¿Por qué se estudia arte en la Licenciatura en Psicología en Centro Eleia?

Por Erika Jañez Sánchez

Es común escuchar a las personas decir que el arte es aburrido, viejo y solo está colgado en los museos. En la Licenciatura en Psicología, la materia de arte tiene el objetivo de rebatir tal punto de vista y promover su valoración como vehículo de la expresión de emociones e ideas y, por ende, como algo que no tiene fecha de caducidad. Lo cierto es que tanto la psicología como el arte enfocan su actividad en varios aspectos de la mente como los sueños, las fantasías, el juego y los contenidos inconscientes. Estas clases buscan enseñar el arte como una actividad importante para todas las personas, la cual no se limita a los artistas, sino que da cabida a cualquiera que desee comunicar alguna emoción.

A lo largo de los semestres, en las clases de arte se realiza un recorrido desde la antigüedad hasta el mundo contemporáneo con la finalidad de que los estudiantes descubran en la experiencia estética algo placentero y que comprendan la verdadera cercanía entre la psicología y el arte. Para ello, los alumnos conocerán y experimentarán el mundo artístico no solo en clases teóricas, sino también a través de visitas (en estos semestres, virtuales) a museos o incluso compartiendo con el grupo las propias habilidades artísticas. 

Además, en la obra artística se condensan, por un lado, las emociones del artista y, por otro, el carácter de la época a la que pertenece, lo cual abre la puerta para estudiar sus aspectos internos así como los factores externos que nos revelan la historia de la humanidad.

A la par del estudio de las emociones, en las clases de arte se profundiza en el estudio de técnicas y aspectos concretos de las obras para reconocer, por ejemplo, la diferencia entre una acuarela y un óleo o entender las técnicas antiguas de la pintura al fresco, de tal suerte que se comprenda cómo se mezclan objetos concretos con emociones, colores con fantasías, materiales con recuerdos, y se acceda tanto al mundo interno del artista como a su mundo externo. Ambas dimensiones nos permiten entender que el arte es simbólico y que su función principal es la comunicación.

Un ejemplo de esta mezcla de lo interno con lo externo son las pinturas rupestres. Generalmente se piensa que eran realizadas por humanos muy primitivos que solo realizaban trazos al azar. Pero lo cierto es que las pinturas rupestres hablan de individuos intelectualmente avanzados, capaces de mostrar su relación con el entorno y de representarse simbólicamente a sí mismos.

Cueva de las Manos (circa 9,000 a. C.). Provincia de Santa Cruz, Argentina.

Tal vez las manos que vemos en la foto superior sean el equivalente paleolítico del selfie de Instagram: un rotundo “yo estuve aquí”. Ejemplos como el de la Cueva de las Manos sirven para examinar cómo los seres humanos comunican aspectos mentales internos por medio de imágenes. De modo que, a partir de experiencias personales o subjetivas, el arte se convierte en una voz universal que permite transmitir experiencias y pensamientos aun con siglos de distancia. Pensar sobre temas como la verdad, la belleza y el color ejercita la subjetividad y el goce y permite reflexionar sobre el tiempo o la soledad.

Para el artista, puede que el crear represente mucho dolor o que lo utilice para procesar alguna experiencia traumática, o puede que busque compartir una alegría o el descubrimiento de alguna verdad trascendental. Como quiera que sea, entablar una conversación con el arte es conectarnos con otras intenciones y sufrimientos, dejarnos impactar por el mundo de la obra, compartir con ella nuestras propias experiencias y, en último término, sentir.

Estudiar el arte solo puede resultar en una experiencia enriquecedora para cualquier estudiante de psicología, pues al compartir emociones con el artista desarrolla su sensibilidad y empatía, lo que le permitirá comprender mejor las intenciones de sus pacientes. Sin duda, esta habilidad es crucial para cualquier buen psicólogo.