¿Cuándo es bueno iniciar un análisis?

Por Denise Block

Existen muchos motivos por los que una persona podría decidir iniciar un análisis. Por lo regular, asociamos el consultar con un psicoanalista ante el malestar emocional con ciertos problemas de salud mental. Es cierto que la mayoría de los pacientes buscan ayuda al presentar síntomas de depresión, ansiedad, ataques de pánico, fobias, obsesiones y compulsiones, por mencionar algunos.

Sin embargo, el malestar no tiene que ser grave o generalizado para tomar la decisión de iniciar un análisis. Muchas personas tienen la inquietud de comprender y conocer por qué les suceden ciertas cosas, por ejemplo, hay quienes tienen un buen desempeño en el trabajo, pero presentan cierto conflicto para relacionarse en la intimidad. También nos encontramos con sujetos que entablan buenas relaciones interpersonales, pero tienen dificultades en la vida laboral (con los colegas o sus superiores), otros a quienes les resulta complicado establecer relaciones sociales, y tienden a evadir el contacto con amigos o a participar en reuniones, e incluso salir de casa.

Algunas personas notan que, en sus relaciones de pareja, repiten ciertos patrones y, aunque no se explican por qué, terminan siempre en las mismas situaciones dolorosas o conflictivas. Otros, sin darse cuenta, “se meten el pie”, es decir, se involucran en un problema justo antes de dar un paso importante en la vida, como recibir un ascenso en el trabajo, terminar un grado académico, comprometerse con su pareja, etcétera.

Enfrentarse a una pérdida, a un duelo o un cambio importante, también puede ser un motivo más para solicitar la ayuda de un psicoanalista. No obstante, para varias personas no existe un malestar en particular, simplemente tienen una sensación de no estar al cien por ciento, de no disfrutar la vida con plenitud.

A pesar de que la mayoría de las veces pedimos ayuda cuando algo en nuestra vida no anda del todo bien, es cierto que existen también quienes simplemente tienen curiosidad por conocerse a sí mismos y por entender por qué piensan, fantasean, sueñan y hacen ciertas cosas.

El sufrimiento humano se manifiesta en un sinnúmero de formas y situaciones, con frecuencia, los seres humanos que se apegan mejor a un análisis son aquellos a quienes verdaderamente les duele algún aspecto en su vida, y tienen una fuerte motivación para comprender lo que les pasa.

Podría sonar trillado, pero para que una psicoterapia psicoanalítica funcione, el deseo de analizarse debe ser del paciente y no de algún familiar o de la pareja, o bien, de un colega o una institución, ya que un psicoanálisis implica entrar en contacto con partes de nosotros mismos que, muchas veces, no queremos ver; esto suele ser doloroso y hasta incómodo. Además, un análisis representa una inversión importante de tiempo y dinero, por lo tanto, para que el paciente persista, es indispensable que cuente con suficiente motivación y un deseo de cambio.

Si bien es cierto que acudir a un proceso analítico es una decisión importante, que requiere de trabajo, empeño y compromiso, también podemos pensar que es aún más caro y doloroso no hacer nada y continuar atados a nuestros conflictos, pues como diría Freud “nada es más costoso en la vida que la enfermedad y la estupidez”. En otras palabras, es recomendable y benéfico iniciar un análisis cuando impera el deseo y la curiosidad por conocernos a nosotros mismos.

Referencias

Freud, S. (1984). Sobre la iniciación del tratamiento. En Obras completas de Sigmund Freud. Buenos Aires: Amorrortu. (Obra original publicada en 1913).

Greenson, R. (1976). Lo que el psicoanálisis requiere del paciente. En Técnica y práctica del psicoanálisis. México: Siglo XXI.

Roudinesco, E. (2002) Por qué el psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.