La familia como núcleo estructurante

Por Mónica Mingramm y Carmen Islas

 

Cuando hablamos de familia podemos movernos en varios terrenos y hacia distintas direcciones. Desde un enfoque social, la noción de familia ha ido habitando una serie muy variable de significados, y también han ido cambiando sus funciones y formas. Respecto a sus funciones, funge como un núcleo regulador del sistema social que a la vez es modelado por la sociedad, de tal manera que la familia como un núcleo particular es, al mismo tiempo, el resultado de la influencia de un sistema general: fuerzas externas e internas coexisten y se influyen recíprocamente.

En relación con sus formas, como resultado de las transformaciones sociales, presenciamos el surgimiento de nuevos modelos familiares: familias monoparentales y homoparentales, las cuales se oponen a los modelos clásicos que concebían a la familia desde una polaridad que sólo tomaba en cuenta el género dominante, o era un sistema patriarcal o uno matriarcal. Con la primera revolución industrial, los padres dejaban el hogar para trasladarse a sus trabajos, situación que ubicó a la madre como figura dominante en la crianza de los hijos y al padre como principal proveedor de recursos materiales. En la primera década del siglo XX, las mujeres encontraron plazas en las que podían desempeñar un papel generador de recursos, lo que provocó el surgimiento de un sentimiento de liberación femenina cuyas manifestaciones encontramos con frecuencia en el cine y la literatura.

Hoy en día, la participación tanto de hombres como de mujeres en los medios laborales y familiares ha permitido dar paso a transformaciones significativas en el sistema familiar. Los roles que antes se daban por sentados ya no se dan de la misma forma. Pensar a la familia como núcleo de funcionamiento recíproco con el medio circundante permite entender tanto los cambios por los que ha atravesado como la influencia que ejerce en el entorno social. Y lo mismo ocurre cuando pensamos a la familia como un núcleo que influye sobre la estructuración mental de cada individuo, en su identidad, personalidad, funcionamiento y roles, por ejemplo, en la forma que impacta el desarrollo y la educación de un niño.

Cabe destacar que el movimiento psicoanalítico contribuyó de muchas maneras a la consolidación de una nueva forma de percibir a los individuos y a las familias: surgieron explicaciones respecto a las vivencias subjetivas que se experimentan en torno a los fenómenos sociales e interpersonales.

En su libro Familia y comunidad, Donald Meltzer y Martha Harris exponen un modelo de comprensión del individuo y de su concepción del mundo desde el punto de vista psicoanalítico. Para ello, estudian básicamente dos estructuras sociales: la comunidad y la familia. Piensan que es igualmente importante analizar la situación interna de un individuo, su carácter y su impacto sobre la familia como la influencia de la comunidad en la estructura familiar y lo que aporta para modelar el carácter de sus miembros. Estudian el aspecto emocional, las actitudes de la comunidad con la que interactúan las familias o el individuo como representante de ésta, cumpliendo un papel en la organización social.

Meltzer y Harris clasifican los diferentes aspectos de la comunidad (extrapolando las investigaciones sobre la organización de la personalidad de los individuos) en: benevolente, maternal, paternal, parasitaria materna, parasitaria paterna y paranoide. Explican cada una de ellas y sus actitudes respecto de los aspectos más conflictivos y destructivos de sus miembros. Por ejemplo: la paternal tiene cualidades de generosidad, perdón, tolerancia, paciencia, prudencia y justicia. En el otro extremo, en la paranoide, predomina la desconfianza, surge la maldad que corrompe la armonía y la abundancia.

Siguiendo este modelo, reflexionan sobre el papel y las funciones de la vida familiar. El concepto central tiene que ver con la capacidad de contención del dolor mental conectado con el crecimiento y de los miembros de la familia en la comunidad. Mediante acciones o comunicaciones, verdad o mentira, las familias promueven amor u odio, esperanza o desesperanza, contienen el dolor depresivo o aumentan la angustia persecutoria, crean confusión o promueven el pensamiento.

Estos autores piensan que, para que se establezca una familia con una función educativa que logre el desarrollo de sus miembros, es necesario que el tiempo, el pensamiento y la comunicación actúen en estrecha cooperación y se introyecte la pareja de padres amorosos.

Este modelo de comprensión de las estructuras familiares va más allá de lo que consideramos los papeles de una familia clásica. La gran diversidad de aproximaciones teóricas que giran en torno a la dinámica familiar sigue siendo un campo de exploración amplia que prueba, desde cualquier perspectiva que se aborde, la complejidad que trae consigo en el ser humano tanto en lo individual como en el papel que juega dentro de un sistema social.

En el próximo Diplomado Femenino y masculino: actualizaciones psicoanalíticas, género, familia y trabajo se revisarán algunas de las perspectivas más importantes.

 

Referencia

Harris, M., y Meltzer, D. (1990). Familia y comunidad. Buenos Aires: Spatia.