El analista en formación (Primera parte)

Por Sara Fasja

El psicoanálisis es el método que se encarga de ampliar el conocimiento que tenemos de nosotros mismos y de la vida que concurre a nuestro alrededor. Es una forma diferente de vivir que creó y nos regaló Freud. Además, es sumamente interesante, aunque extremadamente difícil. El psicoanalista tiene un trabajo arduo que trae consigo un esfuerzo emocional considerable, una profunda responsabilidad hacia los pacientes y un estilo de vida ardoroso, intenso y apasionado, el cual involucra el análisis constante de uno mismo, mucho estudio, supervisión regular y, sobre todo, aguantar el dolor de conocer y reconocer ciertas verdades que pican con el aguijón de la verdad, como lo expresa Bion metafóricamente. Se trata de vivir pensando y comprendiendo, pero también tolerando las frustraciones, así como las limitaciones propias, las de nuestros pacientes y las de las personas que nos rodean.

Elena Ortiz (2019) explica en su obra Donald Meltzer. Vida Onírica cómo este psicoanalista propone que la meta sea ampliar los puntos de observación o vértices de lo que pasa en nuestra mente, en nuestras relaciones y en nuestro mundo. De este modo, el pensamiento se desarrolla y existe la posibilidad de crecer tanto interna como externamente.

Entrar al mundo psicoanalítico es apasionante, retador y también doloroso. Quien ingresa al psicoanálisis siente esas emociones de vez en cuando, ya sea como estudiante, paciente o analista, pero siempre estamos en una constante odisea. Cada clase o sesión, es posible salir con la impresión de haber cruzado una frontera, de haber comprendido algo más, algo nuevo, de la apertura de un nuevo vértice, como lo piensa Meltzer. No obstante, también imperan la dificultad, la incertidumbre, el miedo y, a veces ‑por qué no decirlo‑, la comparación, la angustia y la envidia. Porque pensar en todo lo que uno no sabe lastima, si bien justamente es a partir de lo que uno no sabe, que uno se motiva a seguir.

El crecimiento mental significa asumir verdades, defectos, cualidades, límites, logros y emociones que nos habitan, tanto positivos como negativos. Significa poseer la capacidad de responsabilizarnos de ellos en lugar de pensar que alguien más tendría que hacerlo por nosotros, es dejar de poner las causas de nuestros problemas afuera de nosotros. Asumirnos a nosotros mismos es de lo más lastimoso que existe, pero también es de lo que más alivia y cura en materia de salud emocional. Elena comenta en su libro sobre el trabajo de Meltzer: “los sueños, la creatividad artística o científica son resultado del proceso en el que la mente digiere con verdad la experiencia emocional” (Ortiz, 2019). A su vez, Meltzer comenta que el psicoanalista es un investigador de la mente, sostenido por un corpus científico y simultáneamente es un artista que desarrolla y despliega con intuición formas de contacto e intervención propios (Ortiz, 2019).

Ser psicoanalista es un privilegio, una profesión que hay que valorar; trabajar con un paciente sobre su sí mismo es una de las relaciones de mayor intimidad y profundidad que uno puede sostener, cuyo propósito es construir un vínculo donde el pensamiento tenga lugar. La valentía y el amor por la verdad que el analista despliegue para conocer y descubrir su propia mente serán lo que le dará la posibilidad de explorar la mente del paciente en esa misma medida (Ortiz, 2019).

Además de la ganancia económica, también obtenemos otras en cuanto al crecimiento en nuestra personalidad. Y es que los pacientes nos hacen comprender otro poco de la apasionante e inagotable mente humana, nos retan a seguir estudiando para comprender lo que nos sobrepasa, nos brindan la oportunidad de conocer el mundo a través de muchas perspectivas y vislumbrar puntos que no llegaríamos a advertir sólo por nosotros mismos. Conocemos diferentes formas de vida, de pensar y hasta de entender el mundo gracias a ellos.

 

Referencias

Ortiz, E. (2019). Donald Meltzer. Vida Onírica. Sueños, mente y pensamiento. México: Analytiké Ediciones.

Meltzer, D. y Harris, M. (1998). Adolescentes. Buenos Aires: Spatia Editorial.