Las caras de Narciso, experiencia de tesis doctoral
Por Miguel Ángel Márquez
La relevancia actual de comprender el narcisismo desde distintas perspectivas psicoanalíticas se vincula con el incremento de este tipo de casos que solicitan tratamiento o psicoterapia psicoanalíticos. Este aumento puede entenderse como resultado de la cultura actual en la que el ser humano se encuentra inmerso, la cual tiende a favorecer el egocentrismo y a desvalorizar al otro. En ese sentido, podría pensarse —como señala Christopher Bollas (2021)— que el narcisismo constituye el primer diagnóstico de carácter que emerge de la cultura occidental.
Si bien no estamos frente a un aumento estructural de patologías, hay un cambio en sus expresiones sintomáticas, sin que ello implique nuevas estructuras clínicas; como sugieren J.-A. Miller y Éric Laurent (2005). Ahora bien, el incremento de estos casos en la consulta puede ser también resultado de un mayor bagaje teórico y técnico con que ahora cuentan los psicoanalistas, lo que amplía su capacidad de observación y permite entender con mayor profundidad las entidades nosológicas que antes podían quedar opacadas.
Sin detenerme a profundizar en las causas, es probable que estas vías contribuyan: una cultura enferma y diagnosticada con narcisismo, de acuerdo con Alexander Lowen (1985), y un mayor acceso al entendimiento de la complejidad de las configuraciones psíquicas, gracias a las nuevas herramientas con que cuenta ahora el psicoanálisis. Lo cierto es que, ante el aumento de pacientes que demandan tratamiento, se vuelve necesario estudiar y comprender el fenómeno desde distintos vértices y tonalidades, ya que no se trata de un trastorno simple ni unicausal, sino de un conjunto heterogéneo de configuraciones del self, de sus defensas y de sus modalidades vinculares, entre otros aspectos psicodinámicos reflejados en el crisol del diván.
Esta complejidad exige del psicoanalista una revisión rigurosa de la teoría, de modo que disponga de fundamentos sólidos para sostener una técnica pertinente en el abordaje y descubrimiento de las múltiples caras de Narciso. Su marca indiscutible, el sentimiento de grandiosidad, a veces indeleble o a veces impenetrable, se hace presente ante la dificultad de aceptar la dependencia, exhibiendo su hipersensibilidad ante la crítica, dentro de un repertorio relacional que va del utilitarismo al parasitismo, llegando a la destrucción del objeto e incluso del propio yo. Este abanico sintomático de la construcción del self deriva de conflictos intrapsíquicos, defensas caracterológicas o bien como respuesta a fallas tempranas provenientes del medio, entre sus principales factores precipitantes. Con ello, el analista queda comprometido a sostener una postura ampliada, no reservada a un solo enfoque teórico —que podría acotar la visión—, sino capaz de moverse gracias al enriquecimiento de la comprensión de distintos marcos teóricos, fortaleciendo una técnica adecuada en el abordaje de estos pacientes.
En consecuencia, resulta de gran importancia el valor de la complejidad que es acogida dentro del psicoanálisis contemporáneo en el trabajo con este tipo de estados mentales. Dicha perspectiva se apoya en corrientes clásicas y actuales del psicoanálisis que se han ido ramificando desde Europa hasta América, ampliando la visión del terapeuta para poder pensar el narcisismo en sus múltiples facetas. Conviene recordar que fue el propio Sigmund Freud (1914) quien entendió el narcisismo desde diferentes vértices y, con genialidad y curiosidad, tomó el mito de Ovidio para formular interesantes hipótesis sobre el tema, que aún siguen vigentes.
Freud construyó cimientos firmes para la teoría del narcisismo desde antes de 1914 y, al mismo tiempo, iluminó el camino a elaboraciones posteriores y a desarrollos clínicos ulteriores. Sus formulaciones permiten comprender la génesis del narcisismo y el sufrimiento que conlleva, derivado del exceso de amor propio, su dificultad de tramitar el éxito y la culpa ligada a la tiranía del ideal del yo y del superyó; incluso abre una vía hacia el Nirvana. En esta línea, muy resumida, del amplio trabajo del maestro, se nos orienta a esclarecer el desarrollo humano, los conflictos reprimidos del deseo, el carácter y el ideal, bosquejando una nueva idea del aparato mental.
Por su parte, Melanie Klein desplazó el foco de atención hacia las ansiedades tempranas —persecutorias o depresivas— e introdujo nuevas formas defensivas primitivas. Desde esta perspectiva, la omnipotencia y el daño al objeto encubrirían intensos temores de dependencia y de agresividad, derivados de los procesos propios de la identificación proyectiva. Más tarde, Donald Meltzer (1973) amplía estas consideraciones con otras maneras de identificarse, como la intrusiva, ya que piensa al narcisismo como organizaciones cerradas en un mundo de diferentes niveles de fantasías, de omnipotencia, control y violencia, donde habría una invasión de los objetos encargados de atacar el pensamiento, siguiendo a Wilfred Bion.
Mientras tanto, los psicoanalistas americanos plantean otras coordenadas. Otto Kernberg (1975), por ejemplo, diferencia niveles estructurales del funcionamiento psíquico del narcisismo, desde la integración del self y sus límites, donde la agresión ocupa un lugar nodal y surgen defensas particulares que exigen modificaciones técnicas por las transferencias especiales que despliegan. Lo que atestigua Heinz Kohut (1989), desde otro ángulo, enfatiza los trastornos del desarrollo del self por fallas empáticas tempranas, o a fallas con objetos reales, atendiendo a la construcción del campo psicoanalítico y sus participantes, como en las perspectivas relacional e intersubjetiva.
Asimismo, el narcisismo puede situarse en la configuración de la identidad —tema crucial en la actualidad— dentro del momento jubilar del estadio del espejo como lo plantea Jacques Lacan (1966/2009), en donde la problemática se articula en la mirada y el deseo del Otro. En contraste, Andre Green (1986/1993) lo introduce en la zona de lo negativo, la desligazón y el vacío.
Mi intención al escribir la tesis, bajo la guía de la Dra. Ana Wiener, fue dar una pequeña pincelada a la importancia de comprender el narcisismo hoy y, con ello, encender la chispa para profundizar en el conocimiento que exige el complejo y minucioso trabajo del psicoanalista con todas las personas que llegan solicitando ayuda para aliviar su dolor mental, pero aún más, en pacientes con trastornos narcisistas.
Referencias:
Bion, W. R. (1965/2002). Transformaciones. Promolibro.
Bollas, Ch. (2021). Three Characters: Narcissist, Borderline, Manic Depressive. Phoenix.
Freud, S. (1914). Introducción del Narcisismo. En Obras completas (Vol. XIV). Amorrortu.
Green, A. (1986/1993). Narcisismo de Vida, narcisismo de Muerte. Amorrortu
Kernberg, O. (1975). Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico. Paidós.
Kohut, H. (1989). Análisis del self. Amorrortu.
Lacan, J. (1966/2009). El estadio del espejo como formador de la función del yo [je], Escritos I. Siglo XXI
Lowen, A. (1985). Narcisismo. La enfermedad de nuestro tiempo. Paidós
Meltzer, D. (1973). Estados sexuales de la mente. Kargieman.
Miller, J.A. y Laurent, E. (2005) El Otro que no existe y sus comités de ética. Paidós
Mitchell, S. (1988). Conceptos relacionales en psicoanálisis. Una integración. Siglo XXI.
Stolorow, R. y Atwood, G. (1992). Los contextos del ser. Las bases intersubjetivas de la vida psíquica. Herder.


