Embarazo y adolescencia

Por Mariana Castillo

El embarazo es un acontecimiento que genera un gran impacto mental y emocional, y no se vive de igual forma en todas las mujeres, ni en todas las épocas de la vida. Desde la perspectiva psicoanalítica, la feminidad y la maternidad se relacionan con funciones complejas que requieren de un proceso de construcción.

Sabemos que la adolescencia es un periodo de cambios en la que la sexualidad y el cuerpo desempeñan un papel fundamental; por un lado, aparece la maduración biológica, la persona pasa de un cuerpo de niño o niña a uno que ahora le brinda mucho placer y que, además, se caracteriza por su fertilidad. Por el otro lado, vemos que la mente del adolescente funciona de una manera característica en la que está mucho más cerca de lo infantil que de lo adulto, lo cual conduce al joven a pensar que es omnipotente, que nada puede pasarle y privilegia la experimentación de placer ante todo lo demás. Los adolescentes pasan por sus primeras experiencias sexuales y, a pesar de contar con toda la información sobre educación sexual, llegan a realizar el coito sin protección pensando que están exentos de un embarazo o de cualquier otro peligro.

Las estadísticas revelan que cada año se presentan alrededor de 16 000 embarazos en jóvenes adolescentes. En México, en 2019, la tasa fue de 77 adolescentes embarazadas por cada mil jóvenes de 15 a 19 años. Desde la perspectiva psicoanalítica, el embarazo adolescente, al igual que cualquier fenómeno mental, no puede ser explicado por una sola razón; cada joven que atraviesa por ello tendrá una configuración diferente y dará una significación particular a su experiencia. Sin embargo, existen varias ideas que nos orientan en un intento de comprender qué sucede dentro de la mente adolescente cuando se tiene esa situación.

Donald Meltzer (1998) habló acerca de las dificultades y fuertes ansiedades que acompañan al proceso adolescente, en éste hay que hacer una serie de renuncias y reacomodos que implican mucho dolor, por lo tanto, algunos jóvenes se sienten incapaces de tolerar dicho desarrollo y buscan, inconscientemente, una salida rápida que los lleve a un estado adulto. Es importante aclarar que el adolescente tiene la idea de que la adultez tiene que ver con el estatus, con tener trabajo, dinero o posesiones materiales sin poder reconocer aún que, en realidad, todo eso es fruto de la madurez y el esfuerzo. Tomando estas ideas, algunos embarazos pueden aparecer unidos a la fantasía de que ser madre es un pase directo a la comunidad adulta, evitando así el curso de la adolescencia. Esta expedita vía de escape tiene un riesgo alto: si se huye al trabajo de la adolescencia, la mente no logra construir nuevos modos de funcionamiento, tendríamos entonces a una niña pretendiendo ser adulta.

Otra noción interesante se vincula con las fantasías que las mujeres construyen desde edades tempranas con relación al cuerpo y a la capacidad de crear bebés. De acuerdo con Lillo (2012), Klein describe la serie de ansiedades y fantasías alrededor del interior del cuerpo de la madre: al principio, la niña se tiene que enfrentar con la idea de que sólo mamá es capaz de engendrar bebés, lo cual le produce enojo y el deseo de destruir lo que no se puede tener todavía. Durante la adolescencia, se revive el temor de que el propio cuerpo y su fertilidad hayan quedado dañados, de manera que el embarazo y la existencia de un bebé cumplen la función de calmar esas ansiedades, al corroborar que el cuerpo no ha sufrido daños y conserva su capacidad de procrear.

Finalmente, se observa que las jóvenes continúan viviendo el conflicto adolescente de manera paralela al embarazo, ya que la mente sigue funcionando de ese modo, por lo que a veces, desde la parte infantil, el bebé representa un rival o un hermanito más que un hijo, es así que no pueden renunciar fácilmente a sus satisfacciones privilegiando las necesidades del bebé por encima de sus propios deseos, como lo haría una madre adulta. Recuerdo el caso de una adolescente que se enfurecía cuando no podía salir de fiesta con sus amigos, pues se tenía que quedar a cuidar a su bebé, acusaba a su propia madre de ser incomprensiva con ella cuando se negaba a cuidar del recién nacido, para que ella pudiera retomar su vida.

En general, se piensa que un embarazo adolescente causa un alto impacto emocional y psíquico, ya que la capacidad para ejercer la paternidad requiere del paso por la adolescencia, pues es en ella en donde se puede ir poco a poco reconociendo y agradeciendo la labor de los propios padres, a quienes se toma como modelo.

Referencias

Lillo, J. (2012) Embarazo, aborto y adolescencia. Una perspectiva psicoanalítica. Barcelona: Psicopatología, salud mental.  Recuperado de http://www.fundacioorienta.com/wp-content/uploads/2019/02/Lillo-Jose-19.pdf

Meltzer, D.; y Harris, M. (1998) Adolescentes. Buenos Aires: Patia.

Redacción (2019, 04 de abril). México, país de OCDE con más adolescentes embarazadas. Excelsior. Recuperado de: https://www.excelsior.com.mx/nacional/mexico-pais-de-ocde-con-mas-adolescentes-embarazadas/1307745

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