Deseo por la madre, rivalidad con el padre o el complejo de Edipo, una vieja historia en un mundo nuevo

Por Muriel Wolowelski

 

La valentía que tuvo Freud para identificar sus emociones más profundas lo condujeron a desarrollar una de las más grandes ideas dentro de la teoría psicoanalítica: el complejo de Edipo. Sin embargo, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de este complejo? De manera general, la gente puede decir que se conforma por los sentimientos pasionales del hijo por la madre o de la hija por el padre, aunque no siempre se comprenden la magnitud y alcances que posee, así como su trascendencia.

Lo que se pone de manifiesto en cuanto asoma la idea de Edipo es la relevancia de las relaciones entre padre e hijos pero, sobre todo, de las fantasías que se construyen en esos vínculos. De este complejo se derivan la comprensión del funcionamiento de la mente humana, los sentimientos de curiosidad y celos, las emociones de envidia, ansiedades, exclusión, rivalidad, comparación, entre otros. También se conforman la propia identidad y la actitud social de la vida adulta. La lista de complicaciones es interminable, sin embargo, no todo es oscuro en torno al complejo de Edipo, porque los más profundos sentimientos de amor y admiración, de gratitud, reconocimiento, creatividad y el mundo de los sueños también provienen de esta conflictiva humana.

La descripción de la problemática edípica es universal, pero la vivencia es subjetiva porque depende de la fantasía individual, es decir, de lo que cada quien entiende y cimenta en su interior. Si bien hay diferencias en la forma en que los varones y las niñas atraviesan el complejo de Edipo, puede decirse que esas huellas se reactualizan en la pubertad, delimitan la elección sexual e imprimen un estilo personal de vincularse con los demás.

La elección de la pareja deriva del vínculo materno y el lugar que ocupa el padre, esa es la forma en la que se arma, maneja y resuelve la conflictiva edípica dentro de la mente. También influyen otros mecanismos inconscientes como las identificaciones (con cada uno de los padres), el tipo de relación que hay entre ellas, pero sobre todo, la fantasía que fabricamos dependiendo de emociones individuales y el juego de los mecanismos defensivos.

Por ejemplo, si una niña pequeña tiene la experiencia de unos padres amorosos, puede quedar identificada con este grato modelo de relación, sin embargo, pueden invadirla sentimientos de celos y comparación que la conduzcan a desear a la madre y ser su único objeto de amor. Para ello, destruye al padre y su genital en su imaginación, lo deja incapacitado para hacerle bebés a la madre, entonces ella se siente exclusiva y poderosa. Tendrá que lidiar con los sentimientos de culpa, las ansiedades persecutorias que le hagan temer una venganza del padre, producto de estos ataques. Si no logra reparar la destrucción que ha ejercido, puede derivar en infinidad de complicaciones: una mujer erotizada con otras mujeres (como la madre) que rivaliza y odia a los hombres; desarrollar una inhibición o frigidez sexual que le impida vivir en un mundo de intercambio sexual amoroso con un hombre, la maternidad puede quedar truncada, etcétera. Afortunadamente, no es la única salida, porque la posibilidad de arreglo puede alcanzarse por medio del tratamiento analítico y el desarrollo de mayor aceptación al vínculo entre los padres, tolerancia a la frustración de no participar en todo, aceptación de la diferencia sexual y de la realidad y la fantasía, una mejor percepción del mundo y menores distorsiones en el pensamiento.

No son solamente los aspectos externos de la relación los que influyen en lo que se armará en un futuro, ni las relaciones sociales, la cultura y las pautas familiares, sino la conjunción de todos estos elementos de la vida cotidiana que pasan, indefectiblemente, por el filtro personal de la vivencia que tiene cada persona.

Cabe destacar que se trata de mecanismos de funcionamiento inconscientes y no de géneros: Masculino-Femenino no necesariamente coincide con Varón-Mujer. En este sentido, no es relevante si se refiere a parejas hombre-mujer, mujer-mujer, hombre-hombre. Se trata de la posición en el vínculo y y de la fantasía inconsciente, no de la anatomía. El hijo de una pareja homosexual no necesariamente eligirá un partenaire de su mismo sexo, anatómicamente hablando, del mismo modo que el hijo de una pareja heterosexual puede identificarse con el progenitor del mismo sexo y elegir como partenaire a alguien con su misma conformación sexual.

Las elecciones de las parejas en la actualidad repiten patrones antiguos, lo que cambia es la comprensión que hacemos de ellos. La oportunidad de pensar de forma abierta sobre la infinita capacidad para imaginar que tenemos los seres humanos nos alimenta y enriquece ampliando nuestra comprensión, y es precisamente eso lo que pretendemos hacer en el Diplomado: Femenino y masculino: actualizaciones psicoanalíticas, género, familia y trabajo.