La supervisión clínica, pilar de la práctica psicoanalítica

Por: Dr. Gabriel Espíndola

La supervisión es uno de los pilares sobre los cuales se sostiene el trabajo de cualquier terapeuta. La complejidad de la mente y las emociones humanas hacen indispensable la opinión de un tercero sobre aquello que sucede en la intimidad de la sesión. El trabajo que realiza un supervisor se sostiene sobre la base de su propia experiencia clínica, conocimientos y sensibilidad. Un supervisor construye una perspectiva propia de la sesión que el supervisando comparte. Asimismo trata de construir interpretaciones como si estuviera en el lugar de aquel que se encuentra con el paciente, siempre con la modestia y bajo el entendido de que sólo es una opinión de alguien que no se encuentra en la sesión y que sólo el terapeuta es capaz de conocer con detalle el clima emocional que establece con su paciente.

El psicoanálisis es un método complejo cuya base empírica es la sesión psicoanalítica. La belleza de este método radica, entre otras cosas, en esa delicada combinación de cientificidad y arte. Se trata de un quehacer que requiere de una vigorosa formación dentro de sus teorías y al mismo tiempo depende en mucho de su transmisión oral. La supervisión es esa transmisión oral que permite comprender un poco más del método, en el tratamiento específico de un paciente, dentro de una relación transferencial y en un momento específico de la misma. Por otro lado, es ese método lleno de belleza mediante el cual dos personas, cada una en su papel, trabajan en conjunto para aterrizar todo conocimiento teórico en una comprensión clínica en beneficio del paciente.

Hoy en día sabemos que no existen las interpretaciones “verdaderas” sobre un material, no hay una “buena” interpretación, sin embargo hay intervenciones más o menos pertinentes. La supervisión es un trabajo que desarrollan dos personas y que tiene el objetivo de ampliar las perspectivas del terapeuta sobre aquello que ocurre en la intimidad de la sesión, bajo el marco del vínculo transferencia-contratransferencia.

Es fundamental comprender que no se puede progresar como terapeuta sin supervisión. El psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica requieren de quien la practica conocimientos teóricos que le permitan tener una base de pensamiento y un método sobre el cual trabajar. Por otro lado, le demandan un análisis personal que le permita conocer en detalle su mundo interno, sus estados mentales y, como última pieza del rompecabezas, le exigen supervisión. Sólo bajo estos tres pilares se puede construir un terapeuta.

El trabajo de supervisión en Eleia se sustenta sobre la base del profundo respeto al quehacer de cada terapeuta. Consideramos toda perspectiva como una aproximación, una opinión acerca de la manera en que el supervisor trabajaría estando en el lugar del terapeuta. Los supervisores cuentan con diversas perspectivas psicoanalíticas, lejos de un pensamiento dogmático. Esto enriquece la diversidad de puntos de vista y otorga al supervisando la posibilidad de tener múltiples impresiones sobre un mismo material, siempre en un clima de sinceridad y trabajo.

Si bien para todo terapeuta es complicado exponer su trabajo, los beneficios que la supervisión otorga en tanto vínculo creativo le permiten sentirse con muchas más herramientas para hacer frente a su trabajo cotidiano. La intención de la supervisión en Eleia es generar un diálogo entre colegas en beneficio del paciente y del analista.