Doctorado en Clínica Psicoanalítica: mi visión como maestra adjunta

Por Graciela Arredondo

 

Entré a estudiar el doctorado en septiembre de 2003. En ese entonces, tuve la gran fortuna de que los doctores Bleichmar impartieran gran parte del programa. La experiencia fue devorar libros e introyectar teorías a pasos gigantescos, lo cual fue, evidentemente, de gran utilidad en mi trabajo dentro del consultorio. Después de algunos años, en la docencia y en la práctica privada, me tomé un tiempo de ausencia por maternidad. Luego, volví a Eleia, mi alma mater. Busqué un diplomado para desempolvarme un poco y tuve la fortuna de que se abriera uno sobre maternidad (coincidencias de la vida) que impartían las doctoras Alma Toledo y Bárbara Sánchez-Armass. Éste fue un diplomado sumamente interesante que no sólo reactivó mis conexiones con el psicoanálisis, sino que me puso en contacto con maestros y colegas de antaño.

En ese tiempo, la Dra. Elena Ortiz me propuso ser su adjunta para la clase de Trastornos de la sexualidad, psicopatía y perversiones del Doctorado en Clínica Psicoanalítica, la cual se imparte en el primer semestre. De esto hace seis años ya; desde entonces no he parado. Actualmente tengo la suerte de estar al lado de la Dra. Ana Wiener. He acompañado ya a tres generaciones del Doctorado como maestra adjunta y mi experiencia de aprendizaje, ahora desde esta perspectiva, es totalmente diferente y muy enriquecedora.

Sobra decir que, de cuando cursé el doctorado hace veinte años a la fecha, el programa ha cambiado muchísimo; cada semestre se actualizan las lecturas. Si bien hay textos clásicos que se revisan por su pertinencia, hay muchos otros que se van modificando para buscar miradas más completas y actuales. La mayor parte de los textos a estudiar son totalmente vigentes. Por otro lado, debido a que las clases del doctorado se imparten como una especie de seminario, la participación del grupo es lo que guía la dirección y la profundidad de cada clase, por lo que una sesión nunca es igual a otra. Estudiar artículos actuales, basados en la práctica clínica, hace que no sólo los conceptos queden más claros, sino que se amplíe la manera de abordar nuestra práctica clínica.

Las diferentes teorías y escuelas que se estudian dentro del doctorado son vastas. Afinan y amplían la comprensión de los pacientes en el consultorio. Como analistas, por lo general nos sentimos a gusto con un par de teorías y desde ahí nos movemos, pero ampliar este mundo es necesario. Cada patología y escuela estudiada dentro del doctorado van acompañadas de una cascada de ejemplos clínicos, expuestos tanto por los profesores como por los alumnos. Esto abre las puertas al mundo de la clínica, nos hace ser mucho más sensibles, así como tener una escucha mucho más abierta y menos sesgada. Nuestra comprensión del funcionamiento mental de los pacientes se amplía enormemente.

En lo personal, yo disfruto mucho mantenerme actualizada tomando diferentes diplomados y cursos nacionales e internacionales, ya que hoy en día, gracias al mundo del internet, esto es más accesible. Y, a pesar de que siempre aprendo algo nuevo, me impacta y a la vez me enorgullece constatar que mi formación en el Centro Eleia me ha dado muy buenos cimientos. Por ejemplo, puedo estar un sábado escuchando a Virginia Ungar (expresidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional) o a Howard Levine (estudioso de la obra de Freud, Green y Bion); en algún seminario (sorprendida por una propuesta o por un acercamiento a la comprensión de cierto concepto que nunca me había planteado); y el jueves escuchar a la Dra. Ana Wiener o a la Dra. Elena Ortiz decir algo muy similar y ahondar en el tema.

En resumen: ¿por qué recomiendo estudiar el Doctorado en Clínica Psicoanalítica en el Centro Eleia? Porque su programa es amplio, plural y actual. La parte clínica es sumamente extensa, no sólo durante las diferentes clases del programa, sino también dentro de los seis semestres de supervisión que se cursan. Pero, sobre todo, se tiene la posibilidad de aprender de maestros sumamente comprometidos y con una gran experiencia dentro del trabajo analítico: nos sirven como modelos de identificación introyectiva para el crecimiento personal y profesional.

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