Aportaciones de nuestros alumnos de Licenciatura en Psicología

LOS MUNDOS DE CORALINE

POR ALEJANDRA PEÑALVA Y ARELY RAMOS

Los cuentos de hadas superan la realidad
no porque nos digan que los dragones existen,
sino porque nos dicen que pueden ser vencidos.

Gilbert Keith Chesterton

La historia de Coraline Jones relata una situación por la que todo ser humano puede pasar alguna vez en su vida: sentir que todo podría ser perfecto y que la felicidad se alcanzaría si cambiamos ciertos detalles de la gente a nuestro alrededor. Las personas tendemos a idealizar cada aspecto de nuestra vida y pensamos constantemente que las cosas pueden mejorar si todo fuera a nuestra conveniencia. El malestar cultural y el deseo de obtener lo que no se posee, nos lleva a quejarnos y decir “si tan sólo esto fuera como yo quisiera”. Tal actitud cierra las posibilidades de un cambio verdadero y, por lo tanto, trunca el progreso del individuo.

Esta película está repleta de simbolismos y tiene un sinfín de interpretaciones. Coraline se encuentra en la etapa de la adolescencia, se enfrenta a constantes peleas con sus padres, de quienes desea su atención. Su situación se complica todavía más cuando se mudan a un lugar alejado de la ciudad, donde ella no estaba acostumbrada a vivir. Los factores externos a los que uno se enfrenta en la adolescencia son muchas veces determinantes y forman parte de las bases de la personalidad que está a punto de consolidarse. Durante esta etapa es común también la huida a la fantasía, para escapar de la turbulenta realidad psíquica de estos momentos.

Los padres de Coraline se encuentran sometidos a una carga de trabajo desmesurada, por lo que su indiferencia, casi tétrica, le cuesta mucho trabajo entender a su hija, quien se siente abandonada por ellos. La chica reprocha a su madre constantemente el poco tiempo que le dedica. La relación madre-hijo es un factor de suma importancia en el desarrollo del individuo y ante la falta de ella, Coraline decide usar la llave de la puerta secreta en su sala para ir a buscar algo con que llenar ese vacío. Entonces, entra en un mundo donde sus padres se transforman en los seres ideales que ella pensaba dentro de su fantasía.

Esto nos recuerda el caso “Dick” de Melanie Klein, con un diagnóstico de demencia precoz, para quien las puertas simbolizaban el orificio de entrada y salida del cuerpo de la madre, mientras que el picaporte representaba el pene del padre –en esta historia la figura corresponde a la llave–. Se podría pensar que Coraline quiere entrar a investigar dentro del cuerpo de la madre, donde encuentra grandes agresiones y objetos horribles que la persiguen, pues la madre ha sido previamente atacada. Para Dick, la agresión era insoportable en su mente, tanto así que detuvo su desarrollo psíquico. Pero Coraline acepta la agresión, repara e integra los objetos persecutorios a los buenos.

La protagonista se tiene que enfrentar a la internalización e integración de los objetos buenos y los malos. Aquí se yergue la capacidad del niño para afrontar la frustración de reconocer al otro y a sí mismo como único y diferenciado de los demás. Coraline se da cuenta de la responsabilidad que tiene consigo misma y de la capacidad activa con la que cuenta para cambiar su realidad. El gato negro es el único que le ayuda a atravesar esta difícil etapa. El gato era, para los antiguos egipcios, el animal que les ayudaba a llegar al más allá; en esta historia, podría representar un nivel de conciencia y de maduración que acerca a la persona a la etapa adulta.

La película usa también el prototipo de la bruja mala y dominante; el padre de Coraline no es más que una marioneta bajo el mando de ella y volviendo a pensar en Klein, percibimos cómo todo parece estar sucediendo dentro del cuerpo materno. Se nos muestra el importante concepto de realidad psíquica, junto con la capacidad individual para afrontarla; Coraline realmente vivía a su madre como una bruja malvada, pero el acercamiento a la integración y a la maduración yoica, es lo que va cambiando poco a poco esa tortuosa escena.

A pesar de que la chica llega a un mundo donde todo parece ser perfecto y ve en esos otros padres lo que siempre deseó, la realidad termina por desenmascarar la fantasía y deja al descubierto que no todo es tan hermoso como se muestra. Su mundo inconsciente, lleno de cosas lindas y placenteras, al profundizar devela imágenes cada vez más agresivas y primitivas, de las que Coraline ya no sabe cómo escapar. Que la bruja mala pida los ojos de los niños como precio por la estadía en ese mundo maravilloso que les da a conocer, no es coincidencia. A través de varias culturas se conoce a los ojos como ventanas del alma. Entonces, el precio por quedarse ahí sería el de su alma, su cordura; entregar los ojos es símbolo de aceptar una condición de locura y dar el instrumento que la puede sacar de ese estado mental, perdido siempre en el mundo de la fantasía, fuera de la realidad. Pensando en Freud, podríamos también asociar la pérdida de los ojos como un símbolo de castración: quedarse en ese mundo fantasioso, incestuoso, implicaría un peligro de castración.

Los niños se ven identificados con la idea de que sus padres no son perfectos. Coraline tiene la oportunidad de buscar esa mamá ideal que tanto desea y, cuando la encuentra, se ve en la posición de evaluar dónde quiere estar: en el mundo real con sus padres verdaderos, imperfectos y humanos, o en el mundo donde su madre vive para complacerla, pero que le exige una renuncia, sus ojos, una castración. Cuando decide regresar al mundo real con sus padres y conservar sus ojos, se puede pensar en una resolución simbolizada del Edipo, pues, como sabemos, en la adolescencia se revive esta etapa. Coraline descubre que la fantasía puede ser un lugar peligroso y, aunque la realidad también lo es, vuelve con una mayor integración y una conciencia más activa.

“… los cuentos de hadas tienen un valor inestimable, puesto que ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que sería imposible por sí solo. Todavía hay algo más importante, la forma y la estructura de los cuentos de hadas sugieren al niño imágenes que le servirán para estructurar sus propios ensueños y canalizar mejor su vida.” (Bettelheim, 1977: 14).

REFERENCIAS

– Bettelheim, B. (1977). Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Barcelona: Crítica.
– Coraline y la puerta secreta; Coraline. [Película]. Producida por Laika y Pandemonium, LLC. Dirección Henry Selick. Producción Henry Selick, Claire Jennings y Tim Burton, Estados Unidos de América, 2009, (100 min.), son., col., animación.
– Del Valle, E. (1986). “Enfoques psicodinámicos de la motivación: Bases del desarrollo psíquico temprano en la obra de Melanie Klein. Revisión de las teorías de 1948 a 1952.”. En La obra de Melanie Klein. 1933-1953. Vol. III. Madrid: Lugar Editorial.
– Klein, M. (1930). “Importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo”. En Obras Completas. Vol. I. Barcelona: Paidós.