La psicología y las humanidades: caminos que se tocan y enriquecen

Ana Livier Govea

Por lo general, se tiende a pensar en las humanidades como un conjunto de saberes que no producen dinero o ningún tipo de bien material. Saberes que carecen de rigurosidad científica, los cuales quedan obsoletos frente a la demanda del mundo instrumental, tecnológico y financiero actual.

En ocasiones la palabra humanidades se relaciona con cátedras áridas y tediosas que versan sobre conceptos intangibles y poco útiles a la hora de querer levantar un emporio empresarial, construir vialidades o diseñar chips neuromórficos. Por tal motivo, muchas veces se opta por estudiar cosas más “serias”, como alguna ingeniería o una licenciatura del área de negocios y finanzas. Incluso algunas instituciones educativas eliminan asignaturas del área de las humanidades, por considerarlas llenas de conocimientos que no se ajustan a la realidad práctica y tangible.

Ninguna novedad. Francis Bacon pensaba lo mismo, ya desde principios del siglo XVII afirmaba que los saberes conocidos como humanidades se oponían al “productio y potentia”. A partir de esta canónica afirmación se abre una grieta que segrega a los saberes artísticos, filosóficos y literarios, entre otros, los cuales en algunos campos, aún en la actualidad, tienden a mirarse como saberes “de relleno” y no como conocimientos indispensables, invaluables y sumamente urgentes.

Pero miremos más a detalle. En primer lugar, es preciso aclarar que humanidades y humanismo no tienen el mismo significado, a pesar de que ambos conceptos han quedado ligados por un profundo vínculo intelectual. Se denomina genéricamente humanidades (del latín humanitas) al conjunto de disciplinas relacionadas con la cultura humana. Esto implica una mirada a la diversidad de expresiones culturales, religiosas y filosóficas de la humanidad. Por lo tanto, su riqueza no reside en los poderes técnicos o económicos que puedan producir, sino en el reconocimiento de la complejidad cultural y el enramado que se entreteje en la particularidad del ser humano.

Entre las disciplinas o campos de estudio que pueden considerarse como parte de las humanidades se encuentran: filosofía, lingüística, semiología, literatura, historia, antropología, sociología y los estudios de arte (artes plásticas, artes escénicas, música), entre otras.

Por otro lado, el humanismo hace referencia a la tradición filosófica del Renacimiento que dio paso al periodo histórico europeo mejor conocido como modernidad. El impacto histórico del humanismo provocó un despertar del conocimiento que facultó a la humanidad para ampliar sus horizontes, le permitió atravesar culturas, religiones, cosmogonías. Una tradición que estimuló la apertura para pensar desde los confines más secretos y sublimes del ser humano.

Habría que preguntarse, pues, ¿cuál es el papel y vigencia de las humanidades como medio de reflexión sobre el presente? ¿Por qué la urgencia de convocar nuevamente estas disciplinas en lo concerniente al futuro que esperamos? ¿Cuál es el objetivo de estudiar la cosmología inca, por ejemplo? ¿O qué propósito tiene saborear El aleph de Borges, los poemas de Pizarnik o los tormentos pictóricos de Edvuard Munch? ¿Cuál es el valor agregado de leer a Sófocles y entender que a veces la vida no es más que un mito personal?

La respuesta a estas y otras preguntas de la misma índole sería: aproximarse al conocimiento del ser humano a partir de sus manifestaciones más sensibles, más refinadas y abstractas; reconocer la importancia de los ideales humanizadores, las pasiones intrínsecas que mueven al mundo, pasiones que ningún nanocircuito será jamás capaz de replicar, entender o procesar.

Por fortuna, en los últimos años ha resurgido el reconocimiento de la necesidad imperiosa de los estudios multidisciplinarios. Científicos, académicos y profesionales en general coinciden en que la educación está inmersa en todos sus niveles y en que, por lo tanto, es necesaria la construcción de puentes que unan las ciencias y las humanidades. Sin ir más lejos, la ciencia es un producto social resultado de los desarrollos de múltiples sujetos, los cuales han sido atravesados por la historia, así como por distintas teorías del pensamiento, ideologías y epistemologías a partir de las cuales se han producido diversas disciplinas.

La psicología es una de estas disciplinas que hace un llamado a la comprensión multifactorial de la complejidad del ser humano, de su pensamiento, sus interacciones, sus afectos y emociones, su mundo interno y su implicación social. La psicología accede al estudio de estos y muchos otros fenómenos desde distintos vértices. Y es en la interdisciplina que se van sumando saberes, ideas y curiosidades que permiten dinamizar el proceso de comprensión, creación y construcción del conocimiento, puesto que, mientras hay disciplinas que se encargan de investigar el origen del universo y de los hoyos negros, otras centran sus esfuerzos en investigar las aspiraciones del corazón humano y en recorrer sus paisajes anímicos.

Vivimos en una era que atraviesa por cambios sin precedentes. Nos preguntamos por el futuro, pues el presente encierra como un sortilegio inquietantes incertidumbres. Por lo tanto, el papel de las humanidades reside en la comprensión de esta situación histórica y de nuestra condición humana frente a ella, de tal suerte que es necesario preservar los legados intelectuales y artísticos de momentos pasados, así como comprender la sensibilidad de la expresión literaria para percibir nuevos lenguajes y formas de comunicación. La psicología y las humanidades son saberes que se unen y entrelazan para abrir nuevas posibilidades al conocimiento, la expresión y el desarrollo humanos.

 

Referencias

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Rivero Franyutti, A. (2013). ¿Qué son hoy las humanidades y cuál ha sido su valor en la universidad? Revista de la educación superior, 42 (167): 81-100.

Subirats, E. (2014). El lugar de las humanidades. Teoría y crítica de la psicología 4: 180-185.