Sobre el mecanismo de la identificación

Por Marta Bernat

 

El mecanismo de la identificación tiene un valor central en la historia del psicoanálisis, no solo para la comprensión del psiquismo, sino también para el desarrollo psicosexual, la formación de síntomas y la personalidad. Juega un papel importante en la formación del yo, el superyó y el ideal del yo, así como en la formación del carácter y la identidad, donde se da un interjuego constante entre el sujeto y el objeto.

La identificación es un concepto complejo que se ha prestado a diversas interpretaciones y significados, dando origen a controversias y confusiones. Muchas veces, se tiende a equipararla con la internalización, la incorporación o la introyección, asociándola con conceptos de la psicología como la empatía, la imitación, el contagio mental, las proyecciones, etcétera. Autores como Sigmund Freud, Melanie Klein, Ronald Fairbairn, Edmund Jacobson, Charles Rycroft, William Meissner, León Grinberg, entre otros, se han dado a la tarea de estudiarla.

Al ser un tema muy amplio, pretendo abordarlo desde cómo la identificación ayuda a la formación y la consolidación de la estructura básica de la personalidad. Freud ha hablado sobre el tema en distintos artículos y con distintos sentidos; yo hablaré de dos tipos de identificación.

Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis definen la identificación como un “proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de este” (1967/2019, p. 184).  Es decir, una persona que se identifica con otra, se va a parecer a ella. 

Freud habla de variedades distintas, como la identificación histérica, la identificación en el varón homosexual o la identificación en la melancolía. Como parte del proceso de la formación del psiquismo, plantea dos tipos de identificaciones: primaria y secundaria.

La identificación primaria constituye la forma más primitiva del enlace afectivo entre una madre y su bebé. Tiene características orales y de incorporación, donde el bebé “desea tragarse a la madre” y, de esta forma, llevarla adentro, recreándola en su yo. El objeto amado y anhelado se incorpora por devoración y, al hacerlo, se llega a ser “igual” al objeto. Esta identificación ocurre antes de que se establezca el límite entre el self y el objeto.

En la identificación secundaria el sujeto toma un rasgo de la persona con la cual se identifica. Por ejemplo, el hijo puede tomar del padre la pasión y la constancia por el trabajo; entonces, cuando el jefe le pida trabajar en fin de semana, no le molestará, ya que tiene una identificación con aquel padre trabajador. En este caso, el sujeto se identifica con rasgos, atributos, cualidades, intereses, síntomas y defectos, sin que ocurra una pérdida de la identidad, es decir, hay una diferenciación entre el self y el objeto. Este tipo de identificación tiene que ver con la admiración, el amor y la estima por el objeto, cualidades que adquiere el propio self

Los primeros objetos con los que se relaciona el bebé son los padres. Después, el círculo se amplía a hermanos, tíos, abuelos, primos, maestros, amigos, colegas, jefes, etcétera. Todos ellos se pueden convertir en objetos de identificación y esto contribuye a la formación y enriquecimiento de la personalidad. Cabe aclarar que el sujeto también se puede identificar con rasgos del carácter que puedan considerarse defectos, tales como la arrogancia, la obstinación y la impulsividad, lo cual puede llegar a ser una fuente de conflictos en la vida de la persona. Por ejemplo, es común escuchar: “Yo soy igual de necio que mi abuelo”.

La identificación secundaria está ligada al ideal del yo, es decir, a lo que el sujeto admira y desea tener de los padres, de la familia, de la sociedad y de otros representantes de los ideales colectivos. Por ejemplo, ser abogado, al igual que el padre y el abuelo. También tiene que ver con los valores; un ejemplo puede ser que en una familia sea mal visto si alguien no es deportista, entonces, el deporte llega a convertirse en un elemento importante para la elección de pareja. Las personas se relacionan porque poseen características comunes.

A partir de la segunda tópica del aparato psíquico, Freud habla del complejo de Edipo como un elemento estructurante del sujeto y lo describe en términos de identificaciones: el niño tiene que abandonar los lazos eróticos con los padres e identificarse con ellos.

Uno se puede identificar con ciertos rasgos de la persona o con la persona en su totalidad. Esto último habla de patología, pues cuando el sujeto se convierte en el otro, ya no hay un límite claro entre quién es uno y quién es el otro, lo que puede ocasionar grandes confusiones y trastornos en la personalidad.

Grinberg señala que es importante no confundir la identificación con la elección objetal; es decir, cuando el niño se identifica con la madre, “quiere ser como su madre”, y cuando la convierte en objeto de su elección, “desea poseer a su madre”.  Luego el niño desplaza ese deseo a otras mujeres, se identifica con la masculinidad del padre. Ambos procesos son independientes uno del otro. 

A veces, la elección objetal puede hacer una regresión a la identificación: para compensar la pérdida de un ser querido, el sujeto se identifica regresivamente con este. Por ejemplo, frente a la muerte de un hermano, pueden tomarse sus características y convertirse en él.

Para concluir, la identificación es un mecanismo inconsciente, aunque puede tener componentes preconscientes y conscientes significativos. No denota una simple imitación; más bien, se refiere a una apropiación. La identificación se da con un objeto con quien se tiene un lazo afectivo; tiene que ver con la constitución del sujeto y está íntimamente relacionada con los vínculos que hacemos. Las identificaciones implican una reorganización selectiva de deseos, patrones de conducta, capacidades y, también, de identificaciones anteriores. Por todas estas facetas, es un concepto fundamental en el psicoanálisis contemporáneo.

 

 

Referencias

Freud, S.  (1992).  Introducción del narcisismo. Obras completas, (vol. 14). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1914).

Freud, S.  (1992). Psicología de las masas y análisis del yo. Obras completas, (vol. 18). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1921).

Grinberg, L. (1985). Teoría de la identificación. Tecnipublicaciones.

Laplanche, J. y Pontalis, J. B. (2019). Diccionario de psicoanálisis. Paidós. (Obra original publicada en 1967).

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