con la madre (o quien se ocupa del bebé) son determinantes para el tipo de seguridad que una persona puede luego llegar a sentir en sus relaciones con los demás. Para comprender cómo las experiencias y los efectos de la separación algunos analistas enfatizaron el papel del conflicto interno (es decir, las reacciones del sujeto en función de sus características y/o dificultades personales), cuando otros privilegiaron el papel del déficit o de una falla en la atención materna.

Las separaciones no sólo afectan la estructura que adquiere la mente (cómo piensa y qué siente una persona, por ejemplo) sino también determinan cómo uno se relaciona con los demás. Muchos psicoanalistas, entre otros J. Bleger, W. Bion, O. Kernberg, J. McDougall, y D. Meltzer, se han enfocado en describir las formas de relaciones objetales que se establecen para manejar y/o eludir las ansiedades de separación.