La importancia del control de esfínteres en el desarrollo emocional

Por Magaly Vázquez

Cuando escuchamos el término control de esfínteres de inmediato pensamos en la referencia al momento en que un niño, entre los dos y los tres años, deja permanentemente el pañal, pues ya es capaz de contener las ganas de orinar y defecar, por lo que será capaz de utilizar el baño. Sin embargo, dado que el desarrollo del infante no está constituido únicamente por los logros físicos y biológicos que se van alcanzando, sino también por los psíquicos y emocionales, es de suma importancia comprender lo que implica que un niño atraviese por esta transición en su desarrollo.

Después del nacimiento y los primeros meses de vida, el bebé depende totalmente de la madre para alimentarse, moverse y cambiarse. Ella es quien decide todo lo relacionado a él: lo que come, lo que viste, los juguetes con los que se entretiene, a dónde va, etcétera. Cuando los procesos madurativos evolucionan y el niño paulatinamente comienza a conocer un mundo distinto al dejar el pecho, a dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras, paralela y emocionalmente también se encuentra listo para tomar distancia de la madre, porque está construyendo la capacidad para conservarla dentro de su mente, aunque no se encuentre físicamente, ya no siente que puede morir sin su presencia, como cuando era un bebé. Es un proceso no nada más de separación sino también de individuación, el cual tendrá uno de sus primeros clímax durante el aprendizaje para dejar el pañal.

Diríamos que el niño comienza a tener conocimiento de su propio cuerpo y sus contenidos, descubre nuevas sensaciones placenteras ligadas a la retención y a la expulsión voluntarias de la orina y de las heces. Se da cuenta de que, por primera vez, mamá le pide algo y él puede decidir si se lo da o no, sus acciones tienen repercusiones en las emociones de esta, en los otros y en su entorno en general, lo cual le genera mucha satisfacción. Qué contentas observamos a las madres de estos pequeños cuando estos logran avisar que quieren ir al baño: los llenan de felicitaciones, mimos y reconocimiento. Sin embargo, también llegan a despertar su frustración y enojo cuando no avisan o deciden que lo harán en otro lugar que no es el que ella le había pedido.

Lo que se juega entonces entre ambos es a una lucha por el control. La agresión del niño se hace presente, aparece el “no” y los temidos berrinches. La negativa y el oposicionismo no se limitan únicamente al aprendizaje para ir al baño, sino en todo lo demás. Esto deja la sensación de que el pequeño busca simplemente llevarle la contraria a los padres. Si tradujéramos el mensaje que se quiere expresar a través de estas conductas sería “yo soy diferente a ti, no quiero lo mismo que tú”. El niño es consciente de su propio crecimiento, busca hacerse de un lugar en el mundo, así como de mayor independencia y autonomía.

El papel de los padres es fundamental en este momento de la vida, pues deberán ejercer una función dual. Por un lado, permitirle al niño sentir que es un ser individual con un cuerpo, deseos y emociones propias y, por el otro, limitarlo y contener su agresión al no terminar abatidos por un berrinche, por ejemplo. El infante debe transformar su relación con la realidad, asumir que ya no puede hacer lo que quiere, porque hay un mundo de reglas, normas y jerarquías. Dicho de otra manera, la relevancia de lograr el control total de esfínteres después de un tiempo es que el niño sea capaz de controlarse, auto regularse y entender que hay lugares y momentos para todo. Si esto no sucede de esa manera, es probable que presente dificultades, pues, aunque se encuentre listo biológicamente para dejar el pañal, si emocionalmente no ha construido los recursos necesarios para sostener dicho aprendizaje, es muy probable que lo logre tardíamente o que no lo logre del todo. Asimismo, más adelante, podría desarrollar síntomas o rasgos rígidos de carácter relacionados con los conflictos de esta etapa.

 

Referencias

Esquivel, F., Heredia, M., Lucio y Gómez Maqueo, E. (2010). Psicodiagnóstico clínico del niño. México: Manual Moderno.

Male, P. y Doumic-Girard, A. (2001). Psicoterapia de la primera infancia. Buenos Aires: Amorrortu editores.