Diplomado “La agresividad: en el sujeto, en la familia, en la sociedad”

Por Conrado Zuliani

En 1932, dentro del marco de un intercambio epistolar, Einstein y Freud trataron de dilucidar desde su propio campo de estudio el porqué de la guerra, un cuestionamiento obligado ante la violencia que, sin duda, arrasaba los límites éticos impuestos por la cultura a la crueldad inherente a los seres humanos.

Si bien Einstein afirma en su carta a Freud que “… el objetivo normal de mi pensamiento no me hace penetrar las oscuridades de la voluntad y el sentimiento humanos”, concluye ‒dando muestras de una profunda penetración en estos temas‒ que el “hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción… Un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver”, apostando a que los escritos psicoanalíticos arrojaran luz sobre las atrocidades del alma humana.

Por su parte, Freud, “el experto en las pulsiones humanas”, se reconoce aterrado ante su “incompetencia” para responder a la solicitud de Einstein. En un intento por hacer “pensable” la siniestra destructividad que propicia la guerra, menciona que desde hace algunos años (a partir de 1920 o quizá desde antes) se ha empeñado en estudiar las manifestaciones de una pulsión que empuja al ser humano a odiar, aniquilar, destruir y matar. Llamó a esta fuerza, presente en cada una de las personas, “pulsión de agresión”, “de destrucción” o “de muerte”, en distintos puntos de su obra. El amor y el odio que se debaten en una pugna constante dentro del psiquismo es la idea última a la que arriba en su teoría de las pulsiones.

La cultura y lo social, nos indica Freud, se estructuran a partir de un límite impuesto a la violencia y al incesto. A pesar de ello, cada momento histórico presenta sus “desbordes” de pulsión de destrucción. Él atravesó la Primera Guerra Mundial y los inicios de la segunda. A nosotros, aparte de las guerras que hoy existen, nos toca atestiguar múltiples expresiones y consecuencias de violencia: migraciones forzadas, niños que han perdido a sus padres en la guerra, agresión en las escuelas (hoy rebautizada como bullying), formas sutiles o explícitas de violencia familiar, de género, de pareja, narcotráfico, entre tantas otras.

El psicoanálisis, desde siempre, se ha interrogado sobre las grandes pasiones del alma humana: el amor, el odio, la violencia, los celos, la envidia. En diferentes momentos, muchos analistas han ensayado diversas respuestas: para Freud, la violencia y la agresividad son parte constitucional del ser humano; otras posturas teóricas piensan en la violencia y la agresión como una respuesta a frustraciones en el sujeto de origen externo; hay quienes invocan factores socioculturales para explicar el problema.

En el diplomado nos proponemos recorrer este interesante tema desde múltiples corrientes psicoanalíticas y en diferentes entornos: la infancia, el arte, la sociología, etc. Analizaremos películas, materiales clínicos, sueños y situaciones de la vida cotidiana para identificar las diversas manifestaciones de la agresión tanto en lo individual, como en la familia y en lo social. Recurriremos a la bibliografía clásica, así como a las últimas actualizaciones teóricas, presentadas de manera accesible, de forma que podamos adquirir un entendimiento profundo sobre este fenómeno.

Parte de la respuesta que Freud le ofrece a Einstein es alentadora: el intento de “luchar por la verdad”. En este sentido, nuestro diplomado tiene un objetivo modesto y, a la vez, importante: contribuir a la comprensión de este problema al abordarlo, pensar acerca de él y cuestionarlo desde la perspectiva psicoanalítica.

Conoce más de este diplomado que inicia el 7 de octubre de 2017