Conducta social y cuestiones sociales, libro «Introducción a la psicología». 2a. parte
PERCEPCIÓN Y PRESENTACIÓN SOCIAL
Nuestro bienestar depende también de los demás. Al mirar a otros, intentamos comprender las razones de la conducta humana. En esta sección se centra en las conjeturas de las causas de las acciones humanas.
Las personas tienden a buscar explicaciones sobre el comportamiento de los demás, especialmente cuando las acciones son intensas, inesperadas o relevantes para ellas. Este proceso de atribución ocurre incluso de forma inconsciente y varía en complejidad según la situación. A veces basta con poca información, pero en otras se requiere analizar múltiples factores personales y contextuales. Aunque se usan atajos mentales que pueden llevar a errores, las atribuciones son dinámicas y pueden volverse más precisas con el tiempo y la observación continua.
La conducta del observador
Las atribuciones que hacemos sobre los demás están fuertemente influenciadas por nuestras expectativas, esquemas y estereotipos previos, que moldean cómo interpretamos sus acciones. Estas ideas preconcebidas pueden hacer que ignoremos nueva información o la ajustemos para que encaje con nuestras creencias iniciales. Además, los juicios de otros también afectan nuestras atribuciones, y nuestras actitudes personales (como las creencias políticas o los valores culturales) influyen en cómo explicamos ciertos comportamientos. Es común cometer el “error fundamental de atribución”: atribuir las acciones de los demás a cualidades personales en lugar de considerar las circunstancias que los rodean.
Las personas tienden a justificar sus errores atribuyéndolos a factores externos, como el tráfico o problemas de último minuto, mientras que se adjudican los logros a cualidades personales. Esto se conoce como “prejuicio autoadjudicado”. Esta personas también suelen atribuirse más mérito en trabajos grupales y evaluar sus actos con más contexto del que tienen al juzgar a otros. Sin embargo, este sesgo puede estar motivado por el deseo de proteger la autoestima, evitar la vergüenza u obtener aprobación. No obstante, algunas personas caen en el “prejuicio autodevaluador”, especialmente mujeres o individuos deprimidos, quienes muestran un patrón opuesto. Ellos se culpan a sí mismos por los fracasos y minimizan sus éxitos.
La conducta del observado
Las atribuciones sociales se basan tanto en la información pública (comportamientos observables) como en la privada (pensamientos y sentimientos), pero las personas tienden a darle más peso a la información interna al juzgarse a sí mismas y a los demás. Este enfoque subjetivo hace que las impresiones sobre alguien coincidan más con lo que uno cree de esa persona y con las opiniones de amigos cercanos, que con su conducta visible.
Las atribuciones sociales dependen en parte de la conducta del observado, y se basan en distintos factores como la información pública (observaciones del comportamiento) y privada (informes referentes a los sentimientos y pensamientos), la distintividad de las acciones, la consistencia del comportamiento y el consenso social. Las personas tienden a interpretar las conductas considerando lo que otros piensan, sienten o hacen, buscando causas internas o externas según el contexto y las características del comportamiento observado.
Las atribuciones influyen directamente en la conducta y las emociones. Si alguien atribuye un fracaso a su propia incapacidad, puede conducir a la desmotivación, mientras que si lo atribuye a algo modificable como el esfuerzo, es más probable que actúe para mejorar. Las atribuciones también afectan las relaciones interpersonales, ya que interpretaciones negativas sobre los demás pueden reforzar conflictos, mientras que atribuciones que muestren comprensión por la situación del otro pueden fortalecer los vínculos.
Referencias:
Davidoff, L. (1989). Conducta social y cuestiones sociales. Introducción a la psicología. (pp. 645-682). McGraw-Hill.