El adolescente y sus padres

Por Sara Fasja

La parentalidad despliega funciones que se van transformando a lo largo de la vida. Con el transcurso de los días, meses y años, los hijos van cambiando y pasando por distintas etapas. Cada etapa presenta, tanto en el hijo como en los padres, particularidades que van modulando el vínculo.

En el caso de la adolescencia, es un momento de crisis. Implica una serie de cambios biológicos, psíquicos y sociales. Mientras el adolescente tramita esta etapa, los padres, quienes son sus acompañantes a lo largo del ciclo vital, también experimentan estos cambios desde su rol. Los padres se enfrentan con grandes sentimientos de exclusión, desvalorización, devaluación y pérdida del control, característicos de este nuevo vínculo. Se llegan a sentir desplazados de la vida de sus hijos e inconsistentes en su función. Pueden sentir que sus hijos se les van de las manos, no los reconocen, no los escuchan y los confrontan, lo que les genera frustración, enojo, confusión y tristeza. Por ende, les es difícil ver que sus hijos también los quieren, valoran y necesitan más que en cualquier otra etapa.

Para Meltzer, los adolescentes enfrentan una oscilación entre volver a ser niño en la familia, ser uno entre los otros adolescentes, ser un miembro del mundo adulto o estar aislado. Todo lo anterior produce grandes confusiones asociadas con la identidad misma. En esta etapa dejan de ser los niños que idealizan a los padres, quienes eran vistos como superhéroes, para pasar a confrontarlos, devaluarlos y distanciarse de ellos. Esto les permite entrar en un proceso de diferenciación para conformarse como sujetos independientes.

A pesar de que en esta etapa los padres sientan que el hijo lo que más desea es apartarlos, es importante mantener la presencia como padres, dando la contención y libertad necesarias al establecer límites consistentes. Están distanciándose, pero no perdiéndolos. El rol de los padres debe ser acompañar al hijo en la construcción de su identidad.

Arminda Aberastury planteó la adolescencia como la necesidad de la elaboración de tres duelos básicos: el duelo por la pérdida del cuerpo infantil, el duelo por la pérdida de la identidad y el rol infantiles y el duelo por la pérdida de los padres de la infancia. Ana Barrios Musto propone plantear estos duelos en relación con la vivencia de los padres.

El duelo de los padres ante la pérdida del cuerpo infantil de sus hijos implica que, mientras su hijo va transformando su cuerpo, lo padres se enfrentan a los cambios del envejecimiento, perdiendo la juventud y vitalidad que comienza a tomar lugar en su hijo con el pasaje a la adolescencia. Esto despierta emociones agudas en los padres, donde un signo de salud sería poder disfrutar y compartir junto con sus hijos adolescentes su crecimiento y belleza.

El duelo por los hijos que dejaron de ser niños despierta dolor. Ya no son esos niños que los veían como superpoderosos y a los que de alguna manera podían controlar. Ahora se han transformado en jóvenes rebeldes que exigen, se sienten autosuficientes y están fuera de control.

En el duelo por la pérdida del rol de los padres de un niño, los padres pronto aprenden que las herramientas que utilizaban antes ya no les sirven más; el adolescente ya no los deja acercarse de la misma manera. Los desvaloriza y descalifica, cuestionando constantemente sus opiniones y actos y devaluándolos al buscar otras formas de hacer las cosas que catalogan como mejor. Esto se ha intensificado en la actualidad con el acceso al mundo virtual, donde los jóvenes sienten que tienen una ventana de información valiosa que los padres no entienden. Aquí muchos padres se sienten perdidos y no saben cómo acercarse. Pasan de ser muy autoritarios a ser demasiado permisivos y se sienten rebasados.

Como padres, es importante elaborar los duelos característicos de esta etapa y mantener el vínculo con los hijos para brindarles contención, seguridad, límites y afecto. Todo lo anterior representa un gran reto, sobre todo en la actualidad, donde los modelos de familia han cambiado. Actualmente existe gran diversidad de expresiones de género, orientaciones sexuales y modelos de familia que anteriormente no se veían.  Estos cambios complejizan el proceso de reordenamiento identificatorio.

A lo anterior se suma que la parentalidad se encuentra influenciada por la individualidad de cada uno, sus propias experiencias vividas con anterioridad y el desempeño de su función depende de este engranaje, lo que genera un bagaje de experiencias y conflictos que despiertan interés y nos hacen cuestionar sobre cuáles son aquellos aspectos esenciales que harán a unos padres suficientemente buenos.

Bibliografía

Barrios Musto, A. (2009). Trabajo con padres en psicoterapia de adolescentes en el momento actual. Revista de Psicoterapia Psicoanalítica 7(3): 57–76. https://pesquisa.bvsalud.org/bivipsil/resource/es/psa-10931

Aberastury, A. & Knobel, M. (1988). La adolescencia normal. Buenos Aires: Paidós.

Meltzer, D. & Harris, M. (1998). Adolescentes. Buenos Aires: Spatia.