¡ELEIA CUMPLE 30 AÑOS!

Por Elena Ortiz

Mi decisión por estudiar psicoanálisis estuvo en parte influida por la inquietud que se generó en mi carrera de psicología. En las materias clínicas, que eran las que más me interesaban, me encontré con un énfasis en lo conductual y una visión que, si bien optimista, me parecía parcial y con poca hondura.

Tuve la enorme fortuna de que, en esos momentos, cayera en mis manos un libro recién escrito: El psicoanálisis después de Freud. Me sorprendió el mundo que ahí se abría, la agudeza de las ideas y conceptos que aún estaba lejos de comprender pero que ya se vislumbraban como un acercamiento a la naturaleza humana de otra dimensión. Un universo de autores profundamente observadores, en los que la sensibilidad de su mirada se entretejía con un rigor penetrante y poco ingenuo. También, un libro balanceado, incluyente y simultáneamente crítico; un texto culto, cuidadoso, rico. Los autores, Norberto y Celia Bleichmar, estaban organizando una generación de personas interesadas en formarse en esta disciplina ¿cómo no agradecer por esta feliz coincidencia?

En mi ponencia para el festejo de los 30 años de la fundación de Eleia comento que
crecimos en una atmósfera de avanzada en cuánto lo científico, donde el valor de la pluralidad, no sólo como una idea, sino como una manera natural de concebir la disciplina nos fue transmitido; un espacio de libertad científica y epistemológica, de ética y entrega disciplinada hacia la tarea.

Hace un par de años leí una idea de Donald Meltzer donde decía que el psicoanálisis le había aportado una manera de comprender la vida, una vía donde el mundo cobra sentido. Me sentí identificada. Estudiar y practicar psicoanálisis es una experiencia fascinante. Es estar inmerso en una disciplina donde se refina la observación de uno mismo, de los otros, de los propios vínculos, de los conflictos, del desarrollo… y esto se entrelaza con el estudio del pensamiento de autores perspicaces, creativos y varios de ellos geniales.

Muchas veces, lo psicoanalítico también es lacerante. La mirada psicoanalítica nos coloca frente a aspectos que quisiéramos omitir: de uno mismo, de otros, de la humanidad. Pienso que la fortaleza que el psicoanálisis encuentra para mirar con una crudeza a veces desgarradora, está en su propia esencia que es el amor a la verdad y la ética de trabajar por su descubrimiento. Hay autores para quienes esto constituye el pilar de su teoría, como Wilfred Bion. El psicoanálisis a veces puede parecer implacable y duro, pero es en esta agudeza donde se encuentra una plataforma sólida para el crecimiento y la potencialidad para contruir un sentido en la vida.
Hoy, a 30 años de que esta aventura apasionante comenzó, me siento profundamente agradecida con mis maestros, con la entrega con la que Norberto y Celia Bleichmar se volcaron en la creación de Eleia.
Tuvimos la suerte de contar con un espacio de formación excepcional; la fortuna de recibir no solo un entrenamiento profesional de primera, sino también de contar con un ambiente óptimo, saludable, ético, con grandes modelos… Ahora, tenemos una preciada herencia y el compromiso de preservar y transmitir un valioso legado.


¡Gracias Eleia! ¡Felicidades!