La alfabetización emocional: necesidad fundamental en nuestra sociedad

Por José Cristóbal Barud Medrano

Emmanuel hace berrinches en la escuela y nadie parece encontrar la forma de controlarlos. Algunos suponen que lo hace para llamar la atención; otros, quizá más conscientes, dirían que tiene problemas en la casa. En realidad, es difícil saberlo, pero tendemos a pensar que existe un conflicto emocional que motiva estas conductas.

Roberto se siente vulnerado por su pareja a causa de una conducta que, para él, es muy molesta y lo hace sentir inseguro. En lugar de hablar y preguntar qué sucede, decide retraerse lentamente, aumentando la confusión y la desazón, hasta que la situación se hace insoportable. Los dos sufren.

¿Alguna de estas situaciones te resulta familiar? Si es así porque te ha sucedido, o porque conoces a alguien que se parece, estarás de acuerdo en que esto tiene que ver con las emociones. Seguramente, Roberto y Emmanuel son dos personas que, en circunstancias de menos estrés, se logran conducir de una manera razonable. Sin embargo, es usual que nosotros ignoremos cómo la comprensión de nuestras emociones y conflictos internos en momentos de tensión puede ayudar a que estas situaciones sean menos frecuentes. De este modo, es posible que tanto Emma como Roberto no sepan realmente qué les sucedió, y es difícil que lo puedan poner en palabras para hacer algo diferente con esas sensaciones. Por fortuna, cada vez más, las escuelas y las familias invierten más tiempo en la comprensión de nuestras emociones y en conocer cómo son una parte intrínseca de la vida, puesto que esto trae múltiples beneficios y oportunidades de crecimiento.

Uno de estos esfuerzos se llama alfabetización emocional, dado que propone que se puede aprender acerca del mundo interno en una forma parecida a la enseñanza escolar. Sin embargo, el hecho de que se busque alfabetizar no significa que las personas reciben instrucciones de qué hacer o de cómo conducirse en las situaciones, sino que se propone la adquisición de herramientas para observar la influencia sutil que tienen sobre nuestros vínculos y decisiones.

Por ejemplo, el miedo y la tristeza existen por razones de supervivencia y adaptación, aunque las sensaciones que nos despierten sean tan desagradables como para que deseemos anestesiarnos de ellas. Si decidimos no escuchar al sentir alguna de estas emociones, corremos el riesgo de tomar una decisión qué tal vez nos ponga en peligro o a otros. Al mismo tiempo, es cierto que también se trata de no dejarnos avasallar por aquel miedo, sino de que la emoción se convierta en una guía de nuestra experiencia.

La educación o alfabetización emocional se trata justamente de eso, de utilizar diversas actividades, dinámicas y ejercicios introspectivos que permitan conocer, a veces de manera lúdica, desde la infancia, el mundo de las emociones, desde sus manifestaciones corporales, hasta las formas en que una emoción cambia el contenido de nuestros pensamientos. Así, podemos observarnos mejor y también comprender empáticamente a las personas que nos rodean.

Si logramos entender los conflictos y enredos emocionales propios, juzgar con más ecuanimidad las respuestas de los demás se vuelve también una tarea más sencilla. Por ejemplo, si estoy consciente de que amanecí de mal humor o triste, estoy en una posición para comprender mi susceptibilidad y entender que una reacción negativa de una persona en ese día puede sentirse más intensa y significativa, de lo que en realidad es.

A fin de cuentas, son las emociones, y no la razón, las que nos ayudan a pensar acerca de nuestras prioridades, miedos, anhelos y frustraciones. En el campo de la alfabetización emocional, pues, se les da importancia a todas ellas, para poder hablar de una forma más honesta acerca de nuestras experiencias. En ese sentido, tanto el psicoanálisis como la psicología están de acuerdo en que el verdadero aprendizaje, el que dura para toda una vida y nos cambia, es el que está mediado por las emociones. Cuando no las consideramos, resulta complicado que los conflictos y los desencuentros nos conduzcan a un aprendizaje o al crecimiento, debido a que estas son las situaciones que normalmente no deseamos mirar en profundidad.

Si te interesa saber más sobre este tema, existen muchos libros y recursos en internet, así como en tiendas, para trabajarlo con adultos y niños. Ciertamente se trata de una forma de entender al ser humano que puede redituar en relaciones más sanas, y menores fricciones innecesarias en los niveles familiar y social.

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