Sueños y pesadillas en los niños: desafíos y recursos para su interpretación

Por Mariana Castillo López

Freud introdujo el valor de los sueños para el acceso al funcionamiento inconsciente y destacó el lugar central de las producciones oníricas para el método psicoanalítico. Pudo adentrarse a través del trabajo asociativo de sus pacientes al fascinante mundo del soñante y  se centró principalmente en sueños de adultos neuróticos a partir de los cuales se podía rastrear cumplimientos sustitutivos de deseos inconscientes imposibles en la vida de vigilia.

En congruencia con ello, el trabajo técnico consistió en develar los significados inconscientes desfigurados en el sueño. Encontramos en los historiales clínicos del pequeño Hans y del Hombre de los lobos interés por explorar la formación y los sueños en niños. En el caso de Hans, es el padre del pequeño paciente quien, motivado por el interés de Freud en contar con testimonios fieles de la expresión de la sexualidad infantil, observó con inigualable pasión la vida psíquica de Hans. A edad de 4 años 9 meses despierta angustiado y en medio de la noche le dice a su madre que ha pensado algo: “cuando dormía he pensado que tú estabas lejos y yo no tengo ninguna mami para hacer cumplidos” (Freud, S., 1909, p. 22). Este sueño fue el preludio de la fobia a los caballos que se instaló en el pequeño paciente, un sueño de angustia que expresa al mismo tiempo el deseo edípico de hacerse mimos con la madre y la prohibición de sus intenciones, conflicto que posteriormente se observará en histeria de angustia.  

En el caso del “Hombre de los lobos”, el historial se construye a partir de un sueño infantil que esconde en su escenario la causa de la neurosis infantil del paciente y sus remanentes en la edad adulta.

Recordemos que el pensamiento psicoanalítico acerca del sueño ha ido ampliándose a partir de las ideas de Freud. Klein introduce la idea del sueño como una producción que muestra la interacción entre diversos personajes que, a manera de una representación teatral, se relacionan entre sí, y enfatizó la riqueza de la vida psíquica desde el nacimiento. A estas ideas se suma una ampliación hacia la “vida onírica” propuesta por Donald Meltzer, a partir de la cual soñar adquiere una función elaborativa y de creación de significados que no es exclusiva de la hora de dormir.

Es un hecho que para quienes trabajan con niños los sueños conservan un lugar privilegiado para el acceso a los conflictos inconscientes de los pacientes debido a su capacidad elaborativa una vez que aparecen en escena. Blinder, Knobel y Siquier (2004) mencionan en su capítulo sobre interpretación de los sueños que una de las características a considerar en los pequeños soñantes radica en la dificultad para distinguir entre el sueño, la fantasía y la realidad; esta capacidad aparece como una función compleja que lleva tiempo. Piensan que es importante reconocer que, si el niño cuenta sueños en el análisis, denota un acto de confianza hacia el analista a quien muchas veces coloca en la transferencia el lugar de quien puede ayudarle a enfrentar sus temores.

Piaget, interesado en los procesos cognitivos ligados al sueño, menciona que al inicio los niños piensan que los sueños vienen de afuera y que solo los niños mayores puedes ubicar a los sueños como producciones internas. Estas ideas interesantes desde la perspectiva psicoanalítica se podrían pensar a partir de la interrelación entre el mundo interno y la forma en que percibimos lo que ocurre en el mundo externo, apoyados en la descripción de mecanismos tempranos como la identificación proyectiva en Klein. Es decir, que el niño proyecta en los personajes de sus sueños sus propios deseos: su hostilidad, su voracidad, el amor y el odio. Es por ello que, en el caso de las pesadillas o terrores nocturnos, muchos niños no logran calmarse al despertar y el temor a los perseguidores del sueño a veces se manifiesta también en conductas evitativas. Observemos una pequeña viñeta clínica para ejemplificar estas ideas:

Diana de 7 es llevada a análisis porque hace aproximadamente tres meses ha estado comiendo en exceso y se enoja mucho si los padres la restringen en la comida; han notado que también se ha puesto más aniñada: a veces habla como bebé y no puede hacer sola labores que antes realizaba con facilidad. Al provenir de una familia religiosa, Diana reza todas las noches para que Dios desaparezca a todos los tiburones del mundo. Se despierta con frecuencia, prende la luz y tiene una pesadilla recurrente en la que se cae de una lancha en medio de un lago.

A partir del sueño podrían pensarse varias ideas: por un lado, la voracidad como síntoma reportado por los padres, que se expresa en los tiburones sobre los cuales ha proyectado su propio deseo morder y devorar. También podemos pensar en el proceso de crecimiento de dejar de ser una bebé dependiente para pasar a ser una niña, su resistencia a ello y el dolor mostrado en la sensación de ser expulsada de la madre-lancha en medio del lago.  Estas y otras ideas acerca del contenido pueden ser correctas y apegadas al material del paciente. Entonces nos enfrentamos a la dificultad de cómo pueden ser transmitidas al paciente en la sesión analítica por medio de la herramienta interpretativa.

  1. Doltó utilizó con sus pacientes los recursos del dibujo y del juego a manera de asociaciones alrededor del material onírico, que muchas veces con niños es difuso y encuentra mayores dificultades que en el adulto para comunicarlo a manera de un relato. Si un niño contaba un sueño, ella le pedía que dibujara a alguno de los personajes o representaba a manera de juego el libreto del sueño, incluyendo las interpretaciones en la actividad lúdica. Sumado al contenido, es importante incluir en la interpretación los elementos de la transferencia:

En una sesión Diana acude al consultorio con un helado con muchas chispitas de colores. Al entrar se sienta en el diván y le dice a la analista que la tendrá que esperar hasta que se acabe su postre porque no ha comido nada desde el lunch. Mientras se lo come hace ruidos y chupetea la cuchara. La analista le interpreta que, mientras ella está con su helado, tal vez busque hacerla sentir antojadiza y hambrienta, como alguien que observa cómo los demás reciben cosas ricas, como cuando se observa a un bebé comiendo de mamá. Diana la mira y le dice que, si lo que quiere es probar el helado, pierde su tiempo porque no le compartirá ni un poquito; es solo para ella y para nadie más.

En este fragmento de sesión vemos cómo el conflicto expresado en el sueño se pone en escena, en este caso, en una actuación de la paciente, donde la voracidad muestra que todo es para ella y experimenta la glotonería y el placer de colocar en la analista sus emociones al tener que ser ella quien espera. La interpretación puede enunciarse de manera descriptiva o usando el juego como vía explicativa; es decir, que los personajes del juego pueden hablar en sus diálogos de los conflictos inconscientes predominantes. Se concluye, pues, que los sueños en el análisis de niños conservan el lugar privilegiado de análisis con adolescentes o adultos, además de que la interpretación puede también servirse de otros recursos como el dibujo y el juego.

 

Blinder, C., Knobel, J. y Siquier, M. (2004). Clínica psicoanalítica con niños. Madrid: Síntesis.

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. En: Obras Completas (vols. 4-5). Buenos Aires: Amorrortu

————. (1909). Análisis de la fobia de un niño de cinco años. En: Obras Completas (vol. 10). Buenos Aires: Amorrortu

————. (1918) De la historia de una neurosis infantil. En: Obras Completas (vol. 10). Buenos Aires: Amorrortu