Adolescencia: identidad, cuerpo y pensamiento

Siempre hay un momento en la infancia cuando

la puerta se abre y deja entrar el futuro (Graham Greene )

 

Por Oramayka Hernández

Antes de convertirse en adulto, todo individuo atraviesa por la adolescencia, una etapa que anuncia la despedida de la infancia y que ha sido estudiada desde diferentes perspectivas debido a la importancia que tiene. Durante este periodo se tienen actitudes y comportamientos que en otro momento de la vida se considerarían indicadores de alguna patología; sin embargo, se aprecian como normales durante la adolescencia. Es en este tiempo donde la identidad se construye, se inicia la separación de los padres, irrumpe la sexualidad y con ella se tienen las primeras experiencias sexuales.

 

La llegada de la adolescencia se acompaña de grandes cambios físicos y psíquicos, el cuerpo crece aceleradamente, llega la menstruación en la niña y el semen en el varón, aparece vello donde antes no había y reaparece la sexualidad que en un periodo anterior había quedado reprimida. El adolescente tiene el reto de reconocerse en este cuerpo nuevo y sexuado y despedirse del cuerpo del niño, lo cual implica llevar a cabo un duelo. Como ejemplo de este proceso se puede observar la forma en la que algunas adolescentes visten con ropa muy holgada de tal forma que pase desapercibido el aumento de los senos; otras utilizan ropa con ciertas características infantiles, como moños y listones, todo esto sucede porque el adolescente avanza poco a poco hacia la adultez y, en el proceso, le será necesario regresar a periodos previos en donde se sienta seguro.

 

Los adolescentes no solo se enfrentan a los cambios físicos, sino también en la manera en la que conviven con el mundo: aquellas figuras parentales omniscientes y omnipotentes que el niño creó frente a la necesidad de verse cuidado y protegido se acercarán a la realidad, lo que implica un duelo más ante la pérdida de aquellos padres de la infancia. Se cuestionan entonces todo aquello que representan estas figuras; por ejemplo, las reglas y normas, la sabiduría de los padres y maestros, ideologías, etc. Surgen en ellos ideas propias, aparentemente ajenas a su entorno.

 

Durante esta etapa el adolescente hace una elección sobre el rol que cumplirá socialmente; se puede asumir como hombre o mujer e identificarse con los aspectos del padre o la madre. La sexualidad será algo que estará muy presente; se despierta la curiosidad por el cuerpo del otro y se inician las primeras experiencias sexuales. Incluso estará presente en el lenguaje. En los grupos de los adolescentes esto se puede observar en los juegos, la forma en la que hablan y se relacionan entre sí.

 

El adolescente está en busca de descubrir quién es y tiene una gran necesidad de experiencias nuevas que lo lleven a autoconocerse. Para que esto ocurra es necesario que exista una separación de los padres; es común que el adolescente pase algún tiempo encerrado en su cuarto y con poco interés hacia las actividades familiares. En cambio, prefieren pasar más tiempo con su grupo de amigos, quienes se convierten en un aspecto muy valioso, pues se sienten acompañados y comprendidos en las nuevas experiencias. En el grupo de amigos se depositan las ansiedades y angustias que corresponden a esta etapa. En esta búsqueda por su identidad, es común verlos siguiendo a algún personaje, como actores, cantantes o grupos musicales de manera muy apasionada; los imitan en la forma de vestir y de actuar y fácilmente pueden cambiar de parecer. Es por ello que vemos transitar al adolecente por diferentes modas.

 

Ante los diversos cambios que el adolescente está viviendo, este periodo tiende a vivirse con caos; hay una variación importante en el estado de ánimo: el adolescente puede transitar fácilmente de la tristeza a un estado de alegría o de enojo. El embrollo de su mente puede verse manifestado en la dificultad para mantener orden en ciertas cosas, como su habitación.

 

Durante esta etapa los padres también viven su propio proceso: comienzan a ser menos indispensables y al mismo tiempo viven su propio duelo por la pérdida de su pequeño hijo. Frente a esto los padres pueden frenar el crecimiento del adolescente derivado de sus propias angustias.

 

La figura de los padres es de suma importancia. Si logran tolerar lo propio, tendrán la capacidad de impulsar la separación, brindando al mismo tiempo un espacio de confianza al que el adolescente puede volver para sentirse cuidado y protegido. Recordemos que el adolescente aún no es un adulto, por lo que oscilará entre el deseo de ser grande o regresar a ser un niño más pequeño, cuidado y protegido por los padres.

 

La adolescencia no solo es un momento de crisis y caos; es una etapa en la que se construyen aspectos importantes para la vida: las amistades se vuelven más cercanas y fraternales, se inician los primeros noviazgos y se toman las primeras decisiones importantes, como la elección de carrera. De esta manera el adolescente iniciará su camino hacia la vida adulta, convirtiendo estas vivencias en experiencias significativas.

 

Artículo del curso para la comunidad escolar «La transformación adolescente: identidad, cuerpo, pensamiento» que inicia el 4 de febrero de 2021