La transferencia y su evolución en el pensamiento freudiano

Por Karina Velasco Cota ©

Hoy en día nadie podría cuestionar la importancia del concepto de transferencia en la teoría y en la técnica psicoanalítica como uno de los pilares fundamentales que sostienen nuestra práctica. No obstante, es también una idea que se ha ido transformando y enriqueciendo desde los primeros advenimientos en la mente de Freud y durante todo el desarrollo de su teoría, generando en el pensamiento psicoanalítico subsecuente líneas divergentes de comprensión y, por lo tanto, variaciones en el manejo técnico de la misma.

Desde sus primeras experiencias con el tratamiento de mujeres histéricas, Freud advirtió que las pacientes desarrollaban sentimientos afectivos, románticos y a veces eróticos hacia la persona del médico y que, si bien es cierto que estos sentimientos favorecían en cierta medida al tratamiento, la mayoría de las veces terminaban dificultando la capacidad de recordar de las pacientes y, por lo tanto, obstaculizando la cura de los síntomas que las aquejaban. Sin embargo, no fue sino hasta 1893 que Freud escribió por primera vez acerca de la transferencia con una connotación propiamente psicoanalítica ‒aunque aún limitada‒. En Estudios sobre la histeria (1893) explica este fenómeno debido a una mésalliance o enlace falso con el contenido de un deseo perteneciente al pasado, que en busca de satisfacción, se enlaza a la persona del médico en el presente.

Estas primeras nociones sobre la transferencia se verían desarrolladas gracias a lo que Freud consideró posteriormente un desacierto técnico, del cual habla ampliamente en el epílogo de Fragmento de análisis de un caso de histeria (1905) que sería considerado el texto que inauguraba propiamente la teoría sobre la transferencia. Se trata del historial clínico de Dora, una paciente de 18 años que padecía tos nerviosa y afonía, cuyo tratamiento fue interrumpido abruptamente por ella misma tres meses después de haberlo iniciado. Una vez concluido el tratamiento, Freud pudo inferir que Dora, bajo el espejismo de sus recuerdos y fantasías, no podía hacer más que desconfiar de las intenciones de su médico, como antes lo había hecho de su padre y de otro hombre, el Sr. K, por quienes se había sentido profundamente traicionada y abandonada. En el contexto de la situación actual con Freud, Dora había revivido el deseo de venganza hacia esos hombres y puso fin al tratamiento.

A partir de ese momento, Freud concibió la transferencia como un fenómeno de sustitución en donde una serie de vivencias psíquicas pertenecientes al pasado, es decir, a la vida sexual infantil con sus matices tiernos y hostiles, son revividas en el vínculo actual. Así, la transferencia comparte una relación estrecha con los sueños: el deseo albergado en el inconsciente libra la censura de la resistencia al adherirse a impresiones recientes aparentemente indiferentes; en el sueño estas impresiones provienen de los restos diurnos y en la transferencia de la relación actual con el analista.

Ya desde entonces Freud había advertido que donde opera la transferencia hay un fragmento de la vida pasada del paciente que no está siendo recordado sino actuado en forma de repetición, provocando una distorsión de la realidad objetiva del paciente. Es decir, a través de la transferencia los viejos conflictos se reactualizan una y otra vez, se repiten, pero esta vez en una nueva versión, de manera similar como sucede con las obras de Shakespeare, cuyos dramas a pesar del paso de los años se siguen reproduciendo en películas y novelas como si se tratase de primicias.

A partir de tales inferencias examinadas en Recordar, repetir y reelaborar (1914) la transferencia queda inscrita como un fenómeno de repetición. No obstante, Freud observó que los deseos eróticos prohibidos e inconscientes de las pacientes histéricas no era lo único que podía observarse en la transferencia: los pacientes también repetían constantemente en dicho vínculo afectos intensamente dolorosos y muy poco placenteros. Gracias a esta observación ‒y la de otros dos fenómenos más como los sueños de pacientes aquejados por neurosis traumática y el juego infantil‒, Freud concluyó que detrás de la transferencia se encontraba la compulsión a la repetición y que dicha compulsión no podía estar al servicio del principio del placer sino de la pulsión de muerte. Esta aseveración inauguró un segundo tiempo en el pensamiento freudiano y abriría paso al entendimiento de una dualidad: Eros (amor) y Tánatos (muerte).

Ambos aspectos de la esencia humana encontrarán su correlato en la transferencia; en parte el paciente entablará con el analista un vínculo afectivo que le permitirá emprender la labor analítica y la comprensión de sí mismo, pero al mismo tiempo, se ocupará repetidamente de desvirtuar ese vínculo, distorsionándolo y alejándolo de su propósito terapéutico.

Freud fue capaz de revelar el fenómeno de la transferencia y vislumbrar su utilidad en el proceso psicoanalítico. Dejó también la puerta abierta para que otros teóricos se ocuparan del tema desde diferentes perspectivas: Jacques Lacan, por ejemplo, otorgó a la transferencia un lugar importante dentro de sus postulados, concibiéndola como una relación imaginaria y narcisista de la cual el analista debe descolocarse para acceder al orden simbólico. Melanie Klein, por su parte, gracias al trabajo con niños pequeños, pudo comprender la transferencia como un fenómeno ampliado y estableció que ésta tiene su origen en los mismos procesos que dan lugar al desarrollo de las relaciones de objeto en la vida temprana, más que una repetición; Klein comprendió la transferencia en términos de la externalización de la fantasía inconsciente y del mundo interno. La autora también se opuso a la idea planteada por Freud acerca de que ciertos pacientes no eran candidatos a psicoanálisis debido a una inviabilidad transferencial, lo cual posibilitó el trabajo con pacientes no neuróticos y una evolución en la comprensión de la psicosis. Más adelante, Winnicott, Bion, Meltzer (quien incluso plasmó la descripción del proceso analítico a través de las vicisitudes de los fenómenos transferenciales), entre otros autores, realizarían valiosas aportaciones en la comprensión de este tema que, desafortunadamente exceden las limitaciones de este artículo.

Sin embargo, más allá de las divergencias entre las diferentes escuelas y teorías psicoanalíticas, Freud instaló un punto de encuentro para todas ellas: la transferencia no es producida por el proceso psicoanalítico, sólo se presenta en el curso de dicho proceso como también se presenta en otros ámbitos y en otras relaciones gracias a la dialéctica entre “realidad y fantasía, consciente e inconsciente, presente y pasado” (Etchegoyen, 2009: 111). La diferencia radica en que dentro del vínculo analítico, gracias al establecimiento de ciertas condiciones que sirven como marco de referencia, la transferencia puede y debe ser explorada, develada y comunicada al paciente para que éste pueda alcanzar un mejor entendimiento de su acontecer psíquico. De manera que no sólo se trata de un fenómeno esperable en el trabajo analítico y la máxima resistencia, sino un instrumento del que el proceso se sirve para su labor terapéutica, convirtiéndose así, en palabras de Freud, en “la pieza decisiva” y “el campo de batalla” del trabajo psicoanalítico.

Referencias

Etchegoyen, H. (2009). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1893). Estudios sobre la histeria. En Obras Completas. Vol. II. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1900). La interpretación de los sueños. En Obras Completas. Vol. V. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1905). Fragmento de análisis de un caso de histeria. En Obras Completas. Vol. VII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1910). Cinco conferencias sobre psicoanálisis. En Obras Completas. Vol. XI. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1912). Sobre la dinámica de la transferencia. En Obras Completas. Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1913). Sobre la iniciación del tratamiento. En Obras Completas. Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1914). Recordar, repetir y reelaborar. En Obras Completas. Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1915). Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. En Obras Completas. Vol. XII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1916-17). Conferencias de introducción al psicoanálisis. En Obras Completas. Vol. XVI. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

(1920). Más allá del principio del placer. En Obras Completas. Vol. XVIII. Buenos Aires: Amorrortu, 2008.

Ortiz, E. (2011). La mente en desarrollo: Reflexiones sobre la clínica psicoanalítica. México: Paidós.