Sigmund Freud. Vida y obra

Artículo del Taller Sigmund Freud. Vida y Obra.

Por Dr. Jorge Salazar

La obra de Sigmund Freud (1856-1939) es trascendente en más de un sentido. Primeramente, porque es posible afirmar que la teoría psicoanalítica constituye la perspectiva más innovadora, comprensiva y compleja sobre la vida mental, tanto en sus aspectos normales como en sus manifestaciones psicopatológicas. Lo anterior ha sido así desde que el psicoanálisis emergió, como una nueva luz, junto con el amanecer del siglo xx y lo sigue siendo en la actualidad. En efecto, ninguna otra teoría precedente o contemporánea tiene el nivel de sistematización, coherencia y audacia que el psicoanálisis ofrece para la descripción y comprensión de la vida anímica. Esta obra, original y de gran envergadura, fue creada por un solo hombre con una capacidad intelectual y una intuición extraordinarias. Durante toda su vida adulta, el genio de Freud se interesó por desvelar los misterios de la mente y construir una explicación verosímil, cabal, para su estructura y funcionamiento. Todas sus experiencias vitales así como otras influencias intelectuales y culturales confluyeron en su mente para realizar ese genial descubrimiento.

Sabemos que este autor no descubrió el inconsciente pero sí su significación. Integrando a sus nuevos estudios e investigaciones un conocimiento erudito, Freud fue el primero en proporcionar a la psique un sentido vinculado con las experiencias emocionales del sujeto, sobre todo en su etapa infantil, y estableció la importancia que aquéllas tienen en el desarrollo de la personalidad, la formación del carácter y la patología. Quizás el rasgo más sobresaliente de la intuición freudiana fue el atribuir un significado susceptible a descifrar, oculto en las manifestaciones ordinarias de la vida psíquica como los sueños, los lapsus, los olvidos o las confusiones de recuerdos, los chistes y los síntomas neuróticos. Tales expresiones psíquicas, antes de Freud, carecían de significado o tenían un sentido baladí pero él las interpreta desde su significación inconsciente, con lo que se enriquece la comprensión de la vida interior de las personas y se esclarecen los nexos entre sus deseos, motivaciones y conflictos.

Aunados a la noción freudiana del inconsciente y la interpretación de los sueños, los conceptos de pulsión, sexualidad infantil, complejo de Edipo y de castración, la represión, los complejos modelos de organización y funcionamiento dinámicos del aparato psíquico, constituyen los fundamentos del edificio teórico psicoanalítico. En conjunto, la conceptualización freudiana de los procesos psíquicos le confiere al psicoanálisis consistencia, riqueza y un carácter sugestivo sin parangón en su campo. Por añadidura, estas originales ideas no sólo fueron argumentadas, revisadas y discutidas por Freud a través de su vasta obra escrita, sino que también las dio a conocer en una prosa bella y elegante que le mereció en vida un reconocimiento aparte.

En otro sentido, la obra de Freud, el psicoanálisis, es también trascendente porque su teoría se acompaña de la práctica –de la que aquélla es derivada– con una aplicación desde su inicio orientada a la cura de las patologías neuróticas y del carácter. Algunos años después, el método psicoanalítico se ensaya con otras afecciones mentales recabando así nuevas experiencias que contribuyen a la expansión de su cuerpo teórico. De hecho, durante la primera mitad del siglo xx, el psicoanálisis es la única terapéutica alternativa razonablemente útil en el manejo de diversos trastornos psiquiátricos, debido a la ineficacia y crudeza de los procedimientos usuales de la psiquiatría en aquellos días. No fue sino hasta la segunda mitad del siglo, décadas más tarde, cuando emergió la psicofarmacología moderna y esta, junto con el auge de las neurociencias y el surgimiento de otras modalidades psicoterapéuticas, acompañan al psicoanálisis en su vocación terapéutica.

Con todo, la práctica psicoanalítica conserva un lugar –más acotado que antes– dentro de la amplia gama de opciones terapéuticas actuales y se diferencia de las demás al procurar a la persona un alivio de los efectos del gran malestar de la cultura contemporánea. Pero también promueve en el analizando una profunda reflexión acerca de la forma como vive su vida y sus circunstancias, con el ánimo de procurarle transformaciones sustanciales que impulsen su crecimiento mental, el desarrollo de su imaginación y creatividad, establecer mejores vínculos afectivos, para adquirir un verdadero bienestar emocional. Ninguna otra modalidad psicoterapéutica tiene en su quehacer una intención tan ambiciosa y radical como el psicoanálisis. El descubrimiento freudiano de la transferencia y el concepto de interpretación en psicoanálisis conforman su seña de identidad.

El psicoanálisis se sostiene en un método, una técnica y una ética, inaugurados por Freud, que todavía constituyen el fundamento de su práctica. Considerando aun las modificaciones posteriores que el método ha sufrido, implementadas por sus seguidores y siendo necesarias debido a la expansión de sus límites clínicos, en esencia, el método psicoanalítico es freudiano y en ello radica su singularidad con respecto a las otras técnicas de intervención psicoterapéutica. Más allá, es un método de gran refinamiento que exige un exhaustivo entrenamiento por parte del psicoanalista para su acabado ejercicio.

Finalmente, la obra de Freud trasciende porque el psicoanálisis es un hito histórico que no sólo revolucionó la psicología y la psiquiatría sino que modificó la comprensión de otros ámbitos diversos en los que se expresan la sociedad y la cultura. En efecto, los mitos y las religiones, las artes y las letras, la filosofía y el lenguaje, la historia y las ciencias sociales, fueron afectados por el pensamiento de este autor y, desde entonces, su propia concepción y articulación en el complejo entramado cultural se pueden pensar desde otro lugar. El psicoanálisis ha instaurado un diálogo con estas otras disciplinas convirtiéndose en un incisivo interlocutor.

Sin duda, el descubrimiento del psicoanálisis es resultado de la modernidad, de la venturosa confluencia de ideas liberales y de cierta prosperidad económica y social en la Viena de fin de siglo, que permitió el nacimiento del psicoanálisis junto con el de otros movimientos artísticos y culturales, revolucionarios cada uno en sus respectivos ámbitos. Pero no es menos cierto que, en reciprocidad, el psicoanálisis contribuyó a su vez al robustecimiento de la modernidad al propagar sus ideas a las principales ciudades dominantes en el mundo occidental. La generación del cambio de siglo se acercó a él para encontrar respuestas, despuntando el siglo xx, a la caída de los viejos imperios europeos, a la mayor incertidumbre en las nuevas sociedades más libres y democráticas, así como a la desazón que sobrevino apenas unos cuantos lustros después.

La historia del pensamiento de esta época reconoce a Sigmund Freud como un pensador cuya influencia es decisiva en la cultura. Por todo lo anterior, la obra de este autor merece tener más y mejores lectores, al mismo tiempo que se estudia con dedicación su biografía intelectual.

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