El psicoanálisis enriquece nuestras vidas

Por Mariana Castillo López

En un tiempo en el que la demanda de alternativas terapéuticas y de salud mental va en aumento, observamos la aparición de novedosas formas de tratamiento psicológico que prometen alivios rápidos y de mínimo esfuerzo. Como consecuencia de lo anterior, muchas personas que han considerado iniciar un proceso psicoanalítico piensan que es un método anticuado y que exige mucho para conseguir algo que se podría lograr por una vía más corta. Esta idea errónea sobre el psicoanálisis se debe a la ignorancia acerca de sus verdaderos objetivos terapéuticos, de la seriedad de su método y de los inigualables beneficios que se obtienen por medio de un análisis. Partiendo de ahí podríamos preguntarnos ¿por qué el psicoanálisis enriquece nuestras vidas?

La discusión acerca de los objetivos del psicoanálisis inicia a finales del siglo XIX con las aportaciones de Freud quien, por su formación médica, intentó en un principio eliminar los síntomas de adoloridos pacientes que lo consultaban. Su capacidad intuitiva y habilidades lo condujeron al descubrimiento del inconsciente, que se comprende como un aspecto de la mente al cual no se tiene libre acceso, pero que influye poderosamente en toda conducta, pensamiento o elección que llevemos a cabo. A partir de ahí, Freud encontró mayor interés en la serie de libretos inconscientes que orquestan la vida cotidiana y dio, de a poco, menor importancia a la eliminación de los síntomas, para tomarse el tiempo de escuchar el discurso de sus pacientes. Modificó también su método de intervención al abandonar la hipnosis para dar paso a la asociación libre y a la interpretación de la sexualidad infantil, así como a la transferencia y accedió al fascinante mundo interno de sus pacientes.

El psicoanálisis ha sufrido una evolución en la que se pone en juego el objetivo del método psicoanalítico, en el que es posible que el paciente acceda al inconsciente y pueda utilizar formas adecuadas para dar resolución a sus conflictos, los cuales se caracterizan por la contraposición de dos deseos opuestos. Klein y sus seguidores aportaron la idea de que el paciente en análisis tendrá también la tarea de adquirir responsabilidad psíquica a partir de la aceptación e integración de aspectos amorosos y sádicos presentes en todos nosotros.

Françoise Dolto explica que el psicoanálisis, a diferencia de otras psicoterapias, es un método de “búsqueda de una verdad individual” (1965, p.11) a la que la persona no puede acceder por si sola, por encontrarse, en parte, velada por el inconsciente. El analista, quien se ha entrenado para poder brindar al paciente una relación única, lo escuchará atentamente e intentará captar el lenguaje del inconsciente, el de las fantasías y lo invitará a internarse, en su compañía, en un mundo que le pertenece pero que desconoce.

Otros autores describen la correspondencia entre la manera en que las personas interpretamos las experiencias de la realidad externa desde una mirada particular, esta proviene de las historias internas y el lugar que ocupamos en ellas. Algunas personas, por ejemplo, tienen la certeza de que no son merecedores del amor de los demás. Actuarán y percibirán el mundo desde esa mirada y, a pesar de que alguien los ame, no podrán confiar en ello y tomarán cada experiencia de la vida como una confirmación de su incapacidad para ser amados. El psicoanálisis abre la posibilidad de que esas versiones de la vida sean modificadas transformando la forma de estar en el mundo.

El psicoanálisis ayuda al paciente, de inicio, a conocer con mayor profundidad y claridad la manera única en la que los conflictos se le presentan. A largo plazo, este puede renunciar a la fantasía ideal de poder habitar en un mundo libre de conflictos y acepta que estos son parte de la vida, de que no es posible erradicarlos, pero sí comprenderlos de una manera distinta, por lo que existe la posibilidad de generar cambios profundos. El analista no aporta nada nuevo; el que tiene la voz principal es el paciente y no puede ser de otro modo. Por esta razón, el psicoanalista no aconseja, no resuelve y no posee la verdad. Este entiende que la relación que establece con el paciente es única, porque en ella no ofrece una satisfacción o gratificación de los deseos y de las fantasías, sino la posibilidad de comprenderlos y de transformar la manera de vivir las experiencias del mundo.

Referencias

Roudinesco, E. (2000). ¿Por qué el psicoanálisis? Ciudad de México: Paidós.

Doltó, F. (1965). Prefacio. En La primera entrevista con el psicoanalista (pp. 10-12). Buenos Aires: Gedisa.