Drogadicción: ¿resultado de una situación de vida difícil o elección personal?

Por Miguel Eduardo Torres Contreras

Cuando se quiere saber sobre lo que llevó a un sujeto a tener una adicción, es muy frecuente adjudicar a un solo factor la causa de este trastorno; por ejemplo, que el padre haya sido dependiente de alguna sustancia psicoactiva, que los padres se divorciaron, la terminación de una relación amorosa, que se juntó con malas amistades, etc. También se plantea con frecuencia la pregunta como una disyunción (o fue esto o fue lo otro): o tuvo una vida difícil o fue una elección personal. Se trata de una falsa disyunción. Más bien hay que plantear la pregunta de otra forma para no adjudicar a un solo factor la existencia de un trastorno tan complejo.

 

En efecto, la investigación más reciente sobre la dependencia de sustancias psicoactivas (SPA) ha llegado a un consenso: se trata de un fenómeno multifactorial. En otras palabras, intervienen factores psíquicos, familiares, socioculturales, económicos, etc., que se entrelazan y dan como resultado el desarrollo de una adicción. Por lo tanto, no hay que adjudicar a un solo factor la etiología de las adicciones. La respuesta a la pregunta que titula este artículo es que son las dos; es más, hay otros factores involucrados. Por ejemplo, hay personas que pueden tener un trastorno de ansiedad no atendido y el consumo de una sustancia, por lo general una SPA depresora del sistema nervioso central, les sirve para calmarse, es decir, como ansiolítico.

 

Es muy importante comprender, lo más integral e integrada posible, los factores que intervienen en el desarrollo de una adicción. Si se simplifica la comprensión de las adicciones, se simplifican las alternativas; y estas, en lugar de ayudar, pueden llegar a ser perjudiciales. Hay padres que se angustian mucho ante el consumo experimental de su hijo o hija, pues consideran que ya tiene una adicción y quieren internarlo en una clínica. Aquí vale la pena recordar la máxima médica: primun non nocere (lo primero es no dañar).

 

Dado que son diversos los factores que intervienen para que una persona se vuelva dependiente de una sustancia psicoactiva, solo abordaremos dos de ellos relacionados entre sí: el inicio del consumo en la adolescencia y la neurobiología de la adicción.

 

El inicio del consumo en la adolescencia. En general, el consumo de sustancias psicoactivas, incluidas las legales como el alcohol y el tabaco, se inicia en la etapa adolescente. La adolescencia es un período que implica muchos cambios y retos, tanto para los chicos como para las chicas. Freud (1905) la visualizó como una metamorfosis. Hay una conmoción en la mente por los cambios físicos que experimentan: de pronto ese cuerpo de niño o niña empieza a modificarse con gran rapidez. Se da una desidealización de los padres: a esos que eran como “héroes”, ahora se les ven los defectos y las limitaciones que tienen. La vuelta de los deseos sexuales infantiles reprimidos también genera mucha angustia. Hay otros retos que enfrentan los adolescentes a nivel psíquico; los anteriores son amanera de ejemplo (Ortiz Frágola, 2009). Muchos de ellos inician el consumo de sustancias psicoactivas —alcohol, tabaco y marihuana son las más comunes— para atemperar todas las ansiedades, pensamientos y fantasías que los abruman. Sin embargo, hay adolescentes cuya fragilidad psíquica es importante y es muy posible que permanezcan en el consumo y, con el tiempo, desarrollen una adicción. Por ejemplo, en cuanto al consumo de marihuana, la investigación reciente (De la Fuente, 2015) muestra que la desventaja socioeconómica, el abandono emocional a edades tempranas, el maltrato durante la infancia, los trastornos psiquiátricos y el uso en los pares y los padres son factores que incrementan el riesgo de que un sujeto desarrolle una dependencia. Aproximadamente el 10% de sujetos que consumen marihuana desarrollarán una dependencia.

 

La inmadurez del cerebro durante la adolescencia. El avance de las neurociencias en los últimos decenios ha sido impresionante. Gracias a esos estudios, sabemos que el cerebro termina de madurar entre los 23 y 25 años de edad. La última parte en madurar es la corteza prefrontal, la parte del cerebro que tiene a su cargo la toma de decisiones, la deliberación de consecuencias y el manejo de emociones. En la adolescencia, por la acción de las hormonas, la amígdala y el núcleo accumbens empiezan a crecer con rapidez, lo que explica la alta reactividad emocional en esta etapa. El resultado es que, en la metamorfosis adolescente, las reacciones emocionales son muy intensas y la parte del cerebro encargada de manejarlas está todavía inmadura. Por otra parte, los estudios sobre neurobiología de las adicciones muestran que el consumo de sustancias psicoactivas altera el circuito del placer. Si hay una ingesta persistente de drogas en la adolescencia, es muy probable que haya una gran afectación porque se está alterando el circuito del placer en un cerebro inmaduro, sobre todo en el área que tiene que ver con el control, la planeación y la toma de decisiones.

 

Tanto las dificultades propias de la metamorfosis adolescente como el inicio del consumo y la persistencia en dicha etapa de la vida son apenas dos factores que están presentes en el desarrollo de una adicción. Hay otros factores importantes y no conviene que se simplifique un fenómeno tan complejo.

 

Referencias

De la Fuente, J. R. et al. (2015). Marihuana y salud. Fondo de Cultura Económica.

Ortiz Frágola, A. (2009). Vulnerabilidad adolescente y psicopatología de las adicciones. Psicoanálisis 31(2/3): 337-359.

Sica, R. (2000). Clínica de las adicciones. Revista de psicoterapia psicoanalítica 5(4): 64-81.

Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre teoría sexual. En Obras Completas (vol. 7). Amorrortu.

 

Para seguir leyendo en el Blog Eleia:

Lee la nota de Ana Livier Govea «Visión psicoanalítica de las adicciones«

Lee la nota de Miguel Eduardo Torres «Las adicciones: ¿enfermedad del cerebro o síntoma de lo no expresado?«