La importancia de ponernos las gafas violetas al estudiar y ejercer la Psicología

Por Natalia Hernández Jiménez

Desde hace algunos años, en los niveles nacional e internacional, la situación política y social ha demostrado la relevancia de los estudios de la mujer y de género en diferentes disciplinas. Sin éstas sería imposible entender las distintas denuncias de inequidad o violencia de género que se han llevado a cabo en varios países, como el movimiento #MeToo o #NiUnaMenos, amén de las marchas feministas que han tenido lugar en los últimos meses en varios puntos del país, y que han puesto bajo el reflector la importancia de analizar las diferencias, inequidades y desigualdades que millones de mujeres viven en los ámbitos laborales, legales, de pareja, entre otros.

Algunas disciplinas como la Ciencia Política, la Economía, la Sociología e incluso la Historia han comenzado a centrar su atención en el estudio y la posición de la mujer desde la perspectiva de género, y no solamente desde la neutral.

Dicha perspectiva no refiere solamente al estudio de las mujeres, sino de las relaciones entre mujeres y hombres, y cómo éstas han generado falta de oportunidades, limitación de derechos e inequidades para las primeras. De acuerdo con Marcela Lagarde (1996), la perspectiva de género sirve para identificar, cuestionar y valorar la discriminación, la desigualdad y la exclusión hacia las mujeres, que se pretende justificar con base en las diferencias biológicas entre los géneros. Asimismo, contribuye al análisis y comprensión de las semejanzas y diferencias entre mujeres y hombres, y las características que les definen.

Ponerse las gafas violetas, o utilizar los lentes de género, es una metáfora para aludir a que miramos al mundo de otra manera, en otras palabras, a través de las relaciones de género. En consecuencia, esto permite detectar las muchas discriminaciones que enfrentan las mujeres día con día.

Tanto el color violeta como sus variantes (morado y lila) han sido tradicionalmente utilizados por las feministas, por ejemplo, Gemma Lienas (2013), en el libro El diario violeta de Carlota, utilizó por primera vez la metáfora de las gafas violetas, al mencionar cómo el feminismo da una perspectiva especial a la lectura del mundo. De esta forma, la autora señala que, al tener tanto una formación como una perspectiva feminista, se logra hacer visible la situación de opresión de la mujer en la sociedad. Dicho de otro modo, usar las gafas violetas significa mirar situaciones que probablemente antes quedaban inadvertidas.

Las y los psicólogos en formación y profesionistas debemos aprender a ponernos las gafas violetas en nuestro quehacer, ya que, sin importar la rama de la Psicología en la que ejerzamos (clínica, comunitaria, laboral, educativa o social), debemos entender cómo las mujeres se desenvuelven en el medio que las rodea.

Sin la perspectiva de género en el quehacer psicológico sería imposible comprender cómo todavía para muchas niñas y mujeres la educación es un privilegio y no un derecho, cómo el trabajo doméstico no remunerado no llega a ser solamente una decisión, sino una imposición familiar, o cómo no obtener un ascenso laboral no es una cuestión de falta de ambición u holgazanería, sino de un fenómeno llamado techo de cristal. Sin la perspectiva de género no tenemos la capacidad de entender por qué denunciar la violencia por parte de sus parejas les genera terror a las víctimas femeninas, y, en lugar de eso, se asume que hay una falta de interés por parte de ellas.

La perspectiva de género es sumamente enriquecedora para entender la psicología de las mujeres, las estructuras sociales, las ideas patriarcales y de masculinidad hegemónica que han perpetuado la discriminación e inequidad entre ambos géneros. Por lo tanto, como especialistas de la salud mental, y docentes de Psicología, debemos escuchar, analizar y entender tanto a mujeres como a hombres desde distintos ángulos, por medio de múltiples teorías y con una lente que nos permita mirar el panorama completo de cualquier ser humano, comunidad o sociedad. Lo anterior con la finalidad de entender que el contexto en el que nos desarrollamos y desenvolvemos permeará en nuestra manera de vivir, de actuar y de percibir el mundo que nos rodea.

Referencias

Lagarde y De los Ríos, M. (1996). Género y feminismo. Desarrollo Humano. Madrid: Horas y Horas.

Lienas, G. (2013). El diario violeta de Carlota. Barcelona: Ediciones Destino.

Varela, N. (2008). Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B.