La construcción de un continente psíquico

Por Javier Fernández

 

Wilfred Bion reformuló las teorías acerca del proceso de pensar al considerarlo una función de la personalidad (Grinberg, Sor y Tabak de Bianchedi, 1972). Desde la posibilidad del pensamiento de Bion, se puede entender no sólo lo patológico, sino también lo saludable. Lo que propone es que la mente es algo por construirse. Esto implica que, al hablar de la mente, damos por hecho que hay una función que está al servicio de la construcción del pensamiento.

¿Qué sucede cuando el pensamiento no es susceptible de construirse? Los pacientes en la clínica pueden vivirse con tal angustia dentro de su mente que no tienen la posibilidad de pensar(se). Es un cúmulo de sensaciones, sentimientos y emociones indiferenciadas que se evacúan en el espacio analítico con la intención de despojarse de ellas y depositarlas en el analista. En esos momentos, el paciente no puede escuchar interpretaciones, al contrario, se niega a recibirlas, no existe dentro de su mente algo que pueda contenerlas, de ahí que las haya expulsado.

El vínculo con el analista, el contacto que se desarrolla en el transcurso de la sesión y la relación continente que el paciente recibe funcionan como una plataforma que promueve una modalidad simbólica pertinente. Incluso en una misma sesión es factible observar cómo se progresa a través de la modulación de la ansiedad y el contacto con el objeto, que hace una función de sostenimiento (Ortiz, 2011). Esta función del analista transita tanto por lo verbal como por lo no verbal, implica intuición y una posibilidad de transmitir la comprensión que se va teniendo de la experiencia emocional del paciente de una manera digerible. La teoría no debe utilizarse para adoctrinar a quienes nos consultan, es un riesgo latente que debemos cuidar; en el mejor de los casos, el paciente puede ir incorporando esta función que el analista realiza de continuo.

Aterrizar estos conceptos en la clínica es complicado, parecieran ser muy abstractos; sin embargo, en el análisis de una sesión con un niño y en conjunto con mi supervisión individual, pude detectar estas ideas de Bion dentro del consultorio. Pablo inició su tratamiento a los 6 años por el impacto que le produjo la separación de sus padres. Es un niño “encantador”, muy apegado a su madre, pero también parece que es ella quien necesita mucho de esta cercanía con su hijo. En la escuela comenzó a tener muchas dificultades porque no alcanzaba el nivel académico para su edad. Los años anteriores pasó de grado porque es cariñoso y con su forma de ser se ganaba a las maestras.

Los juegos de sus primeras sesiones reflejaban una familia derruida y un esfuerzo intenso por no enojarse con los padres y no juzgarlos de manera crítica, a pesar de que su mundo interno estuviera en una gran inestabilidad. En la mayoría de las sesiones tanto él como yo fuimos presa de tormentas, incendios, tornados, tsunamis y monstruos que venían a aniquilarnos; impotentes, sólo nos quedaba recibir estas agresiones.

En una sesión en la que Pablo quiso dibujar, observé la evolución de su pensamiento y sus intentos por simbolizar la experiencia. Los dibujos que fue elaborando a lo largo de la sesión y sobre los que íbamos hablando fueron adquiriendo una consistencia distinta.

El dibujo 1 aparece como una escena revuelta, no hay historia, los personajes y fragmentos de cosas están desvinculados. Me parecía que sus rayones y garabatos reflejaban el “tornado” que hay en su mente, una especie de remolino sin sentido. Si bien es cierto que en este primer dibujo hay intentos por representar aspectos o emociones específicas: unos corazones, un tiburón y su mandíbula, una cara sonriente ladeada, una planta, etc., lo que fundamentalmente predomina es la falta de cohesión, tanto gráfica como narrativa de estos elementos. Estas impresiones las fui transformando en descripciones para comentarlas con Pablo.

El dibujo 2 es muy significativo y contrasta con el primero. En éste, Pablo dibuja un mandala y refiere: “Aquí está el círculo del mandala”. Parece que Pablo hace un esfuerzo por organizar lo caótico; ya en el primer dibujo había un primer intento en este sentido: un intento de mandala, pero que se rompe y no logra su función de ligar y contener. Cuando arma el segundo, Pablo articula y contiene elementos que antes estaban desparramados. Yo voy notando esto y le hago ver que ha dibujado un perímetro consistente y definido, que no está roto. La descripción le hace sentido, toma el dibujo 1 y dice: “Sí, no como éste”.

En el dibujo 2 parece estar la intención de Pablo por contener, ya que a veces su mente no puede aguantar los estados confusionales que tiene. Es probable que las intervenciones hayan favorecido el fluir de la sesión y Pablo pudo entonces plasmar gráficamente sus sentimientos de ambivalencia.

En el dibujo 3, Pablo parece ya estar en otro momento mental: lo que antes estaba desparramado, ahora no. Pablo hace énfasis en el bebé que está conectado al “mandala flor”. En una posible descripción del dibujo, podemos ver a un bebé lleno de amor, por los corazones que lo habitan y la flor que envuelve al mandala, pero al mismo tiempo vuelve a aparecer el tiburón y pétalos en forma de dientes. La agresión y voracidad que habitan su mente requieren ser contenidas por la amenaza que le significan; le asusta el hecho de tener un “tiburón” que quiera atacar dentro de su mente y de ahí la necesidad de construir un continente para estos aspectos de sí mismo.

El siguiente mandala, el dibujo 4, permitió conectar las partes buenas y malas que habitan su mente, siendo los objetos buenos los que son primordiales. El paisaje que se vislumbra en el dibujo llevó a Pablo a descubrir aspectos buenos: “Mira, este mandala está lindo… Aquí hay un árbol que da frutos y una casa que le van a entregar a los niños”.

El paciente que no puede padecer el dolor fracasa también en experimentar el placer, no tiene capacidad para la simbolización y la abstracción: las palabras suelen ser para él indistinguibles de una cosa-en-sí-misma; no son representaciones, sino que quedan como elementos concretos que no adquieren significado (Grinberg, Sor y Tabak de Bianchedi, 1972). Pablo toleró el dolor psíquico que es necesario para el crecimiento mental. Lo más significativo es que se puede observar que su capacidad para aprovechar el vínculo con el analista, las interpretaciones y la función continente lo llevaron a un punto de mayor tolerancia e integración dentro de la sesión.

Pablo plasmó de una manera gráfica la construcción de un continente, podemos suponer que el mandala es una metáfora gráfica de una función que se fortaleció dentro de su mente y que permitió que fuera organizando elementos caóticos para darles significado. “La evolución implica poder reunir, por una intuición repentina, una serie de fenómenos incoherentes y aparentemente no relacionados que, de este modo, adquieren la coherencia y el significado de que antes carecían” (Grinberg, Sor y Tabak de Bianchedi, 1972).

 

Referencias

Grinberg, L.; Sor, D.; Tabak de Bianchedi, E. (1972). Introducción a las ideas de Bion. Buenos Aires: Nueva Visión.

Ortiz, E. (2011). La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica. México: Paidós.