Imagina a… (La vida en tiempos de pandemia y por qué cuesta trabajo el cambio)

Por Nadezda Berjón M.

Imagina a quien iba a ir a los Juegos Olímpicos de Tokio por primera vez, imagina a quien iba a despedirse con su última participación.

Imagina a quien ahorró varios años y esta Semana Santa iba a poder visitar a su hermana, que vive en otro país, después de años separadas.

Imagina a los jóvenes que concluirán la preparatoria y no podrán despedirse, con los rituales pertinentes, después de tres años de pertenecer al mismo colegio y grupo de amigos.

Imagina a quien acaba de perder a un ser querido y no puede velarlo, ni siquiera acercarse a su cuerpo, ahora inerte.

Imagina quien iba a celebrar su boda en primavera.

Imagina a quien iba a debutar esta temporada en el futbol profesional.

Imagina a quien a inicios de este año puso un negocio de comida.

Imagina a quien está dando a luz un bebé en soledad.

Imagina a quien está varado en un viaje de trabajo que se interrumpió.

Imagina a quien gastará sus ahorros en un hospital privado.

Imagina a quien ya quería independizarse de su familia.

En estos tiempos de emergencia sanitaria, todos hacemos sacrificios, ponemos pausa a proyectos y rutinas, sueños y expectativas, incluso a vínculos y socialización en general. Para muchos, será una anécdota cargada de frustración y dolor. Para otros, un punto de inflexión quizá traumático o, al contrario, transformador.

Honrando la memoria de Freud, que vivió la Gran Guerra y los inicios de la Segunda Guerra Mundial, y optó por escribir sus textos metapsicológicos en una pausa justamente ocasionada por la batalla entre naciones, propongo pensar en algunos conceptos de su teoría estructural para entender un poco por qué este tiempo dispara reacciones tan diversas en unos y otros.

Para este fin, me apoyo en el psicoanalista canadiense Donald Carveth (2018), quien amplía el modelo estructural yo-ello-superyó (Freud, 2013/1923) agregando dos instancias más: conciencia y yo ideal, que Freud tomó como parte del superyó.

Carveth (2018) propone que el yo ideal, heredero del narcisismo primario, regula la autoestima al comparar al yo real con los ideales. En contraposición, la conciencia parte del amor al objeto, la posibilidad de preocuparse por el otro (retoma a Winnicott y a Klein para este concepto). Es decir, mido mi self en relación con los ideales (el atleta y los olímpicos, cómo se imaginó a sí mismo y el trabajo que implicó llegar hasta ahí; el joven a punto de independizarse y que no puede hacerlo, sintiéndose pequeño, impotente) pero también en cuanto a mi responsabilidad para con los demás (sacrificarse por el bien común, aislándose por interés en el bienestar general, no solo el propio).

Por su parte, al superyó le corresponde la cultura internalizada, reglas y modos, lo que se aprende que está bien o mal (“debo guardarme porque así lo dice la Presidencia”; estar atentos a nuevas órdenes desde los altos mandos; ser puntual en las medidas recomendadas).

Si partimos de esta línea, podemos ver cómo una reacción, actitud o postura se vinculan de modo estrecho con la instancia que está a la cabeza, por ejemplo, ¿acato las normas de sana distancia y aseo porque así dicen que se tiene que hacer y soy obediente con las reglas (superyó)? ¿Lo hago porque me importa cuidar a otros, aquellos en el grupo más vulnerable (conciencia)? ¿Acaso temo morir y por eso no salgo (yo) o es para que me vean y admiren por ser recto y serio (ideal del yo)?

Cuando salgo a la calle, a pesar de las restricciones, ¿se debe a un deseo de satisfacción que no quiero frustrar (ello)? ¿A que no puedo interrumpir mi programa de entrenamiento físico (yo ideal)? ¿Debo vigilar a otros y amonestarlos si los encuentro llevando a cabo actividades de ocio en la calle (superyó)? ¿O temo que mi novio deje de quererme si no nos vemos por algunas semanas (yo: dejar de existir o yo ideal: dejar de ser amado)?

¿Desde dónde se viven las pérdidas y restricciones? Quizá como una pérdida sin remedio, de modo catastrófico (¿el yo temiendo por su supervivencia?); como oportunidad de adaptarse a la nueva situación (¿el yo guiado por cuál instancia: yo ideal?, ¿conciencia?); a modo castigo (superyó) o desde la imposición injusta de la autoridad (ello, deseos infantiles que quedan zanjados).

La psicoterapia psicoanalítica en tiempos de crisis asiste en la comprensión de estos posibles escenarios que, naturalmente, producen dolor, malestar e incomodidad a todos y que pueden ser pensados y elaborados. Por estas razones, Centro Eleia, por medio de su red de psicoterapeutas, brindará apoyo psicológico vía telefónica a partir del lunes 30 de marzo, para atender situaciones de crisis, angustia, depresión, claustrofobia, miedo, tristeza, o cualquier otra dificultad emocional ante las condiciones actuales. No dudes en llamarnos si requieres ayuda: 5661-2177 ext. 125 de 9 a 18 h de lunes a viernes; y de 9 a 13 h los sábados.

Referencias

Carveth, D. (2018). Psychoanalytic Thinking. A Dielctical Critique of Contemporary Theory and Practice. Nueva York: Routledge.

Freud, S. (2013). El yo y el ello. Obras Completas de Sigmund Freud. Tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original publicada en 1923).