El valor de los sueños

Por Carmen Islas

Los sueños son la mejor forma de conocer la realidad psíquica de un paciente, sus deseos y su estado mental. En un principio, Freud pensó que cumplían una necesidad fisiológica de preservar el dormir; por ejemplo, si uno tiene que levantarse por la mañana muy temprano es común soñar que suena el despertador, nos levantamos, nos vestimos y estamos listos para salir a trabajar, hasta que la alarma vuelve a sonar y nos damos cuenta de que seguimos en la cama. En su obra La interpretación de los sueños (1900), Freud hace un análisis detallado de su funcionamiento y de sus características; ahí los define como la vía regia para conocer el inconsciente. Los deseos inconscientes a los que se refiere están relacionados con nuestra sexualidad infantil, la rivalidad, los celos, la sobrevaloración, la competencia, el deseo de triunfar sobre el padre. ¿Cuántas veces no hemos soñado que volamos o que conquistamos a la persona que nos gusta? Un paciente joven soñó que volaba. De forma consciente, aspiraba a ser piloto como lo fue el padre. De manera inconsciente, transformó un deseo infantil, omnipotente, de ganarle al padre. El volar representaba también sentir que estaba por arriba de lo demás; es un joven que se sobrevaloraba.

 

Después de Freud, fueron varios los analistas que ampliaron el estudio de los sueños como una forma de revelar conflictos ocultos. Bion, psicoanalista muy interesado en los vínculos tempranos y en el origen del pensamiento, describe los sueños como una manera que tiene la mente de elaborar las experiencias de la vida cotidiana, de generar significados y representar o pensar una experiencia que produce un cambio mental o un impacto en la vida cotidiana. Por ejemplo, una persona sueña que después de tomar demasiado alcohol en una fiesta, su hermano tiene un accidente. Ve que muere alguien que podría ser un amigo, ve gente llorando. Recuerda el sueño en su análisis y dice que lo dejó inquieto, pero que a partir de ese día se cuestiona si seguir tomando o no. Cada vez que se excede, piensa en su sueño y está decidido a dejar el alcohol. El sueño muestra también una conflictiva infantil, la rivalidad hacia el hermano; es decir, su deseo de que algo malo le pase, pero al mismo tiempo, un aspecto adulto que tiene la capacidad de pensarlo, como una señal de alarma que le hace frenar sus actuaciones, que lo cuida.

 

Una persona que recuerda sus sueños puede acercarse de una manera sensible a sus emociones y conocerse profundamente. Esa capacidad muestra un escenario psíquico que incluye objetos buenos, vivos, bondadosos que le permiten confiar en sí mismo; la mente tiene la capacidad de construir imágenes plásticas que representan la riqueza de su mundo interno, la capacidad de simbolizar y transformar sus vivencias cotidianas y otras que han sido parte de su historia. Después de un trauma, como el de la muerte de un familiar, pueden aparecer sueños repetitivos que vuelven a reproducir la escena traumática. Un sueño bastante común es soñar con la persona que acabamos de perder, como si siguiera con vida. Es una manera de aceptar la ausencia del ser querido y restablecer nuestra armonía.

 

Por el contrario, si una persona está llena de experiencias catastróficas, dramáticas y trágicas, es decir, vive un mundo de personajes negativos, peligrosos y amenazantes, es difícil que pueda sentirse seguro para construir sueños. Su mente estará rebasada, su capacidad para pensar dañada y será difícil que pueda encontrar un significado a sus conflictos. Son personas que necesitan expulsar de manera concreta sus vivencias. Incluso, sus sentidos quedarán imposibilitados para procesar las sensaciones corporales; lo que ve, oye y percibe estará distorsionado por sus ansiedades. No podrá soñar, ni imaginar otro escenario que lo calme. Con frecuencia, hacen referencia a malestares como dolores de cabeza, insomnio, sensaciones de opresión en el pecho. En lugar de describir sueños, narran pesadillas.

 

En el proceso analítico, se puede generar la capacidad de conectarnos con el mundo interno, rico en imaginación, fantasías y deseos, porque el conocimiento de uno mismo se vuelve muy atractivo. Los pacientes que antes se olvidaban de sus sueños y temían acercarse a sus experiencias emocionales logran hacerlo con ayuda del analista, que los acompaña y se interesa sin prejuicios en su vida, le da un significado distinto, transmite la confianza para reconocer los conflictos. Así, el paciente puede recordar sus sueños, hablar de ellos y enriquecer su mundo interno.

 

Referencias

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. Amorrortu.

Bion, W. (1966). Aprendiendo de la experiencia. Paidós.

Antar, R. A. y Bianchedi, E. (1999). Bion conocido/desconocido. Lugar editorial

 

Artículo del Diplomado «Escenarios psíquicos. Sueños, fantasía, transferencia» que inicia el próximo 27 de octubre de 2021