La represión en psicoanálisis

Por Guillermo Nieto Delgadillo

 

En algún momento de la vida, por lo menos una vez, es posible que hayas olvidado algo que ya sabías, y aun cuando lo tenías “en la punta de la lengua”, no pudiste recordarlo; o que, al hablar, cambiaras alguna palabra por otra; o bien, que cometieras alguna equivocación que terminó evitando alguna situación que anhelabas o que temías. De igual forma, tal vez has escuchado historias de tu infancia sobre las cuales no tienes recuerdos, o sin querer, algún evento de la vida cotidiana te ha despertado otro que tenías aparentemente enterrado.

 

Uno de los tantos méritos de Freud fue descubrir, explicar y crear una disciplina alrededor del origen de esos fenómenos. Si bien, los ejemplos anteriores pertenecen a la vida diaria, él descubrió el mecanismo detrás de ellos al estudiar la psicopatología, específicamente, la histeria.

 

A finales del siglo XIX, esta era una enfermedad que no lograba explicarse con una base médica. Las mujeres[1] sufrían de síntomas como parálisis y adormecimiento en extremidades u otras partes del cuerpo, incapacidad para caminar, e incluso alucinaciones olfativas, entre otros tantos. Los doctores de la época quedaban sorprendidos de que, detrás de todo esto, no hubiera causa orgánica alguna. Pioneros como Bernheim y Charcot comenzaron a sospechar que la base podía ser psíquica.

 

Josef Breuer, maestro de Freud, le contó el caso de una paciente que, por medio de una catarsis, quedó aparentemente curada de varios síntomas histéricos que padecía desde mucho tiempo atrás. Este se interesó por el caso y adoptó por unos años el método de curación de Breuer; juntos publicaron los Estudios sobre la histeria, en donde dieron las primeras explicaciones del origen psíquico de dicha enfermedad. Finalmente, hubo una ruptura entre ellos debido a que Freud ponía como origen de las perturbaciones un conflicto relacionado con la sexualidad.

 

En resumen, lo que Freud descubrió fue que en todo ser humano existe un conflicto psíquico: un choque de fuerzas entre distintas áreas de la mente; de ellas, una quiere ser satisfecha, mientras que otra considera los deseos como desagradables o prohibidos. Otro de sus descubrimientos fue que la mente humana está diseñada para enviar todos los deseos y anhelos que considera peligrosos a un lugar que denominó inconsciente[2]. El mecanismo por medio del cual la psique humana se deshace de dichas representaciones fue bautizado como represión, que muchas veces Freud llamaba:  esfuerzo de desalojo o esfuerzo de dar caza.

 

Si bien, la represión puede funcionar de forma adecuada en la mayoría de las ocasiones, hay otras tantas en las que los contenidos enviados al inconsciente regresan de alguna forma. Los síntomas escenifican ese retorno de lo reprimido, pero de forma disfrazada.

 

Algunos años después, Freud nos enseñó que la represión no opera únicamente en la psicopatología, sino que es un mecanismo esencial del funcionamiento. Los sueños, los lapsus, los actos fallidos y el chiste se pueden explicar perfectamente, de una u otra forma, en relación con esta. Reprimir es normal y universal. La cuestión es que en todos existe el conflicto psíquico, pero en algunos casos su intensidad rebasa el umbral, ocasionando problemas en la vida cotidiana o incluso generando síntomas neuróticos.[3]  

 

Un paciente me contaba lo contento que estaba con su pareja. Mientras me relataba la situación, sin darse cuenta, cambió la frase “si viera cuánto la amo” por “si viera cuánto la odio”. Esto dio pie a que pudiéramos pensar, paulatinamente, la ambivalencia hacia su esposa, ya que uno de los motivos que lo aquejaba en esos momentos era que constantemente despertaba con pesadillas en las que algo malo le sucedía a su amada. Esto no quiere decir que odiara a su cónyuge. Todos amamos y odiamos a nuestros seres más cercanos, pero uno de los aspectos del conflicto psíquico consiste en darnos cuenta de que también existe una dosis de enojo hacia ellos; muchas veces resulta insoportable, pero el sentimiento se termina manifestando de otras formas, y en el caso de mi paciente, con las pesadillas y el lapsus linguae que tuvo en la sesión.

 

La situación anterior es solo un ejemplo de cómo la represión “falló” momentáneamente, dejando el deseo inconsciente salir de forma más directa. El tema es tan amplio e importante que Freud habló sobre ello incluso en el último artículo que escribió. Es una de las aportaciones más relevantes del genio austriaco hacia la humanidad. Verlo en la clínica y en la vida cotidiana es fascinante, tanto, que genera más deseos de estudiar sobre el tema.

 

Referencias

 

Freud, S. (1992a). Estudios sobre la histeria. Obras completas (vol. II). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1893-1895).

 

Freud, S. (1991a). La interpretación de los sueños. Obras completas (vol. IV).  Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1900).

 

Freud, S. (1991b). Psicopatología de la vida cotidiana. Obras completas (vol. VI). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1901).

 

Freud, S.  (1992b). La represión. Obras completas (vol. XIV). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1915).

 

Notas:

[1] Al contrario de lo que muchas veces se piensa, también hombres.

[2] No es correcto decir subconsciente. Freud fue enfático en señalar que la palabra inconsciente significa carente de conciencia, mientras que subconsciente significa por debajo de la conciencia, situación que no podía sostenerse con sus descubrimientos.

[3] Los síntomas fóbicos y las neurosis obsesivas son otras dos formas de neurosis perfectamente explicables desde la represión.