Psicosis simbiótica: un trastorno de la identidad. Primera parte

Por Laura Irene González

Introducción

Para comprender la psicosis simbiótica (y, de hecho, la psicosis en general), es importante entender las fases normales del desarrollo infantil, lo cual permite detectar qué es lo que está fallando en el infante prepsicótico destinado a padecer esta patología. Por eso, para revisar este fenómeno, retomaré las primeras fases del modelo de desarrollo emocional del niño detalladas por Margaret Mahler, médico, pediatra y psicoanalista de origen austriaco, radicada en Nueva York, que basó sus teorías en la observación dentro de instituciones clínicas.

Cabe aclarar que este modelo tuvo su auge en Estados Unidos en las décadas de los sesenta y setenta, pero actualmente ha caído en desuso. A pesar de que no tuvo mucho eco en otros países, más que un tanto en México y Argentina, lo retomamos aquí porque aporta elementos importantes tanto para la teoría como para la clínica, de ahí que se siga enseñando en el Centro Eleia. Puede encontrarse una descripción detallada de este modelo, así como la respectiva discusión sobre los puntos controversiales, en los capítulos sobre Mahler del libro El psicoanálisis después de Freud (Bleichmar y Leiberman, 1989).

 

Primeras fases del desarrollo emocional

Los bebés humanos nacen en una etapa de desarrollo físico menos madura que el resto de los mamíferos. Esto, aunado a un instinto de autoconservación atrofiado o poco eficiente, provoca que en los primeros años de vida seamos completamente dependientes de la protección y el cuidado maternos. En cuanto al desarrollo psicológico, al nacer hay un yo rudimentario que no es capaz de retener estímulos, y esa “fase indiferenciada del desarrollo de la personalidad persiste por un periodo comparativamente largo de la existencia extrauterina” (Mahler, 1972[1968], p. 54).

A semejanza de la vida intrauterina, el recién nacido pasa más tiempo en estados somnolientos que en estados de alerta; sólo despierta cuando lo hace llorar algún tipo de tensión (hambre u otras necesidades) y vuelve a la somnolencia una vez aliviada esa tensión. En estas primeras semanas de vida, el bebé atraviesa por lo que Mahler denomina “autismo normal”, un estado de alucinación primitiva en el que la satisfacción de sus deseos parece autosuficiente, es decir que pertenece a su propia esfera omnipotente. Veamos en qué consiste ese estado.

En esta fase (equivalente al narcisismo primario absoluto de Freud), el infante no tiene conciencia del agente materno. Aún no distingue entre sus propios intentos por reducir la tensión (orinar, defecar, regurgitar, vomitar, toser, estornudar) y el alivio que le proporciona la madre al satisfacer su necesidad alimentándolo. Para el lactante, en sus primeros dos meses de vida, el pecho materno forma parte de su ser, de ahí la ilusión de autosuficiencia, que es reminiscencia de la vida intrauterina.

Este “caparazón autista”, que le había permitido aislarse de los estímulos externos, se debilita a finales del primer mes cuando la percepción del bebé, de estar centrada únicamente en los estímulos que provienen de sus órganos y de las sensaciones internas de su cuerpo, pasa a experimentar los estímulos que percibe y registra mediante los sentidos del gusto, el tacto, el olfato, la audición y la vista.

Así es como pasará de la ilusión de omnipotencia autista, en la que está casi completamente ensimismado, a la integración de la madre en una unidad dual (fase simbiótica), en la que ella fungirá como un yo auxiliar que lo protege de los estímulos externos, ayudándolo a procesar y contener sus emociones tempranas. Cabe mencionar que el objetivo de este primer estadio es la “consolidación postnatal del desarrollo fisiológico extrauterino”, así como conseguir la homeostasis o equilibrio entre necesidad y satisfacción (Mahler, Pine y Bergman, 1977[1975], p. 59).

Entre el segundo y el tercer mes de vida comienza la fase de “simbiosis normal” antes mencionada, que coincide con el narcisismo primario de Freud en la fase simbiótica inicial. Aquí el lactante funciona como si él y su madre formaran una unidad dual omnipotente, cubierta por una barrera imaginaria que Margaret Mahler (1969[1958]) denominó “membrana simbiótica” (p. 202). En este periodo, empieza a percibir parcialmente que la satisfacción de sus necesidades proviene de un agente materno, pero que para él forma parte de un sistema en el que ilusoriamente la madre y él son una sola entidad.

En la cúspide de esta fase, entre los cuatro y cinco meses de vida, el rostro del bebé se vuelve más expresivo y responde de manera específica a su madre en una forma diferente a como lo hace con el resto de las personas. He ahí una muestra de la importancia de la fase simbiótica normal, pues es la que marca la capacidad biológica evolutiva del ser humano “para investir a la madre dentro de una vaga unidad dual, que constituye la tierra primordial a partir de la cual se forman todas las relaciones humanas siguientes” (Mahler, Pine y Bergman, 1977[1975], p. 59).

A ésta le sigue la fase de separación-individuación, en la que empieza a distinguir entre lo interno y lo externo y comienza a configurarse el yo corporal. Esta fase constituye lo que los investigadores denominan “el nacimiento psicológico del individuo”, etapa que “se caracteriza por un continuo aumento de la conciencia de separación del ‘sí-mismo’ y del ‘otro’, que coincide con los orígenes del sentimiento de sí-mismo, de la verdadera relación de objeto, y de la conciencia de una realidad existente en el mundo exterior” (idem). En otras palabras, es cuando comienza a percibir el mundo de lo otro que no es su madre.

 

Para conocer qué sucede en estas fases en los casos de psicosis simbiótica, espera la siguiente entrega de Psicosis simbiótica: un trastorno de la identidad. Segunda parte.

 

Referencias (de la primera parte)

Bleichmar, N., y Leiberman, C. (1989). El psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. México: Paidós, 2017.

Mahler, M. S. (1958). Autism and Symbiosis, Two Extreme Disturbances of Identity. Int. J. Psycho-Anal., 39: 77-82. [(1969). Autismo y simbiosis: dos trastornos extremos de la identidad. Revista de Psicoanálisis, 26(1):201-216.]

───── (1968). On Human Symbiosis and the Vicissitudes of Individuation, 1, Infantile Psychosis. Nueva York: International Universities Press. [(1972). Simbiosis humana: las vicisitudes de la individuación, 1: Psicosis infantil. México: Joaquín Mortiz, 1984.]

Mahler, M. S.; Pine, F., y Bergman, A. (1975). The Psychological Birth of the Human Infant: Symbiosis and Individuation. Londres: Karnac. [(1977). El nacimiento psicológico del infante humano: simbiosis e individuación. México: Enlace, 2002.]