Unión y desunión en la relación madre-hijo

Por Patricia Bolaños

Las relaciones que establecemos en la vida se transforman a lo largo del tiempo. Cuando nos referimos al vínculo entre madre e hijo estamos hablando de una de las relaciones más importantes de toda persona, que inicia desde antes del nacimiento del bebé y, sin duda alguna, sufre cambios importantes que se caracterizan por la unión, en algunos momentos, y en otros por la desunión. Estos movimientos en el tipo de relación despiertan distintas emociones y son muy importantes para el desarrollo del bebé. Veamos algunos de ellos:

 

Al pensar en unión, cercanía, compenetración o conexión madre-hijo, es probable que llegue a nuestra mente la imagen de una mujer embarazada, puesto que es una representación que ilustra muy bien la mencionada relación y sus características: la futura mamá se ocupa de alimentarse adecuadamente, ya que el bebé se nutre a través de ella, e incluso se piensa que la mamá también le transmite su estado emocional. Recuerdo a una paciente embarazada que hacía un enorme esfuerzo para no estar ansiosa por ciertos problemas en su matrimonio, pues sentía que el bebé también se inquietaba, y eso le preocupaba, al grado de sentir culpa.

 

Ese momento de unión despierta muchas emociones; algunas veces, llega un sentimiento especial respecto a ser la única que puede experimentar lo que le ocurre al bebé. La madre puede decirle a su pareja: “Mira, el bebé se está moviendo”, pero cuando el padre quiere participar de ello, el movimiento cesa. De hecho, él puede sentirse fuera de esa relación tan especial y exclusiva de unión mamá-bebé.

 

Cuando el bebé nace, la madre tiene que renunciar a esa relación de unión total y lidiar con la participación de más personas en ese vínculo. Además, tiene que manejar un nuevo tipo de unión con el bebé, que se caracteriza por la dependencia tanto física como emocional; la mamá presta su cuerpo y su mente para que el bebé sobreviva y se desarrolle. En este particular vínculo, se puede sentir agotada físicamente y también muy abrumada, pensando que no tiene ni un momento para ella y que, de alguna forma, su existencia debe centrarse en el bebé. Por ejemplo, una paciente me relata muy emocionada que va a hacer un viaje con su esposo por unos días y que va a dejar a su bebé de tres meses al cuidado de la abuela. Le entusiasma poder comer y beber lo que quiera y no estar esclavizada por el riguroso esquema de alimentación debido al reflujo de su hijo.

 

A partir del nacimiento del bebé, la relación madre-hijo atraviesa distintos momentos. En los primeros meses, se requiere tolerar la cercanía, tal como se ilustra en la situación relatada anteriormente. Más adelante, lo que ocurre es que se van incorporando otras figuras en la vida del bebé -padre, hermanos, maestros, amigos, pareja- y esto es posible si ambas partes de la díada resisten a nivel emocional. ¿Qué ocurre si este proceso de unión-desunión se obstaculiza? ¿Qué emociones impiden que la transformación del vínculo sea posible?

En el curso Unión-desunión en la relación madre-hijos daremos respuesta a estas interrogantes y revisaremos todas las vicisitudes de este vínculo tan profundo y complejo que constituye la base de nuestra personalidad.