Sobre la transferencia preformada, o ¿acaso es usted un maestro, cura o médico familiar?

Por Nadezda Berjón M.

Una de las herramientas del psicoanalista para comprender la mente del paciente es la transferencia. Esta fue descubierta por Freud con su joven analizanda Dora, quien repetía un conflicto inconsciente con su padre, de quien estaba enamorada, pero a través de la figura del analista. Freud definió la transferencia como sigue:

 

“¿Qué son las transferencias? Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse conscientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico” (1905).

Así, en cada encuentro en el consultorio, el psiquismo no solo se devela mediante sueños, relatos y lo preverbal, sino también en el vínculo fantaseado que surge entre ambas partes. Captar y descifrar tales guiones es una tarea estimulante, pero no por ello fácil. El paciente despliega deseos infantiles que exigen ser satisfechos por el analista, aunque mediante un discurso inconsciente, no explícito. El volcar o proyectar los conflictos inconscientes en la situación analítica permite su elaboración y, por lo tanto, la mejora del sujeto.

Donald Meltzer (1968), inspirado en el trabajo con infantes y niños, observa que, en los inicios y previo a la transferencia de conflictos, puede presentarse una transferencia preformada, que es la idea que tiene el paciente antes de iniciar el tratamiento. Muestra prejuicios, ansiedades, expectativas e implica confusiones; por ejemplo, no saber qué es un analista ni cuál es su función. Dicha transferencia representa preconcepciones sobre lo que es una terapia a partir de literatura, cine o relatos de conocidos. Suele ser romántica o institucional, pero poco a poco se borra a partir del trabajo analítico, pues “la primera tarea a desarrollar es clarificar este desconcierto transferencial” (Ortiz, 70).

El autor menciona que poco a poco desaparece cuando se interpretan los primeros sueños, así como con la primera interpretación profunda, que mueve y sorprende. Pensando en la clínica infantil, Meltzer (1968, p. 36) señala que “estas primeras interpretaciones deben ser suaves y ampliadas por explicaciones que señalen cómo difiere el análisis de otras situaciones corrientes en la casa o el colegio”.

            Asimismo, el paso de la transferencia preformada a la transferencia de lo inconsciente infantil aparece ante el impacto de las primeras interrupciones de fin de semana. Entonces, surge la necesidad del objeto y de ser satisfecho por este, desplegando los conflictos de la configuración de vida familiar.

Lo mismo ocurre con las experiencias de alivio, ya que la experiencia de ser escuchado y comprendido no ocurre de igual modo fuera del análisis. Por esta razón, no se debe esperar que el paciente entienda, sepa de qué se trata, traiga sueños, entienda lo que es la mente, acepte hablar con franqueza, etc.

En esta etapa se gesta la construcción del paciente analítico y también un analista como objeto, así como el consultorio y todo lo que se refiere a este. De acuerdo con Ortiz, “el analista, antes de aportar una interpretación transferencial, (…) le explica que el análisis es una especie de laboratorio donde se ve en pequeño como funcionamiento general” (p. 71).

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Referencias

Freud, S. (1905). Análisis fragmentario de una histeria. En Historiales clínicos. Traducción de López-Ballesteros y de Torres. México: Secretaría de Cultura, 2016,Disponible en https://mexicana.cultura.gob.mx/

Meltzer, D. (1968). El proceso psicoanalítico. Buenos Aires: Hormé, 1968.

Ortiz, E. (2011). La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica. Ciudad de México: Paidós.