Archivos mensuales: enero 2015

nota_madre_hijo

La relación temprana madre-bebé

Artículo del Diplomado El amor. Conflictos en la pareja, la maternidad, la familia

Por Lidia Pico

El tema de la relación temprana madre-bebé y su importancia en la construcción del psiquismo cobró relevancia en el psicoanálisis a partir de la apertura –cada vez mayor– de la clínica psicoanalítica a las patologías graves, es decir, las psicosis, los trastornos límites, las enfermedades psicosomáticas, adicciones y trastornos alimenticios.

Donald W. Winnicott (1896-1971), pediatra y psicoanalista inglés del llamado grupo de los independientes, fue uno –entre otros– de los estudiosos de estos primeros tiempos. El autor se centra en los orígenes del psiquismo y en la construcción del yo, le da una enorme importancia a la dependencia biológica y psíquica del bebé hacia su madre. Señala que en el inicio de la vida el bebé forma una unidad con su madre y el ambiente que lo rodea. No hay un self individual que pueda discriminar lo que es parte suya y lo distinto de él. Al inicio no hay integración, no hay ligazón psique-soma y su existencia necesita de una dependencia absoluta de la madre.

El autor se refiere en estas etapas al infans, que significa “el que no habla”, y alude a una etapa anterior a la imagen mental de las palabras y al empleo de símbolos verbales. La fase del desarrollo emocional primitivo corresponde a los primeros meses de vida; es fundamental para y al mismo tiempo implica al desarrollo físico. En este tiempo el bebé adquiere la capacidad de comprender que tiene un interior y que las cosas pueden proceder del exterior, se va enriqueciendo de lo que incorpora. Esto representa un gran avance pero puede perderse debido a las angustias a las que el pequeño está expuesto. Cuando el individuo siente que es una persona relacionada con los demás, entonces, podemos decir que ha viajado mucho desde su primitivo desarrollo.

La tesis de Winnicott es que el desarrollo emocional primitivo se da antes de que el bebé se conozca a sí mismo y a los demás, como la persona completa que es y que son los otros. Esta etapa es elemental para comprender el psiquismo pues, además, el autor encuentra en ella algunas explicaciones para las patologías graves.

Winnicott nos dice que es posible entender mucho si se tiene en cuenta la posición de la madre, ya que es ella la que posibilita un “medio suficientemente bueno” que permite al bebé, en cada fase, alcanzar las satisfacciones necesarias. Si esto no se logra, se deforma el desarrollo y se atenta contra la continuidad existencial del bebé. El autor habla de la “preocupación maternal primaria” como un estado de sensibilidad exaltada de la madre, durante las últimas semanas del embarazo y unas semanas después del nacimiento, que le permite adaptarse sensible y delicadamente a las necesidades de su bebé. La mujer debe estar sana para poder alcanzar este estado y recobrarse cuando el pequeño la libere.

Por un lado, encontramos lo heredado, incluyendo los procesos de maduración y, tal vez, ciertas tendencias patológicas. Pero para Winnicott, es el medio el que posibilita, en esta etapa temprana y de dependencia absoluta la marcha de los procesos de crecimiento. No es que el medio haga al niño, sólo le permite realizar su potencial. Los padres pueden proveer lo necesario para que el sujeto alcance la madurez en cada etapa del desarrollo temprano, el cual lo capacita para llevar posteriormente una vida independiente y creativa.

Posteriormente, la adaptación va disminuyendo poco a poco, en la medida que el niño hace progresos. Cuando la madre se aleja durante más tiempo del que el niño puede creer en su supervivencia, la angustia aparece; este es un indicio de que el bebé empieza a ser consciente del otro. En el momento de la dependencia absoluta, no es consciente de la madre y el medio, pero esto le es absolutamente necesario para salvaguardarse y para una eficaz instauración de ciertos avances en la estructuración del yo infantil.

Por ejemplo, un niño que ha estado expuesto a soportar grandes separaciones, es probable que tienda a permanecer en relaciones fusionales mucho más tiempo y que en la vida adulta, el camino de sus relaciones sea la posesividad, los celos y la desconfianza.

En el Diplomado El Amor. Conflictos en la pareja, la maternidad y la familia tocaremos a profundidad este tema de vital importancia para la clínica de las relaciones amorosas, desde la perspectiva de varios autores importantes que se han abocado al estudio de los primeros tiempos del psiquismo, junto con la revisión de casos clínicos que lo ejemplifiquen.

 

Más detalles del Diplomado en: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-amor-conflictos-pareja-maternidad-familia

nota_transgeneracional

Las marcas de lo transgeneracional en el psiquismo

Artículo del Diplomado El amor. Conflictos en la pareja, la maternidad, la familia

Por Lidia Pico

En el trabajo clínico, así como también en la vida cotidiana, nos encontramos permanentemente con la repetición de historias de padres a hijos y también entre diferentes generaciones. Repeticiones, por ejemplo, en el tipo de pareja que se elige, divorcios, abandonos, maltrato familiar, suicidios, en la maternidad y crianza, o incluso, en otros aspectos como elección de carrera, trabajos etc. Podemos descubrir en cada uno de nosotros, maneras de pensar y actuar que no sabemos de dónde nos vienen. No sabemos muy bien cómo llegamos a ser quienes somos ni cómo y por qué habitan en nosotros esos otros.
El tema de las identificaciones inconscientes entre generaciones, así como las transgeneracionales, son ejes privilegiados para la comprensión de la transmisión psíquica. Kaës (1996) nos dice, y coincido con él, que lo transgeneracional es algo estructural en la psique, ya que lo estructural se define en el espacio intersubjetivo, en lo generacional, lo familiar y grupal.
En estos planteamientos, además de tomar en cuenta la influencia de los padres y del medio, se considera el rol activo del sujeto en la conformación de su propia subjetividad; se toma en cuenta el papel de los otros, lo social, lo cultural, así como también lo que el sujeto aporta a lo que le viene de afuera a partir de lo constitucional y lo pulsional, es decir, desde la singularidad de su psiquismo. Es muy importante no perder de vista, para no caer en determinismo o simplismos, que lo transmitido no llega a un aparato psíquico pasivo sino a un psiquismo en permanente trabajo de interpretación, representación, re-significación, elaboración, ligazón, etc. La psique y lo social tienen entrelazamientos complejos y contradictorios, los sujetos nunca son un resultado pasivo de esas interacciones.
Lo que se transmite tampoco es lo mismo siempre, en cada familia cada hijo tiene padres de alguna manera distintos, porque el momento psíquico de ellos difiere para cada hijo y además, cada hijo con su singularidad significa y reactiva diferentes aspectos del psiquismo de los padres.
Mijolla (1989) nos dice: “tantas personas aparentemente desaparecidas, borradas de los recuerdos conscientes, pero cuyo análisis revela la presencia en el fondo de nosotros y su permanente resurrección, por los medios más variados: repeticiones de alguna conducta ajena, aparición de alguna enfermedad considerada de familia, malestar de algún drama erótico, alguna manifestación caracterial…” (pág. 8)
También señala que el Yo es amasado con partes de los demás y sobre todo de los personajes claves de la primera infancia; personajes que marcan, en primera instancia, los diversos y contradictorios fragmentos de identificaciones inconscientes que constituyen para cada uno su especificidad.
Agrega, que un drama afectivo, un duelo, algo traumático, un daño corporal o alguna dificultad psíquica, puede venir a perturbar la frágil armonía y también, cómo algún sector desconocido puede surgir para recordar ese lejano pasado en el que hemos sido forjados a partir de los demás, así como las imágenes fantasmáticas que fabricamos respecto a ellos.
Como vemos, la introducción de la noción de la influencia de los padres de nuestros padres, abre a la investigación un amplio territorio, cuestión que ya señalaba Freud en su obra: “Tótem y Tabú”. La tarea no es fácil y hay mucho por descifrar en el campo de la transmisión psíquica consciente pero sobre todo inconsciente que caracteriza a cada sujeto y a cada familia.
Podríamos señalar como una constante el hecho de que la confrontación clínica con patologías graves ha llevado a la reflexión y a la ampliación de las fronteras del psicoanálisis para la comprensión de la psique. Desde ahí podemos entender el estudio de lo transgeneracional, así como el uso de otros dispositivos terapéuticos, como es el caso de la terapia de pareja, de familia, de grupo, etc.
En un principio las investigaciones sobre las influencias psíquicas de los otros y sobre todo de los otros de generaciones distintas, no fueron muy tomadas en cuenta, ya que imperaba el interés en lo intrapsíquico; sin embargo, Nicolas Abraham y Maria Torok (1961, 1975), entre otros, con sus trabajos sobre el duelo y el fantasma, se empezaron a considerar. También, René Kaës y Haydée Faimberg, son autores fundamentales en este campo de la investigación, ellos plantean que las identificaciones transgeneracionales se producen a través de la sucesión de generaciones; implican que lo psíquico de los hijos puede estar marcado por el funcionamiento psíquico de los abuelos o ancestros, aunque no se hayan conocido, pero cuya vida psíquica ha marcado la de sus padres.
Mijolla, nos dice nuevamente, que es preciso aprender a reconocer a esos otros a interesarse por ellos, hablarles y hablar de ellos, a entender las razones de su presencia y así al reconocerlos, pueden llegar a ser menos invasivos, menos extraños, y de esta manera, poco a poco se desvanecerán en el espacio mental excesivo que ocupaban.
El estudio de lo transgeneracional será uno de los temas, entre muchos otros, que se estudiará a profundidad en el Diplomado: El amor. Conflictos de pareja, maternidad y familia.

 

Bibliografía:
Kaës, René (1996) et al. Transmisión de la vida psíquica entre generaciones,
Amorrortu Editores, Buenos Aires.

Mijolla de, Alain (1986) Los visitantes del yo, Fantasma de identificación, Tecnipublicaciones, Madrid.

 

Más detalles del Diplomado en: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-amor-conflictos-pareja-maternidad-familia

nota_mi_hija_se_casa

¡Mi hija se casa!

Artículo del Diplomado El amor. Conflictos en la pareja, la maternidad, la familia

Por Marta Bernat

Que un hijo salga de casa para iniciar una nueva vida con su pareja, es un evento que tarde o temprano experimentará cualquier familia, ocasionando un impacto distinto en cada uno de sus integrantes. Tal es el caso de Lucía, una mujer divorciada de 58 años: su hija recién le anunció que se casa en un año. La noticia la llena de alegría pero al mismo tiempo se siente nerviosa, irritable. Una amiga le comentó que era normal, al tratarse de una situación extraordinaria. Lucía está contenta y también triste, enojada, con culpa, a veces deprimida. Pelea mucho con su hija y no entiende lo que le está pasando; incluso se siente perdida, pues ya no sabe qué hacer con su vida.

 

El psicoanálisis estudia la complejidad de la vida mental del ser humano y sus conflictos inconcientes. Freud hizo un gran descubrimiento al describir la sexualidad infantil; plantea que en la mente del niño se ocultan deseos y fantasías (libretos sexuales infantiles) que le dan sentido a la forma de actuar y de pensar. Esto se encuentra íntimamente relacionado con el complejo de Edipo: frente a la pareja parental el niño siente celos, rivalidad, enojo y sensaciones de exclusión. Existe un deseo de estar con alguno de los dos progenitores y de suprimir al otro junto a los hermanos, pues estorban para conseguir el amor exclusivo del padre o de la madre.

 

Por otro lado, se piensa que el ser humano vive en dos mundos en forma simultánea: el externo y el interno. En cada uno de estos espacios se expresan fantasías y deseos, tanto concientes como inconcientes, los que con frecuencia se encuentran en oposición, causando conflictos en las personas.

 

Con el ejemplo de Lucía podemos observar que, en el mundo externo, la boda de su hija es un motivo de júbilo, mientras que en el interno ella puede sentirse enojada y celosa, al revivir la unión de sus propios padres donde, como niña pequeña, queda excluida. En la realidad externa, el último pleito fuerte que tuvo con su hija fue aparentemente por los arreglos de boda, pero en su mundo interno este problema tiene origen en la intensidad de sus celos. Antes de que el novio apareciera en sus vidas, ella y su hija formaban una pareja feliz y no necesitaban a nadie. Ahora vino un intruso a romper la estabilidad y siente que por su culpa ha perdido el amor de su hija. En su mente infantil, el novio de la hija remite al padre, quien impedía que Lucía niña y su mamá estuvieran todo el tiempo juntas. Es muy probable que la hija misma esté feliz de casarse, pero resentida a la vez porque, en su fantasía, su hermano se quedará con la madre, ocupando el lugar privilegiado que ella tenía.

 

Lucía también se siente deprimida, pues la boda la confronta con el paso del tiempo, con su propia vejez: mientras que su hija es una mujer joven que tiene una vida por delante, ella no rehízo su historia sentimental por haber permanecido centrada en el cuidado de sus hijos. Quizás no tiene un compañero porque en su mundo interno hizo una pareja con su hija –con la madre– excluyendo a su hijo –el padre– y a cualquier hombre que pudiera interferir en esa relación.

 

La vida es compleja y también lo es el mundo interno que vive cada persona. Una terapia psicoanalítica puede ayudar a que el paciente descubra y entienda las fantasías inconcientes de su realidad interna. Si Lucía puede comprender lo que le pasa, es decir, si la parte adulta de su mente logra entender su aspecto infantil, en donde se encuentra una niña celosa con sentimientos de exclusión o con deseos de suprimir al otro, es más probable que disminuyan los enfrentamientos con su hija, con el yerno, sin necesidad de provocarles celos e, incluso, tendrá la posibilidad de encontrar una pareja estable.

 

El conflicto de Edipo es un concepto fundamental en la actualidad para entender los problemas que afectan la relación entre los padres e hijos, la pareja y los vínculos humanos en general. Este y otros temas son los que trataremos dentro del Diplomado “El amor: conflictos en la pareja, la maternidad y la familia”, por lo que los invito a inscribirse y participar con nosotros.

 

El Diplomado El amor. Conflictos en la pareja, la maternidad, la familia inicia el 4 de marzo de 2015.

Más detalles del Diplomado en: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-amor-conflictos-pareja-maternidad-familia

nota_por_que_consultar

Psicoterapia y psicoanálisis. ¿Por qué consultar?

Por Rosa Lizbeth Quesada Granados

Son muchos y variados los prejuicios que existen en torno a la psicoterapia y al psicoanálisis, mitos que influyen negativamente y dificultan el acceso oportuno a un tratamiento, prolongando el sufrimiento e infelicidad de manera innecesaria. Se amparan ideas erróneas como: “la psicoterapia y el psicoanálisis son tratamientos para locos”, “es una intervención altamente costosa, accesible únicamente para una minoría”, “aquel que se psicoanaliza, inevitablemente se divorcia”, “el análisis vuelve a las personas inseguras y dependientes”, “sólo se habla del pasado”, entre otras.

Como lo señala Elena Ortiz en su libro La mente en desarrollo, la realidad es que el psicoanálisis es una intervención psicológica que se alejó del modelo médico, el cual proponía la curación de síntomas; ello ocasionó que modificara también su concepto del enfermo mental. Si bien es cierto que los pacientes consiguen una recuperación de sus síntomas, el interés del análisis apunta a la restructuración global de la personalidad. Este método se orienta al progreso mental creativo, el crecimiento integral de la persona, el desarrollo de sus aptitudes para auto conocerse, incrementar la imaginación y la creatividad, propiciando así una evolución psíquica que necesariamente conlleve al cambio.

El psicoanálisis no comprende la patología en términos de adaptación social, equilibrio o disminución de síntomas. Se enfoca, más bien, en las formas de funcionamiento mental, el significado de lo emocional y la comprensión de fantasías inconscientes. Pone de manifiesto los conflictos que ocurren en la mente, ocasionados por la presión que ejerce un número diverso de emociones, motivaciones y fantasías, todas ellas inconscientes y sobre las cuales la mente activa ciertas defensas para intentar contrarrestarlas. Semejante actividad transcurre de manera imperceptible para la conciencia de las personas, pero suscita la formación de un carácter particular y sus trastornos, los cuales determinan las preferencias e intereses de las personas, así como sus relaciones cotidianas.

En otras palabras, este método se deriva de los postulados de la teoría psicoanalítica y plantea la existencia de un aparato psíquico, cuyos componentes poseen funciones específicas, entre los que encontraremos algunos con la cualidad de ser INCONSCIENTES. En la mente existen fantasías, pensamientos, emociones, angustias, de los que no tenemos ningún registro. Sin embargo, están ahí y comandan nuestra conducta, decisiones, actitudes, omisiones, etc.; son el núcleo de lo que somos, hacemos y sentimos, aun sin saberlo. Por ello, tanto como desconozcamos esa parte de nosotros mismos, será cuanto nos sintamos fuera del control de nuestra vida. En conclusión, la salud mental está íntimamente ligada con la capacidad para tolerar la responsabilidad y el dolor de este mundo inconsciente, poderlo asumir y transformar.

El interés del psicoanálisis no se dirige a personas con síntomas o conflictos específicos, sino que busca ampliar la comprensión de las acciones cotidianas de la gente, pues éstas, aunque no representen algún desajuste adaptativo, en ocasiones dificultan y entorpecen la convivencia, el progreso individual y merman su calidad de vida. Por ejemplo, un adolescente podría observar cómo ciertos deseos exhibicionistas, envidia o rivalidad lo llevan a usar mucho el Facebook para publicar cosas de su vida íntima. También, una mujer tendría oportunidad de resolver por qué decidió no asistir a la boda de una amiga muy cercana: tal vez no fue la distancia, el tráfico o el mal clima, sino una sensación muy intensa de ser desplazada, ignorada por ella o por no tolerar la comparación. Una persona que decide unirse activamente a un movimiento de lucha social, independientemente de las circunstancias externas, posiblemente responde a sus propios conflictos con la autoridad y reclamos inconscientes a las figuras paternas.

Silvia Bleichmar afirma: “El gran descubrimiento del psicoanálisis consiste en haber descubierto que existe un pensamiento que antecede al sujeto, que forma un espacio que no es el de la subjetividad reflexiva” (Bleichmar, 2009). Un espacio mental distinto al de los pensamientos conocidos por el sujeto, “pensamientos sin sujeto”, pensamientos no pensados por el sujeto mismo, ni por ningún otro: pensamientos del inconsciente. En palabras de esta autora, podemos afirmar que la verdadera patología, la verdadera locura es la imposibilidad de ser dueño de los propios pensamientos. El psicoanálisis es el método particular mediante el cual el sujeto logra pensar, conocer y apropiarse de aquellas ideas que le son ajenas a su conciencia.

La experiencia psicoanalítica contribuye a una reestructuración cognitiva y emocional de la forma como se vive uno mismo, a los otros y a la realidad. Lo que el paciente obtiene, producto de un trabajo creativo en conjunto con el analista, puede resumirse de la siguiente manera: un crecimiento psíquico que implica modificaciones cualitativas de la capacidad para tolerar los sentimientos de pérdida y dolor, lograr una mejor adaptación a la realidad y una disposición tanto para el trabajo como para el placer, aumentar las facultades para tolerar la verdad y la incertidumbre, progresar desde la confusión simbiótica hacia procesos de diferenciación e individuación, vivir en contacto con las propias experiencias y sentimientos, aceptando la desilusión y la frustración. Cada uno de estos aspectos se reflejará en mejores relaciones familiares y sociales, menos angustia o culpa y una mayor estabilidad económica y laboral.

En el proceso psicoanalítico, el paciente reconoce las distorsiones de su pasado y retoma el progreso hacia la integración y la madurez; comprende que la satisfacción se obtiene a través de actividades y exigencias propias, de manera proporcional a su esfuerzo y a su capacidad para aceptar, tolerar y manejar la propia agresión. El trabajo analítico refuerza la aptitud del sujeto para sentir amor y gratitud genuinos, sentimientos indispensables para el adecuado manejo de los impulsos hostiles contra sí mismo y los demás. Asimismo, facilita el tránsito de una posición omnipotente y egocéntrica hacia una más realista y funcional.

La ausencia de enfermedad o el bienestar subjetivo, no son por sí solos criterios válidos para argumentar salud mental. Ésta implica una serie de aspectos de la condición individual tales como la facultad para tomar decisiones autónomas, la satisfacción personal, la felicidad, la capacidad para procurarse vivencias satisfactorias, el funcionamiento pleno y armonioso de la personalidad.

Contar con buena salud se encuentra en un lugar preponderante dentro de las necesidades básicas del ser humano y la salud mental es tan importante como la física para el desarrollo general de los individuos. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la ha definido como un estado de completo bienestar mental, físico y social, en el cual el individuo está consciente de sus propias capacidades, puede afrontar el estrés, trabajar fructífera y productivamente y es capaz de hacer una contribución a su propia comunidad. La salud mental no es meramente la ausencia de enfermedad o dolencia.

La psicoterapia y el psicoanálisis son buscados por un sinnúmero de personas, no a causa de problemas o trastornos específicos, sino que aspiran a una verdadera autorrealización. Brammer y Shostron, citados por Manrique (1982), dicen que “existen personas preocupadas no solamente por resolver sus problemas vitales y adaptarse mejor a ellos, sino también por mejorar su afectividad humana y realizar con mayor plenitud sus auténticas potencialidades”.

Por tal razón, este método no se emplea en el tratamiento de “locos”. El psicoanálisis es una herramienta para todo aquel interesado en trascender creativamente sus problemas, restablecer un equilibrio y mejorar sus condiciones de vida por medio de una mayor comprensión del mundo. Entonces, hacer sólo la descripción de una enfermedad particular es irrelevante. Los beneficios del proceso –adquirir estabilidad y una mejor adaptación al medio– son consecuencias unidas a su finalidad primaria: entender el funcionamiento del mundo psíquico interno y sus elementos.

REFERENCIAS

  • Bleichmar, N., Leiberman, C. et al. (2001). Las perspectivas del psicoanálisis. México: Paidós.
  • Bleichmar, S. (2009). Inteligencia y simbolización. Una perspectiva psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós.
  • Coderch, J. (1987). Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica. Barcelona: Herder.
  • Manrique, P. (1982). “Sistemas terapéuticos contemporáneos aplicados”. Ed. Trillas: México.
  • Ortiz, E. (2011). La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica. México: Paidós.
nota_envidia_buena

Envidia: ¿De la buena?

Por Gabriela Turrent

La envidia ha sido descrita en prácticamente todas las culturas e inspira importantes obras de la literatura universal. A pesar de ser reconocida popularmente, pasó mucho tiempo antes de que el psicoanálisis pudiera estudiarla con detenimiento. Tomando como base las aportaciones de Melanie Klein, analistas contemporáneos explican las manifestaciones clínicas de la envidia, los métodos que tenemos para defendemos de ella, las circunstancias que la mitigan o potencian y la manera como regula la cercanía y profundidad de nuestros vínculos. Las referencias culturales y psicoanalíticas sobre este tema pueden ayudarnos a pensar si es verdad que podemos sentir “envidia de la buena”.

El diccionario de la Real Academia Española define “envidia” como: “Tristeza o pesar del bien ajeno. Emulación o deseo de algo que no se posee”. En culturas como la griega, la egipcia y diversas mesoamericanas, se piensa que el envidioso es capaz de producir “mal de ojo” o daño al mirar. En el catolicismo, la envidia es considerada un pecado capital, no en cuanto a magnitud, sino por su cercanía con otros pecados; por ejemplo, si uno envidia los bienes de otros, puede estar tentado a robar. Por su parte, el budismo la considera un sentimiento que propicia el karma destructivo que puede dirigirse a hacia otros o hacia uno mismo, creando sufrimiento.

Muchas obras de la literatura universal han descrito las consecuencias de la envidia: en Las metamorfosis de Ovidio, Minerva busca a la diosa Envidia para perpetrar la venganza en contra de su hermana Aglauro y es ella, Envidia, quien provoca a petición de un muchacho rechazado que Narciso quede atrapado en su reflejo. En la Biblia, el asesinato de Abel a manos de su hermano Caín es motivado por la violencia que le despierta darse cuenta que sus bienes y recursos son más valorados por Dios. En La divina comedia, Dante nos dice que los envidiosos habitan en la tercera cornisa del purgatorio con los ojos cosidos para que no vuelvan a mirar con mal. En Otelo, Shakespeare muestra cómo la envidia de Yago es capaz de desencadenar los celos, la intriga y la tragedia.

Cincuenta años después del surgimiento del psicoanálisis, comenzó a estudiarse con profundidad la envidia. En 1957, Melanie Klein plantea que los celos involucran a tres personas y están motivados por la valoración, el amor y el miedo a que un rival nos quite a la persona que amamos. La envidia, por su parte, se desarrolla en un vínculo de dos: el dolor y el odio se generan porque ese otro posee bienes o cualidades que admiramos (aun cuando esté dispuesto a compartirlos). Klein señala que la envidia es una emoción sumamente perturbadora con importantes repercusiones en el desarrollo psíquico: se presenta especialmente en relaciones de dependencia, dificulta que nos beneficiemos de lo que otros nos ofrecen, propicia el aislamiento, impide el desarrollo de la generosidad y la gratitud y puede llevarnos hasta herir o dañar a quienes amamos (Klein, 1957).

Aunque Melanie Klein consideraba que la envidia es un factor constitucional derivado de la pulsión de muerte, hoy en día muchos psicoanalistas piensan que este sentimiento disminuye cuando el que comparte experimenta placer al hacerlo, no busca establecer una superioridad hacia el receptor, reconoce la dificultad que implica recibir y valora lo que el otro puede darle de vuelta. En cambio, si el que da no siente placer compartiendo, no está interesado en el beneficiario y no posee una actitud genuina de desprendimiento, el resentimiento y el enojo por el bien ajeno tienden a incrementarse (Bott-Spillius, 1997).

La envidia se manifiesta de muchas maneras. Si es consciente, puede sentirse como hostilidad, enojo, un sentimiento de competencia y rivalidad que suele despertar ambición (querer lo que otro tiene) e incluso como un deseo de dañar las cualidades de otro (“sino es mío, que no sea de nadie”). Al ser inconsciente, es decir, cuando no registramos que estamos envidiosos, esta emoción se revela como una dificultad para reconocer el valor de lo que se recibe o como una culpa inexplicable, que con frecuencia conduce a inhibiciones en la creatividad y en el aprendizaje. Por ejemplo, si un alumno siente envidia inconsciente ante un maestro, no podrá hacer propio su conocimiento ni utilizarlo libremente. La culpa inconsciente se expresa también a modo de dudas y críticas constantes, como necesidad de buscar fallas e imperfecciones, las cuales generan dificultades para confiar en los demás y en uno mismo (Papadakis, 2004).

En el escrito Envidia en la vida cotidiana, Betty Joseph explica que hacer contacto con nuestros sentimientos envidiosos y darnos cuenta de que en ocasiones nos molesta el bien de las personas que amamos, son experiencias tan dolorosas que podemos vernos obligados a desarrollar funcionamientos mentales que nos alejan de tales sensaciones (Joseph, 1986). Uno de los métodos más comunes para no sentir envidia de una persona que queremos y admiramos, es idealizarla o auto devaluarnos. De esta forma, hacemos las diferencias más grandes, ponemos al otro en un pedestal para que no haya comparación, competencia o crítica posible. Es común escuchar a hijas decir que tuvieron madres perfectas, tan increíbles y maravillosas que ellas jamás podrán parecérseles.

Otra defensa para no hacer contacto con ese sentimiento es “meternos dentro del que comparte”, o sea, no reconocer las diferencias, ni aceptar que lo que recibimos no es nuestro, sino que fue otorgado generosamente. Con este mecanismo psíquico, se obvia y se hace propio lo que debería agradecerse. Por ejemplo, podemos pensar en un estudiante que no reconoce públicamente la colaboración de su maestro en sus trabajos, pues siente que es su obligación ayudarlo; también sería el caso de aquellos hijos que piensan que sus padres tienen que darles todo.

Para librarnos de la envidia podemos incluso depositar en otros este sentimiento; hacer o decir cosas con la intención de que sean otros los que se sientan resentidos o ambiciosos: mostrar nuestros bienes o cualidades positivas y devaluar las capacidades de los demás. Aunque este método tiene por objeto ayudar a alejarnos de nuestros propios sentimientos envidiosos, puede atraer temores de que los demás deseen vengarse. Por ejemplo, alguien exhibe sus recursos económicos, muestra sus joyas y después está preocupado de que quieran robarlas, o alguien que lleva horas hablando de sus logros laborales puede pensar que quien lo escucha está envidioso de su éxito profesional.

Otra forma de evitar sentir envidia es restringir los contactos y alejarse de situaciones en las que podrían despertarse estos sentimientos; buscar vínculos donde no se susciten la competencia o la comparación. Esto puede verse en personas que sólo tienen amistades de menor nivel económico o hacen pareja con alguien de un nivel cultural más bajo.

Las aportaciones culturales y psicoanalíticas establecen que la envidia no puede considerarse una emoción bondadosa o amorosa porque implica dolor por el bien ajeno. Cuando sentimos “envidia de la buena” no estamos experimentando una emoción benigna. Tal vez lo que queremos decir cuando usamos esta expresión es que percibimos la molestia y el sentimiento de comparación que nos despiertan las cualidades de quienes queremos y que estamos intentando, por cariño y amor, contener tales emociones para mantener un vínculo cercano con ellos, donde no les hagamos daño.

REFERENCIAS

Bott-Spillius, E. (1997). “Varieties of Envious Experience”. En The Contemporary Kleinians of London. R. Schafer Madison (Ed.). Londres: Routledge.

Joseph, B. (1986). “Envy in Everyday Life”. En Psychic Equilibrium and Psychic Change. Londres: Routledge.

Klein, M. (1957). Envidia y gratitud. Obras completas. Tomo III. México D. F.: Paidós.

Papadakis, M. (2004). “To Defy the Fate: Doubt as an Expression of Envy”. En In Pursuit of Psychic Change. Londres: Routledge.

http://lema.rae.es/drae/?val=envidia

www.wikipedia.com

nota_taller_herramientas_psicoanalista

Las herramientas del psicoanalista y el trabajo analítico

Taller a cargo de la Dra. Solange Matarasso

Este taller está basado en el libro Atención e Interpretación de Wilfred Bion, un apasionante texto destinado a dar cuerpo al trabajo del psicoanalista en la sesión, más allá de su pertenencia a una u otra escuela teórica. No defiende ningún modelo en particular, sino que pretende dar luz a los fenómenos que tienen lugar para que el analista, cualquiera que sea su preconcepción teórica, pueda desplegar su trabajo desde un vértice estrictamente psicoanalítico.

Los múltiples recursos que tiene el paciente para ocultar, negar, desvirtuar o mentir su verdad dan por resultado la “enfermedad” que lo trae al análisis y que consiste en una inhibición o anulación de su propio desarrollo mental. El analista, lejos de buscar la “cura”, pretende destrabar el freno en el proceso psíquico del paciente para lo cual debe centrarse única y exclusivamente en el encuentro de la verdad que, una vez hallada, debe ser soportada y nombrada, es decir, trasladada al campo del lenguaje para ser compartida y comprendida por ambos: paciente y analista.

Únicamente la verdad genera entendimiento y desarrollo, pero la verdad es incognoscible en sí misma, sólo se vuelve asequible después de ciertas transformaciones o evoluciones, como suele llamarles Bion. Podemos decir, por ejemplo, que el odio de un paciente hacia su hermano es imposible de abordar antes de que se manifieste en un sueño, un recuerdo, un síntoma, un relato o una actuación determinada. En este caso la verdad (el odio) es en sí misma incognoscible hasta que aparezca en una forma “evolucionada”.

El analista debe crear una atmósfera que le permita esperar a que evolucione la verdad del paciente para poder encontrarse con ella. Sin embargo, este no es un trabajo sencillo pues implica que el analista debe despojarse de sus propias tendencias a empañar la verdad o incluso a generar más mentiras. Un impulso de invocar sus propios recuerdos o imponer sus propios deseos, así como la necesidad urgente de comprender, anulan, todos ellos, la capacidad negativa requerida para la captación de la verdad, impiden que el analista se interne y se encuentre con esa incógnita que es la realidad psíquica del paciente y, por ende, ponerla de manifiesto.

El analista debe crear y soportar un campo de trabajo en el que se desplaza a ciegas, sin saberes predeterminados; en donde tolera la incertidumbre y la incomprensión; en el que se reserva evitarle inconvenientes al paciente, dirigirlo conductualmente o imponerle caminos o salidas alternativas y donde no reina otro afán que el de permitir que emerja la realidad de este último para que pueda entonces padecerla y sufrir el alivio de comprender.

Sólo la eliminación de los factores que enturbian la comprensión y la consecuente creación de un campo de trabajo (la sesión analítica) libre de caminos o ideas preconcebidas, permitirá que todo analista que se jacte de serlo despliegue una atención real centrada en un auténtico vértice psicoanalítico y alcance una interpretación que promueva la comprensión y, como consecuencia, el desarrollo mental tanto del paciente como de sí mismo.

No se trata entonces de hablar de una teoría del desarrollo mental o de proponer modelos para las distintas patologías, sino de comprender los fenómenos que tienen lugar en la sesión psicoanalítica, entre paciente y analista, hacer propuestas en torno a los instrumentos con que cuenta el analista para llevar a cabo una escucha efectiva, una comprensión de la verdad del paciente y una comunicación apropiada de los sucesos mentales en juego. Instrumentos para el desarrollo en el analista de una verdadera capacidad de atención y formulación de lo captado intuitivamente en el diálogo con el paciente (interpretación).

Bion desarrolla un lenguaje original para hablar de los fenómenos que tienen lugar en el consultorio, no sólo porque está proponiendo una teoría de la observación clínica novedosa, sino también porque le preocupa que, al utilizar términos ya conocidos, la carga de significado que estos portan de origen pueda llevar a empañar o malentender los nuevos significados que desea resaltar.

Es así como debemos enfrentarnos a una serie de conceptos vacíos nombrados como: “memoria y deseo”, “O”, “evoluciones de O”, “O→K”, “fe”, “unicidad-con” (at-one-ment), “lenguaje de sustitución”, “lenguaje de logro” y “capacidad negativa” –por mencionar sólo algunos–, para intentar aprehender su significado y comprenderlos en el marco de la propia experiencia clínica.

Este taller pretende acercar a los asistentes a las ideas aquí mencionadas con la esperanza de que, al asomarse al apasionante terreno clínico que ellas nos abren y al comprenderlas mejor, el psicoanalista las encuentre en la realidad de su consultorio y las incorpore en su práctica analítica.

 

Fechas y horarios del taller:

Plantel Sur: 24 de enero, 10 am

Plantel Norte: 31 de enero, 10 am

Inscríbete aquí

imagen_pag_nota_mentira

La mentira

POR SARA BETECH H.

La verdad parece ser esencial para la salud psíquica,
el efecto que dicha privación puede tener en la personalidad
es análogo al efecto que la inanición puede tener en lo físico.
Bion, 1962

Hablar de la mentira es hablar de un tema que está presente en la vida de todos los seres humanos. En ocasiones pretendemos que la mentira es algo ajeno a nosotros, sin embargo ésta tiene muchas formas de expresarse y en algunas ocasiones puede ser más evidente que en otras. Podemos ser capaces de mentir ante la situación más simple o bien, construir enormes invenciones. Grandes o pequeñas, el fin es el mismo: evadir la verdad.

Para acercarnos a la noción de mentira es necesario hablar de la verdad como su contraparte. La vida puede debatirse entre estas dos deidades; a menudo la mentira parece ganar más terreno dejando de lado a la otra, que, no obstante, buscará distintas maneras de manifestarse. Esto nos lleva a formularnos algunas preguntas: ¿Por qué nos cuesta trabajo enfrentar la verdad?, ¿por qué tomamos a la mentira como una alternativa de vida?, ¿es la mentira la solución a nuestros problemas?

Según la teoría de Wilfred Bion, enfrentar la verdad supone un monto de dolor emocional, pues implica reconocer aspectos de uno mismo que nos pueden resultar desagradables y por lo mismo buscamos evitarlos. Al hablar de esta idea de verdad, nos referimos a una realidad psíquica, que está vinculada al estado emocional, esto es, cómo nos sentimos, quiénes somos, nuestra capacidad de mirarnos hacia adentro y de comprender la vida.

Se podría decir que para tener una vida con significado, es necesario tratar de enfrentar la verdad aunque sea dolorosa; para este autor “quien no sufre el dolor, no puede sufrir el alivio del dolor.” (Bion, 1970). Sin embargo, no siempre lo hacemos y buscamos tanto mentirles a los demás como a nosotros mismos. En ocasiones el engaño parece funcionar a la perfección: podemos pasar la vida creyendo que somos lo que en realidad no somos y que nos sucede lo que en verdad no nos sucede.

Dentro de la práctica psicoanalítica nos topamos muy a menudo con la mentira, la cual a veces está tan bien fabricada que es difícil desmantelar. Un problema para detectarla, entre otras cosas, parte del hecho de que el lenguaje que se utiliza para buscar la verdad es el mismo que se usa para fabricar falsedades. Los engaños pueden formar parte de un discurso muy bien organizado y quedar perfectamente bien escondidos dentro de él. Por lo tanto, el que escucha se confunde y puede no distinguirlos. Todo tipo de mentira, ya sea prefabricada con conciencia o que surja como defensa inconsciente para no enfrentar la realidad, puede engañar a cualquiera.

Dentro del ámbito de las mentiras existen diferencias, ya que algunas personas saben lo que hacen aunque lo nieguen y otros desconocen por completo esta situación. Entonces, habremos de separar la mentira del psicópata, que la usa para manipular, dañar y controlar, y la del neurótico –o incluso del psicótico– en donde se busca transformar la realidad en algo menos doloroso; lo que las diferencia es su motivación: en el primer caso existe la intención de dañar, en el segundo sirve para desprenderse de situaciones desagradables sin la intención de lastimar a nadie, aunque en ocasiones eso sea inevitable.

Esta distinción es de gran importancia dentro de la consulta psicoanalítica: es muy distinto el tratamiento con pacientes que buscan destruir, no tienen ningún interés en conocer su verdad y al mismo tiempo parecen no sufrir. Por esta razón, resulta casi imposible crear un punto de reflexión o un acercamiento al dolor del paciente. Es diferente lo que sucede con otro tipo de personas, para quienes, a pesar de sus resistencias a enfrentar la verdad, existen mayores posibilidades de lograrlo, no sin la necesidad de atravesar el dolor psíquico que impone la verdad a la mente.

A pesar de que la mentira nos puede proporcionar cierta estabilidad, finalmente demuestra no ser la solución a los problemas, puesto que resulta tóxica para el desarrollo emocional, lo detiene y deteriora. La falsificación de la realidad nos inserta en una irrealidad que en apariencia puede ser menos dolorosa, pero que en verdad nos aleja de nosotros mismos y de la posibilidad de VIVIR la vida. Una vida plagada de mentiras es una vida vacía.

REFERENCIAS:

– Bion, W. R. (1962). Aprendiendo de la Experiencia. Barcelona: Paidós.
– ____________ (1970). Atención e Interpretación. Buenos Aires: Paidós.
– López-Corvo, Rafael E. (2003). The Dictionary of the work of W. R. Bion. Londres: Karnac.

imagen_pag_nota_caracteropatias

Sobre la psicopatología del carácter: las caracteropatías

POR ANA MARÍA WIENER

Cuando Freud comenzó a atender pacientes, recibía muchas personas afectadas por síntomas de diversa índole. Por ejemplo, personas con rituales compulsivos, con ideas obsesivas, con miembros paralizados (brazos, piernas, manos), etc. A su vez, también atendió a otros cuya patología no se presentaba en síntomas sino en su forma de ser, lo que llamó rasgos de carácter.

Formas de ser patológicas, como lo especifica en el excelente trabajo Carácter y erotismo anal (1908); aquellos en quienes observó como características centrales de su personalidad la terquedad, la obstinación, el ser metódicos, escrupulosos y ahorrativos hasta la avaricia. Dichos pacientes sufren de las llamadas caracteropatías a pesar de que ellos no tienen conciencia de su perturbación. Normalmente, son los cónyuges, padres, hermanos, compañeros de trabajo, la gente que está a su alrededor los que se quejan de su comportamiento. Estos rasgos de carácter se manifiestan en las relaciones humanas y por ello consultan, buscan ayuda psicoterapéutica. Ellos se justifican con intelectualizaciones, diciendo por ejemplo: “Mire, yo soy así porque si no me defiendo y me peleo, mi mujer hace conmigo lo que quiere.” Incluso, la sociedad suele valorar ciertos rasgos de carácter y, por lo tanto, la persona encuentra justificaciones que explican su actuar, como la puntualidad, la cortesía o la formalidad. Realmente, estas personas no perciben cómo es que tales formas de ser patológicas afectan sus vidas y sus relaciones.

Freud mencionó que los rasgos de carácter son egosintónicos, es decir, que están en sintonía con el yo. El término carácter viene del griego charakter que se refiere a un instrumento para grabar y a su producto. Al aplicarlo a la personalidad, el término denota aquellas características que están grabadas indeleblemente sobre la personalidad. Éstas se diferencian de los síntomas que molestan y son egodistónicos; la persona que los padece, los quiere eliminar, deshacerse de ellos.

Entendemos que el carácter es la combinación de varios rasgos, con predominancia de unos sobre otros. Hay muchas explicaciones acerca del origen, desarrollo y factores que influyen en la formación del carácter. Freud propuso que a través de ambos –síntomas y rasgos de carácter– se expresan los deseos sexuales infantiles inconcientes deformados por el proceso defensivo. Ambos son retoños de las mociones pregenitales sexuales y/o agresivas. También expresó que el ello y el ambiente moldean el carácter. Por ejemplo, se puede adquirir un rasgo de carácter a través de las identificaciones con las personas de nuestro alrededor. Por medio de ello, este autor estudió las psiconeurosis y elaboró un método de intervención para ayudar a las personas a lidiar con sus síntomas y rasgos de carácter.

La investigación sobre el carácter en la época de los años veinte del siglo pasado nos llevó a delimitar los distintos tipos en función de las diferentes etapas del desarrollo que Freud conceptualizó. Tenemos el carácter o ciertos rasgos, según la etapa libidinal: oral, anal y fálica:

  1. Carácter o rasgo oral: en el aspecto negativo, son aquellas personas ávidas, dependientes, voraces, demandantes, que no se satisfacen fácilmente, con una intensa necesidad a ser queridos y aceptados por los demás. En el lado positivo, muestran pasión o interés por la investigación científica y suelen poseer cualidades oratorias.
  2. Carácter o rasgo anal: en el aspecto negativo, son aquellas personas rebeldes, oposicionistas, con una exagerada conciencia moral y del “deber ser” que los hace inflexibles y estrictos en el cumplimiento de normas. En el aspecto positivo, son grandes estadísticos, con excelente capacidad para organizar.
  3. Carácter o rasgo fálico: en el lado negativo, son aquellas personas exhibicionistas de su competencia o atributos físicos, necesidad de sentirse especiales y únicos, seductores. En el aspecto positivo, son competentes, las mujeres destacan su feminidad y los hombres su masculinidad.

También observamos otros tipos de carácter que no pertenecen a esta clasificación, como:

  1. Rasgos de carácter impulsivo, que pertenecen a las personas con dificultad para controlar sus impulsos sexuales, hostiles, orales y entonces, tienen relaciones sexuales muy frecuentes, son peleoneros o no pueden detener su ingesta.
  2. Rasgos de carácter conciliatorios, que podemos observar en las personas pacíficas que tratan de evitar el conflicto y los problemas con los demás y tratan de apaciguar o aplacar todo lío que se les presente.
  3. Rasgos de carácter narcisistas, de las personas arrogantes y soberbias que se sienten autosuficientes, que no necesitan de nadie ya que están por encima de los demás.
  4. Rasgos de carácter masoquistas, que vemos en las personas que fácilmente entablan relaciones donde los maltraten.
  5. Rasgos de carácter paranoides, observados en personas que sienten o piensan con convicción que los demás les quieren hacer daño.

Así, podemos continuar con los rasgos narcisistas, esquizoides, perversos, infantiles, histéricos, etc. Cada uno de estos tipos de caracteres o rasgos, exhiben una repetición de patrones, una estructura repetitiva. Por ejemplo, la personalidad histérica repite constantemente el hacer triángulos amorosos en los que hay una pareja y un tercero que es el amante. Estas repeticiones son producto de las tensiones emocionales internas que tenemos.

A todos nos ocurren eventos traumáticos o accidentes, pero cada quien lo expresa desde su propia historia y estructura mental. Aunque experimentemos vivencias parecidas, cada quien las vive, significa y transmite de modo diferente. Cuando se entrevista a una persona que quiere tomar un tratamiento psicoterapéutico importa mucho detenerse para observar la manera como maneja sus impulsos, cuál es el modelo de interrelación que tiene, su nivel de tolerancia ante el dolor mental, de hostilidad y cómo los manifiesta.

imagen_pag_nota_coraline

Aportaciones de nuestros alumnos de Licenciatura en Psicología

LOS MUNDOS DE CORALINE

POR ALEJANDRA PEÑALVA Y ARELY RAMOS

Los cuentos de hadas superan la realidad
no porque nos digan que los dragones existen,
sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.

Gilbert Keith Chesterton

La historia de Coraline Jones relata una situación por la que todo ser humano puede pasar alguna vez en su vida: sentir que todo podría ser perfecto y que la felicidad se alcanzaría si cambiamos ciertos detalles de la gente a nuestro alrededor. Las personas tendemos a idealizar cada aspecto de nuestra vida y pensamos constantemente que las cosas pueden mejorar si todo fuera a nuestra conveniencia. El malestar cultural y el deseo de obtener lo que no se posee, nos lleva a quejarnos y decir “si tan sólo esto fuera como yo quisiera”. Tal actitud cierra las posibilidades de un cambio verdadero y, por lo tanto, trunca el progreso del individuo.

Esta película está repleta de simbolismos y tiene un sinfín de interpretaciones. Coraline se encuentra en la etapa de la adolescencia, se enfrenta a constantes peleas con sus padres, de quienes desea su atención. Su situación se complica todavía más cuando se mudan a un lugar alejado de la ciudad, donde ella no estaba acostumbrada a vivir. Los factores externos a los que uno se enfrenta en la adolescencia son muchas veces determinantes y forman parte de las bases de la personalidad que está a punto de consolidarse. Durante esta etapa es común también la huida a la fantasía, para escapar de la turbulenta realidad psíquica de estos momentos.

Los padres de Coraline se encuentran sometidos a una carga de trabajo desmesurada, por lo que su indiferencia, casi tétrica, le cuesta mucho trabajo entender a su hija, quien se siente abandonada por ellos. La chica reprocha a su madre constantemente el poco tiempo que le dedica. La relación madre-hijo es un factor de suma importancia en el desarrollo del individuo y ante la falta de ella, Coraline decide usar la llave de la puerta secreta en su sala para ir a buscar algo con que llenar ese vacío. Entonces, entra en un mundo donde sus padres se transforman en los seres ideales que ella pensaba dentro de su fantasía.

Esto nos recuerda el caso “Dick” de Melanie Klein, con un diagnóstico de demencia precoz, para quien las puertas simbolizaban el orificio de entrada y salida del cuerpo de la madre, mientras que el picaporte representaba el pene del padre –en esta historia la figura corresponde a la llave–. Se podría pensar que Coraline quiere entrar a investigar dentro del cuerpo de la madre, donde encuentra grandes agresiones y objetos horribles que la persiguen, pues la madre ha sido previamente atacada. Para Dick, la agresión era insoportable en su mente, tanto así que detuvo su desarrollo psíquico. Pero Coraline acepta la agresión, repara e integra los objetos persecutorios a los buenos.

La protagonista se tiene que enfrentar a la internalización e integración de los objetos buenos y los malos. Aquí se yergue la capacidad del niño para afrontar la frustración de reconocer al otro y a sí mismo como único y diferenciado de los demás. Coraline se da cuenta de la responsabilidad que tiene consigo misma y de la capacidad activa con la que cuenta para cambiar su realidad. El gato negro es el único que le ayuda a atravesar esta difícil etapa. El gato era, para los antiguos egipcios, el animal que les ayudaba a llegar al más allá; en esta historia, podría representar un nivel de conciencia y de maduración que acerca a la persona a la etapa adulta.

La película usa también el prototipo de la bruja mala y dominante; el padre de Coraline no es más que una marioneta bajo el mando de ella y volviendo a pensar en Klein, percibimos cómo todo parece estar sucediendo dentro del cuerpo materno. Se nos muestra el importante concepto de realidad psíquica, junto con la capacidad individual para afrontarla; Coraline realmente vivía a su madre como una bruja malvada, pero el acercamiento a la integración y a la maduración yoica, es lo que va cambiando poco a poco esa tortuosa escena.

A pesar de que la chica llega a un mundo donde todo parece ser perfecto y ve en esos otros padres lo que siempre deseó, la realidad termina por desenmascarar la fantasía y deja al descubierto que no todo es tan hermoso como se muestra. Su mundo inconsciente, lleno de cosas lindas y placenteras, al profundizar devela imágenes cada vez más agresivas y primitivas, de las que Coraline ya no sabe cómo escapar. Que la bruja mala pida los ojos de los niños como precio por la estadía en ese mundo maravilloso que les da a conocer, no es coincidencia. A través de varias culturas se conoce a los ojos como ventanas del alma. Entonces, el precio por quedarse ahí sería el de su alma, su cordura; entregar los ojos es símbolo de aceptar una condición de locura y dar el instrumento que la puede sacar de ese estado mental, perdido siempre en el mundo de la fantasía, fuera de la realidad. Pensando en Freud, podríamos también asociar la pérdida de los ojos como un símbolo de castración: quedarse en ese mundo fantasioso, incestuoso, implicaría un peligro de castración.

Los niños se ven identificados con la idea de que sus padres no son perfectos. Coraline tiene la oportunidad de buscar esa mamá ideal que tanto desea y, cuando la encuentra, se ve en la posición de evaluar dónde quiere estar: en el mundo real con sus padres verdaderos, imperfectos y humanos, o en el mundo donde su madre vive para complacerla, pero que le exige una renuncia, sus ojos, una castración. Cuando decide regresar al mundo real con sus padres y conservar sus ojos, se puede pensar en una resolución simbolizada del Edipo, pues, como sabemos, en la adolescencia se revive esta etapa. Coraline descubre que la fantasía puede ser un lugar peligroso y, aunque la realidad también lo es, vuelve con una mayor integración y una conciencia más activa.

“… los cuentos de hadas tienen un valor inestimable, puesto que ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que sería imposible por sí solo. Todavía hay algo más importante, la forma y la estructura de los cuentos de hadas sugieren al niño imágenes que le servirán para estructurar sus propios ensueños y canalizar mejor su vida.” (Bettelheim, 1977: 14).

REFERENCIAS

– Bettelheim, B. (1977). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
– Coraline y la puerta secreta; Coraline. [Película]. Producida por Laika y Pandemonium, LLC. Dirección Henry Selick. Producción Henry Selick, Claire Jennings y Tim Burton, Estados Unidos de América, 2009, (100 min.), son., col., animación.
– Del Valle, E. (1986). “Enfoques psicodinámicos de la motivación: Bases del desarrollo psíquico temprano en la obra de Melanie Klein. Revisión de las teorías de 1948 a 1952.”. En La obra de Melanie Klein. 1933-1953. Vol. III. Madrid: Lugar Editorial.
– Klein, M. (1930). “Importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo”. En Obras Completas. Vol. I. Barcelona: Paidós.