¿Cómo ha sido trabajar con niños? Mi experiencia durante la pandemia

Por Daniela Bustamante Rosas

Después de casi seis meses de confinamiento por la pandemia COVID-19 han sido varias las modificaciones que los psicoanalistas hemos tenido que implementar en nuestra manera de trabajar. El tratamiento psicoanalítico con pacientes niños se lleva a cabo de manera distinta que con los adultos porque con ellos utilizamos el juego como principal medio de comunicación.

Cuando tuve que comenzar a trabajar a distancia hubo momentos en los que me cuestionaba si iba a funcionar, si iba a poder hacerlo con la misma atención y si los pacientes podrían sostener el interés en sus tratamientos.  Al principio me resistía a dejar de ver en persona a mis pacientes, sobre todo a los pequeños, porque me era muy difícil imaginar cómo sería el trabajo a distancia.

En circunstancias normales el niño es traído por algún adulto a su sesión; paciente y analista permanecemos en el consultorio para jugar y trabajar con la caja de juego que ha sido designada para cada paciente. En cambio, con la situación del confinamiento los padres suelen conectar al niño por medio de una videollamada. En mi experiencia ha sido muy importante establecer ciertos parámetros en el encuadre de sesiones en línea:

  • que el niño esté solo en una habitación, de ser posible que sea siempre la misma;
  • que haya la mayor privacidad posible, sin interrupciones por parte de quienes se encuentren en la casa;
  • el niño elige previamente los juguetes o materiales que traerá a la sesión.

Estas condiciones favorecen la comunicación y el vínculo analítico, así como el despliegue espontáneo del juego infantil. Sin embargo, jugar y establecer un contacto cercano cuando no nos encontramos paciente y analista en el mismo espacio geográfico implica una serie de circunstancias que muchos de nosotros jamás imaginamos.

A veces el niño se aleja de la cámara y ya no se ve ni se escucha nada desde el lado del analista. En ocasiones, el paciente toma la sesión en una locación distinta o entran a la sesión personas que se encuentran en la casa: ha pasado que viene la mamá a buscar algo a la habitación, que de repente el hermanito llega llorando porque también quiere participar, que la nana viene a traerle algo de comer al paciente o que se escucha el ruido de lo que sucede en la casa. También ha pasado que el niño sale a buscar algo y se tarda bastante en regresar, o que viene a presentar a sus mascotas.

¿Qué hacer con todas estas situaciones que nunca habíamos anticipado en nuestras consultas? Es pertinente decir que la manera de trabajar con todas estas novedades es algo que no tiene precedente y que los analistas hemos tenido aprender a manejar con ingenio. Una recomendación que me hizo mi supervisora, quien me ha ayudado mucho a pensar en este tiempo, ha sido la de tratar de integrar todos y cada uno de estos sucesos al material de la sesión como parte del trabajo en la transferencia y la contratransferencia. Por ejemplo, cuando irrumpe el hermanito llorando, se puede explorar si el paciente percibe esto como una intrusión violenta o si se siente culpable de tener una “mamá- analista” mientras el otro se queda excluido; o cuando sale de la habitación y tarda en volver, podemos pensar si algo en el juego le generó algún tipo de ansiedad.  En este contexto una actitud demasiado rígida no permite seguir el ritmo de la sesión porque uno estaría más preocupado por todos estos inconvenientes que por seguir al niño en sus comunicaciones.

Mis experiencias con los niños durante la pandemia han sido de diversos tipos: hubo un niño de cinco años con el que no fue posible seguir trabajando a distancia, pues era difícil que estuviera siempre en la misma locación; a veces el internet fallaba y teníamos que reconectar. Cuando lo atendía presencialmente, hacía muchos juegos tipo fort- da con canicas; era un nene con temores a la separación y algunos indicios de depresión (irritabilidad, hipersomnia, episodios de autoagresividad).

Otra de mis pacientes, una niña de cinco años, curiosamente mejoró durante la pandemia. Antes de todo esto, iba mal en la escuela, decía mentiras y tenía problemas de disciplina; sus tardes estaban llenas de actividades extraescolares. Con el confinamiento su mamá se dedicó a pasar mucho más tiempo con ella; parece que la nena necesitaba eso. En sus sesiones ha estado muy expresiva, desplegando juegos que nunca había hecho. Algunos de ellos muestran una clara tendencia a identificarse con la madre y con aspectos femeninos; por ejemplo, jugar a estar embarazada y tener bebés a los que cuida. Estas expresiones lúdicas también pueden pensarse como una manifestación de sus fantasías con respecto a la escena primaria; de por sí los niños suelen tener muchas inquietudes en torno al tema. Esto con el encierro se exacerba porque todo el tiempo están cerca de los padres.

Otra nena de seis años con características fóbicas y tendencia a la ansiedad empezó a mostrarse aún más asustada con la pandemia. Para ella la distancia no ha sido un impedimento en términos de su necesidad y su disposición a jugar: suele reunir varios de sus juguetes favoritos y traerlos a la sesión; todos ellos son sus hijos, dos de ellos en especial suelen pelear bastante y hay otros más pequeños que se enferman de rotavirus. Entonces hay que atenderlos y llevarlos al hospital. Ella es madre y doctora a la vez.

En una ocasión, la paciente no tenía acceso a sus juguetes porque se estaban mudando; entonces trajo un envase de un lápiz labial de su mamá y ese fue el personaje central de la sesión. Era un artefacto para espiar que después derivó en un objeto mágico para curar y en una gimnasta que tenía miedo de que la vieran. Ella se las ingenió para jugar durante su sesión aunque no tenía juguetes a su disposición.

Ha sido común que en estos últimos meses los niños desplieguen juegos relacionados con enfermedad, contagio, hospitales, visitas al médico y, en ocasiones, muerte. Esto es un indicador de cómo la psicoterapia de juego les resulta de utilidad para que puedan expresar sus emociones y sus fantasías, entre ellas las que tienen que ver con el miedo que ha despertado la pandemia.

Finalmente, es importante hablar de lo necesario que resulta para los analistas contar con supervisión y grupos de estudio serios en los que exista la posibilidad de escuchar y dialogar con maestros y colegas, porque todos estamos implicados en la tarea de construir respuestas para las vicisitudes que ha acarreado la pandemia a nuestros consultorios.

Referencias

Klein, M. El Psicoanálisis de niños (1975). Amorrortu.

Lewin, M., Santos B. D. (2019). Niños deprimidos. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, No. 25.

Maghid de Ubaldini, L. (2015). Construyendo un dispositivo analítico posible. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, No. 17.

Rozenbaum, A. (2018). La fobia revisitada. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, No. 23.

Sirota, A. (2006).  Elaboración en psicoanálisis de niños. Controversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, No.1.