La importancia del trabajo terapéutico con niños

Por Laura De La Torre

Trabajar terapéuticamente con niños no es solamente intervenir en sus síntomas o comportamientos llamativos: es acompañarlos en la construcción de un mundo interno que les permita pensar, sentir y relacionarse con mayor libertad. En la infancia, muchas veces los conflictos no se expresan con palabras, sino a través del juego, el cuerpo o la conducta. Por eso, el espacio terapéutico se convierte en un lugar donde el niño puede simbolizar lo que no logra decir, desplegar sus emociones y construir sentido.

El trabajo con niños requiere una sensibilidad y pericia particular, ya que el niño no es un ser aislado, sino que está inmerso en un entramado familiar. Comprenderlo implica ir desmenuzando las dinámicas emocionales y relacionales de su entorno, especialmente las de los padres o cuidadores primarios, cuyas fantasías, angustias y estilos de crianza inciden directamente en su constitución psíquica. Esta tarea exige construir un espacio clínico donde primen la escucha y el entendimiento, orientado a promover el desarrollo y no el juicio. Lo complejo del trabajo radica en que, aunque la intervención se realice directamente con el niño, inevitablemente se ponen en juego las transferencias de los adultos que lo rodean, y habrá que desarrollar las habilidades para saberlas manejar.

Además, cuando una intervención se realiza a tiempo, puede evitar el afianzamiento de estructuras patológicas y ofrecer herramientas para transitar conflictos evolutivos y vínculos complejos. El terapeuta se convierte así en un referente emocional que ayuda al niño a elaborar duelos, superar miedos, integrar experiencias y organizar su subjetividad.

La terapia infantil no es un espacio para que el niño “hable como un adulto”, sino un lugar donde su lenguaje —el juego, el dibujo o el silencio— sea escuchado con profundidad. Acompañar a un niño en su proceso terapéutico es una forma de cuidado que puede tener efectos transformadores para toda su vida.

Desde esta perspectiva, el juego no es solo una actividad lúdica, sino una vía privilegiada para acceder al mundo interno del niño. Por eso, invitamos al curso corto “La comprensión del juego del niño en la sesión psicoanalítica”, impartida por la Dra. Sara Dweck, un espacio de formación pensado para profundizar en el valor clínico del juego, sus sentidos y su potencia en el marco de la práctica psicoanalítica. Una instancia valiosa para quienes deseen enriquecer su trabajo con infancias desde una mirada sensible, ética y comprometida.

 

 

 

 

 

 

 

Compartir: