¿Es la COVID-19 la epidemia del miedo?

Por Laura de la Torre

“Me duelen las manos. No sabes lo cuarteadas que ya las tengo por estar limpiando todo cuanto llega del súper a casa”; “tengo que sanitizar todo y, en cuanto llego de la calle, me cambio inmediatamente, echo a la lavadora la ropa y desinfecto el interior del coche”; “tuve que salir porque necesitaba recoger ciertas cosas del trabajo y me angustia haber traído el bicho a casa. No podría perdonarme si mi mamá se enfermara”; “no hemos visto a papá porque tiene que salir a trabajar y prefiere aislarse en una parte de la casa para cuidarnos. Lo extraño, pero me da miedo sentarme en la misma mesa que él”. Estos son ejemplos de lo que llegan a contar los pacientes, ya sea vía telefónica o por videollamada.

Si comparamos estas acciones y los temores que rondan a los pacientes con los síntomas más habituales de la COVID-19, que según la OMS (Organización Mundial de la Salud) frecuentemente son fiebre, tos seca y cansancio, además de otros menos habituales como dolor, congestión nasal, jaqueca, conjuntivitis, dolor de garganta, diarrea, pérdida del gusto y olfato, erupciones cutáneas o cambios de color en los dedos de las manos o los pies, podemos ver cómo se abre un abanico de posibilidades y, si bien la mayoría de las personas que se contagian presentan síntomas de intensidad leve o moderada y cerca del 80% de los enfermos se recuperan sin necesidad de ser hospitalizados, el miedo a contraer el virus es enorme. ¿Qué es el miedo? La Real Academia de la Lengua Española nos describe que es aquella “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.” A estas alturas lo real se potencializa con lo imaginario, pues vamos conociendo casos más cercanos de personas que han enfermado o incluso fallecido. Este panorama ha provocado una exacerbación en las angustias basales del ser humano. Freud (1926) en su artículo de “Inhibición, síntoma y angustia” utiliza el término “angustia automática” para referirse a un tipo de reacción cada vez que el individuo se encuentra en una situación traumática, es decir, sometido a una afluencia de excitaciones internas o externas que es incapaz de controlar.

Debido a toda la incertidumbre en sus manifestaciones somáticas, la COVID-19 reta los límites de tolerancia a la frustración que tenemos y hace brotar las angustias al más mínimo síntoma de cansancio que tenemos. De angustias reales, neuróticas o automáticas podemos dar paso a Bion con su “terror sin nombre”, concepto que usa para describir una angustia extrema en los momentos más tempranos de la vida; es un miedo intenso, sin sentido, que deja fuera toda posibilidad de ser asimilado, tramitado o, mejor dicho, pensado. Este autor considera que el terror sin nombre sobreviene cuando hay una falla en el rêverie materno, o sea, la incapacidad de contener y dar significado a los terrores del bebé al rechazar las proyecciones del mismo, lo que despoja de todo significado a la experiencia y, consecuentemente, el pequeño reintroyecta una angustia sin nombre. Digamos que Bion nos da una mirada a algo aún más primitivo que las diferentes angustias que nos plantea Freud. Si bien no se debe pensar que sentir angustia es malo, ella toma un papel principal en la concepción de la estructuración del aparato psíquico. Sin embargo, desde el punto de vista económico se vuelve terrorífica cuando rebasa la capacidad mental.

Las cifras de contagios en México son de 2.01 millones; de decesos, cerca de 177 mil son a causa del miedo, sin dejar de contar que también hay más de 1.57 millones de mexicanos que se han recuperado. Así como nos fijamos en los síntomas físicos que se presentan por la COVID-19, no nos hagamos ciegos a los síntomas psicológicos que se han destapado o incrementado a raíz de la pandemia que nos aqueja. La presencia del coronavirus ha provocado miedo y una sensación de desazón o de futilidad que puede llegar a ser aplastante. Pese a que el peligro es real y tenemos que seguir cuidándonos, no solo nos podemos cuidar con agua, jabón, sanitizante, caretas y cubrebocas; tenemos que buscar esos lugares donde podamos poner nombre a nuestros terrores para que puedan ser tramitados y digeridos.

 

Referencias

Bion, W. R. (1962). Learning from Experience. Londres: Heinemann Medical Books.

Freud, S. (1980). Inhibición, síntoma y angustia. Obras completas, XX.  Buenos Aires: Amorrortu.

Gabarino, H., et. al. (2012). Revista uruguaya de psicoanálisis, 114. Montevideo. Recuperado de https://issuu.com/mpeirano/docs/rup_114

Organización Mundial de la Salud. (2021). Preguntas y respuestas sobre la enfermedad por coronavirus (COVID-19). Pandemia: enfermedad por coronavirus (COVID-19). Recuperado de https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses#:~:text=sintomas

Real Academia Española. (s.f). “Miedo”. Diccionario de la Real Academia Española. Recuperado de https://www.rae.es/desen/miedo

Tecnológico de Monterrey. (2021). COVID-19 en México. Recuperado de https://www.mexicovid19.app/