Metapsicología de la latencia

Por Marta Puig

 

La latencia es una etapa de la vida que corresponde al periodo escolar conocido como primaria, cuando el niño se encuentra entre los 6 y 11 años de edad. Es un momento crucial en el que se elaboran las experiencias previas y se construyen proceso complejos que permiten al niño desarrollar y reunir recursos emocionales y cognitivos para el arribo de la pubertad.

Sigmund Freud (1905) fue el gran iniciador del desarrollo psicosexual y estableció un recorrido por los diversos caminos en los que se presenta el deseo, desde la infancia hasta la vida adulta. Éste es un mapa que nos permite observar cómo se van expresando las pasiones humanas. Los primeros años de la vida están marcados por un intenso apego y dependencia del niño hacia sus padres: desea ser amado y reconocido por ellos y se presenta la trama completa del complejo de Edipo. A partir de los seis años, el niño entra en una época de relativa calma; por supuesto, aún existe actividad, pero es un periodo en el que el niño necesita postergar la gratificación, limitar sus impulsos, tolerar la frustración y adaptarse a las demandas de la sociedad y la cultura, a la vez que reúne recursos internos para preparase para la turbulencia que vendrá en la adolescencia.

Se sabe que, durante los años de la primaria, el niño desplaza la curiosidad de la sexualidad hacia otros intereses, por ejemplo, muestra curiosidad por conocer la reproducción de los animales o quiere conocer el mundo. La pasión dirigida hacia los padres ya no es tan intensa, desiste de su deseo de ser parejita de mamá o papá y de buscar satisfacción sexual al tocarse o masturbarse cuando se da cuenta de la desaprobación de los adultos. Aparece el pudor y la moral, así como nuevos mecanismos defensivos que le ayudan a poner un freno al deseo y mantener un relativo control al servicio de la organización de la personalidad y la concentración en el aprendizaje.

Es verdad que en este periodo se pierde algo de la imaginación, encanto, naturalidad y frescura que tiene el niño pequeño. Se invierte gran cantidad de energía en el autocontrol y el orden, de ahí que sea el tiempo del coleccionismo. Quizá por ello esta etapa de la vida mental ha recibido poca atención en la literatura psicoanalítica en comparación con la infancia y la adolescencia. Es probable que también se deba a que ha sido definida más por lo que deja de ocurrir que por lo que se construye. Rodolfo Urribarri (2015) propone pensar la latencia como un trabajo mental activo que el niño tiene que hacer para modificar su estructura y organización, en lugar de uno de calma.

A lo largo del taller, explicaré cada una de estas tareas a partir de la perspectiva de distintos autores. Los aportes de Bornstein, Meltzer, Urribarri, Etchegoyen, Jackson, Bion y Gilmore, entre otros, nos ayudarán a comprender el funcionamiento mental del latente y por qué esta etapa es de gran importancia para el desarrollo. Es un periodo en el que se adquiere mayor balance entre la dependencia hacia los padres y la independencia del grupo familiar, lo cual le permite al niño funcionar de manera más autónoma durante la mayor parte del día, separado del hogar. El niño latente puede incluirse en un entorno más allá de la familia, con nuevas amistades, compañeros y maestros. Con la aparición de la escuela, otras identificaciones aparecen y se añaden a las figuras del superyó, creando un objeto interno que lo vuelve capaz de renunciar al egocentrismo, a tolerar la espera y aprender a compartir. Además, construyen nuevos retos y avances en el razonamiento lógico, la memoria y el pensamiento, desarrollan habilidades académicas y adquieren responsabilidades del aprendizaje apropiadas para su edad.

Hablaré igualmente sobre el juego, el cual constituye una herramienta para la expresión de los conflictos internos. Es un acceso a lo simbólico que permite dominar los deseos, ejercitar el cuerpo y obtener placer con el movimiento de la motricidad al correr, saltar, patear o lanzar la pelota. Permite desarrollar las nociones del tiempo y el espacio, se distinguen roles, lugares y funciones. En la latencia, el juego suele estar más organizado, se comparten reglas y normas, y se valora la actitud competitiva. Aunado a eso, se actúan roles, ya que niños y niñas latentes se identifican con héroes e ídolos que admiran, como un ensayo para las posibilidades de la vida adulta.

Asimismo, el taller tendrá presente que, si los primeros años de la vida fueron disfuncionales y estuvieron poco contenidos, con lo cual se crearon estados de déficit, es probable que el periodo de latencia esté lleno de ansiedades y dificultades que dañarán el florecimiento del self y el potencial del niño para actuar de manera ordenada y controlada, lo cual le permitiría construir múltiples y variadas habilidades que lo preparen para el futuro.

En el taller Metapsicología de la latencia veremos, a través de historiales, cuáles son los motivos de consulta más frecuentes en esta edad y cómo el trabajo comprometido del analista en la transferencia ofrece la posibilidad de que se movilice el sujeto a áreas más creativas de la vida mental. También hablaremos sobre lo valioso que resulta el trabajo y la orientación con los padres para intentar evitar la violencia, el abuso o la ausencia, así como la posesividad, que impide al niño crear un espacio propio y privado, o la sobreprotección, que es un obstáculo para que los niños desarrollen fortalezas y se sobrepongan a las frustraciones y los fracasos.

De cierta forma, siempre hay un intercambio entre factores externos e internos en la construcción de la identidad. En este taller, trataremos de pensar en cómo y de qué manera las situaciones actuales, como la migración, las familias múltiples y la revolución digital (la computadora, los videojuegos, las redes sociales), interfieren o son un factor de riesgo en el juego creativo y cómo cada niño, según su medio y cultura, desarrolla su propia manera de procesar estos factores.

 

Referencias

Etchegoyen, A. (1993). La latencia. Una reconsideración. Libro Anual de Psicoanálisis, vol. 9, pp. 21-32.

Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. En Obras completas, 7 (pp. 109-224). Buenos Aires: Amorrortu, 2013.

Urribarri, R. (2015). La importancia de la latencia para la adolescencia. En Adolescencia y clínica psicoanalítica (pp. 23-51). México: FCE.