Discurso de graduación de la licenciatura en Psicología. Centro Eleia

Jorge Hidalgo

Quiero expresar la alegría que me produce haber crecido junto con ustedes, compañeros,  porque sé que todo el tiempo procuramos ayudarnos mutuamente. Ese es un hecho, a pesar de que nos costó algo de trabajo empezar a acercarnos los unos a los otros; aun así, logramos concluir este proyecto unidos. Nuestros estudios no estuvieron exentos de separaciones, duelos o lecciones de vida que nos marcaron, festejos, trabajos interminables, pero, más importante todavía, de la curiosidad por aprender y el rigor académico que siempre nos caracterizó como grupo. Ahora se abre ante nosotros un panorama de posibilidades que quizá resulte abrumador. Yo, al igual que la mayoría de ustedes, he sido estudiante de tiempo completo la mayor parte de mi vida; ahora nos toca construir un legado y un patrimonio con la ayuda de todos nuestros conocimientos adquiridos en la licenciatura.

Nuestra generación ha sido objeto de muchas difamaciones; nos quieren englobar bajo el nombre de “millenials” algunas personas que parecen no recordar lo que es ser joven y empezar a moverse en nuevos ambientes. El tiempo pasa y a nosotros nos toca cambiar junto con el mundo que también se transforma.

Vivimos una situación muy particular durante el sismo del 19 de septiembre de 2017. Enfrentamos juntos la tragedia y nosotros, que hemos sido señalados como una generación de flojos, apáticos, mediocres, desganados, deprimidos, caprichosos, malcriados, superficiales, herejes, licenciosos e incapaces de soportar la tiranía de los superiores, salimos a las calles, nos arriesgamos ayudar, transmitimos la información y organizamos todo lo que pudimos para aminorar el desastre.

Ahora debemos tratar de remover los escombros de la discriminación, el maltrato, la marginación y la explotación. Nos corresponde hacer un esfuerzo para acabar con el racismo, el clasismo, el elitismo, el sexismo, la misoginia, la homofobia, la transfobia, la misantropía y la tiranía. Tenemos que intentar lo que las generaciones anteriores se han propuesto a su modo: ser mejores. El privilegio que se nos otorga en esta ocasión, concluir una licenciatura, puede servir para predicar una convivencia de amor, pluralismo, ética y compromiso social.

Recuerdo bien cuando nuestro profesor de Dinámica de grupos nos explicó cómo los integrantes de un conjunto no se reduce solamente a los que están presentes, sino que las personas cargamos dentro de nosotros la figura de otros tantos que ayudaron a construirnos, figuras que pesan. Nuestro maestro de Motivación y emoción diría: “Estamos parados sobre hombros de gigantes”.

Ahora quiero dirigir mis agradecimientos a todas aquellas personas que con su presencia o ausencia permitieron que llegáramos hasta aquí. Ante todo, gracias a nuestros padres y a nuestras madres, a nuestra familia, a quienes han trabajado por nosotros. Dedico una mención especial a nuestros seres queridos que fallecieron, aquellos que no lograron vernos como psicólogos graduados. Gracias a los que fueron pacientes y a nuestros terapeutas; a nuestros maestros y a nuestros guías; a los nuevos amigos de estos cuatro años y medio, y a los viejos amigos que se quedaron. Gracias al aprendizaje y a la verdad. Gracias a los que creen en nosotros.