Reflexiones en torno a lo psicosomático

Conrado Zuliani

Como se mencionó anteriormente, en ocasiones, los terapeutas recibimos en consulta a pacientes que acuden a causa de algún tipo de padecimiento somático. Muchos de ellos son enviados por el internista, frecuentemente el médico les dice: “usted no tiene nada, vaya a ver a un psicólogo”. En realidad, el paciente sí tiene un padecimiento, que puede ser de carácter psicosomático o histérico-conversivo.

Ocurre también que algunos pacientes se enferman durante el proceso de análisis; no es raro que aparezcan complicaciones físicas durante el curso del tratamiento, como hipertensión, problemas de piel, incluso cáncer. A veces, hasta los analistas nos enfermamos al hacer nuestra labor clínica.

Pero, tangencialmente, el analista puede cubrir una función preventiva respecto a las enfermedades físicas de su paciente. Es decir, si bien, es parte importante de la actitud y las actividades analíticas lo que se conoce como “abstinencia” por parte del terapeuta, que consiste en no interferir al dar consejos, esto habrá de aplicarse mientras no haya un compromiso vital para el paciente. Hay situaciones en las que el analista sabe que no debe vacilar al aconsejar a su paciente que haga algún tipo de revisión médica o que consulte a determinado especialista. Por ejemplo, en una situación de duelo, en la que una mujer de cierta edad sufre una pérdida, si ésta es particularmente significativa para ella, no dudamos ni un segundo en recomendarle que se haga estudios ginecológicos, porque sabemos que los duelos no procesados a veces dejan marcas en el cuerpo. La experiencia determinará qué es lo que conviene aconsejar a la persona de acuerdo a cada situación.

Sería difícil decir que existe un prototipo tal cual del paciente psicosomático, ya que no convendría generalizar el carácter de un individuo, en menoscabo de la complejidad de la personalidad humana. Pero, ciertamente, se ha observado que muchas de las personas que generan enfermedades psicosomáticas, poseen un reconocimiento muy bajo –si no es que carecen de él– del nivel de tensión al que están sometidos, tanto externa como internamente. Son personas que parecen funcionar mediante disociaciones, por un lado, de la ansiedad en su vida diaria y por otro, de algunas señales que su cuerpo les envía: a veces, son deliberadamente negligentes con lo corporal. Tratando de describir una imagen en la que ocurra esto, dentro de situaciones de tensión, donde una persona trabaja doce horas al día, viaja tres horas en su auto para ir al trabajo y duerme solamente otras tres; este individuo sería así un candidato ideal para que su cuerpo necesite hacer una eclosión, dando origen a una enfermedad orgánica.

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