Sobre el psicodiagnóstico y el conocimiento profundo del funcionamiento mental

Por Ana María Wiener

Frecuentemente, en la calle, en el trabajo o en lugares públicos, escuchamos a personas usar el término «neurótico» para referirse a quien reacciona impulsivamente, con violencia o ansiedad sin realmente conocer su significado. Este se relaciona también con “locura” y se le usa genéricamente. Otras personas utilizan la palabra «border» o «fronterizo» cuando alguien se comporta de forma cambiante o inestable en la vida cotidiana. Paradójicamente, en la consulta privada, muchos especialistas de la salud mental suelen tener problemas al emitir diagnósticos para identificar las psicopatologías de las personas que los consultan. Es cierto que no existe una patología pura y eso complica aún más la tarea de diagnosticar. Vemos personalidades que combinan distintos tipos de rasgos o de funcionamientos mentales.

 

En psicoanálisis preferimos discriminar tentativamente los procesos de funcionamiento psicodinámico antes que movernos con categorías diagnósticas que encasillen o prejuicien nuestra comprensión sobre los pacientes. La psiquiatría se basa, fundamentalmente, en cuadros diagnósticos muy específicos para determinar que una persona padece una psicopatología específica. Estos esquemas suelen referirse a la existencia de ciertos síntomas y conductas. Se apoyan en lo fenomenológico, en lo observable. Psicoanalíticamente hablando, tomamos en cuenta estas observaciones provenientes de la psiquiatría y agregamos la dimensión psicodinámica que atañe al conocimiento profundo del funcionamiento psíquico, a fenómenos mentales inconscientes, metapsicológicos. Si estudiamos cuidadosa y detenidamente las operaciones psíquicas que presenta cada grupo de trastorno mental, podremos no solo reconocer la patología, sino también el tipo de intervención adecuada.

 

En efecto, la técnica depende del tipo de personalidad y escucha que tenga el paciente. No se le habla de la misma manera a una persona deprimida que a un paciente narcisista. La dinámica de su psiquismo manifiesta procesos específicos que conviene saber cómo abordar. El propósito es que la elaboración diagnóstica no sea un proceso ingenuo ni confuso. Estamos conscientes de que esta capacidad está altamente influida por el entrenamiento personal, por lo modelos teóricos preferidos y por el nivel de experiencia que cada especialista tenga. Sin embargo, creemos que hay puntos de referencia que orientan adecuadamente al especialista para identificar estados mentales perturbados. Por ejemplo, preguntas que uno puede hacerse como ¿qué tipo de mundo habita esta persona?, ¿qué tan dispuesto está a escuchar lo que le proponemos?, ¿cuáles son las motivaciones inconscientes y emociones que predominan en su vida y en su forma de ser?, ¿cómo percibe a las personas que lo rodean?

 

Lleva tiempo conocer todos los aspectos que componen la personalidad total del paciente. A pesar de ello, los primeros encuentros son cruciales para detectar y percibir el patrón de relación que establece, el impacto que produce en el terapeuta, cómo se presenta y no solo qué hace o dice concretamente. Conforme se logra mayor contacto se amplía la comprensión de áreas de su mente que no se expresaron en esos primeros encuentros. De igual manera, la «visión binocular», que Bion formuló, es una propuesta que permite tener a la vista dos perspectivas distintas sobre el mismo objetivo o asunto y que al integrarlas se consiga mayor profundidad y complejidad en su comprensión. Podemos pensarlo como un ideal, sobre todo si se trata de visiones contradictorias. No pensemos al diagnóstico como un destino, sino como un proceso continuo y cambiante durante la evolución del tratamiento. Conviene que cada especialista cuente con la sensibilidad y plasticidad necesarias para adaptar su técnica en cada momento que aparezca un modo de funcionamiento mental distinto al que tenía contemplado.

 

Algunos tipos de psicopatología se presentan con mayor frecuencia en la clínica psicoterapéutica en estas décadas del nuevo milenio. Entender sus manifestaciones, en todos los niveles, proporciona las herramientas para comprender mejor cómo ayudar a estos pacientes.

 

Este diplomado ofrece a los interesados, en una atmósfera de trabajo serio y dedicado, mirar cada patología con empatía y comprensión respecto de lo que vive cada persona que la padece. Además, les ayudará a comprender el impacto del diagnóstico en la práctica clínica. ¿Cómo podemos hacer mejores diagnósticos para ofrecer intervenciones que se ajusten a ellos?

 

Te invitamos muy cordialmente a ser parte de este interesante proyecto de trabajo que inicia el 17 de mayo y durará 9 meses. ¡Te esperamos!

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