La pianista. Una mirada a la perversión
Por Ana Livier Govea
(Alerta de spoiler). En el cine contemporáneo, pocos nombres resuenan con la intensidad y la inquietud de Michael Haneke. Sus obras se caracterizan por poseer una intensa tensión que se cierne en lo cotidiano; Haneke ha construido una obra que no busca jamás complacer, sino confrontar. Su cine es un espejo incómodo que devuelve al espectador no solo su reflejo, sino también sus heridas, sus miedos más íntimos, sus ficciones morales y sus dramas internos.
A lo largo de su trayectoria, este director austriaco ha desafiado los límites del lenguaje cinematográfico, en obras como Funny Games (1997), Caché (2005) o Amour (2012), que no solo han marcado hitos estilísticos, sino que han planteado interrogantes profundos sobre la violencia, la culpa, el amor y el desgaste de los vínculos humanos.
Pero es quizá en La pianista (La Pianiste, 2001), donde su mirada hacia la perturbación humana alcanza una crudeza desgarradora, penetrando en el psiquismo de una mujer atrapada en el interior de una vorágine de violencia, música y disonancia interna. La película está basada en la novela del mismo nombre, la cual relata la historia profundamente evocadora y semiautobiográfica de la autora austríaca Elfriede Jelinek, ganadora del Premio Nobel 2004. Este texto ofrece un retrato artístico inusual de una mujer con una perversión sádico-masoquista. La historia explora la relación simbiótica entre Erika Kohut, una profesora de piano y su madre dominante, con quien vive. Charles et al. (2001) consideran que las mujeres con perversiones masoquistas severas, como Erika, rara vez buscan tratamiento psicoanalítico, y cuando lo hacen, suelen ser algunos de los casos más difíciles de tratar.
La pianista retrata a Erika Kohut, una mujer soltera de mediana edad que vive con su madre viuda en una habitación compartida. Erika da clases de piano en el Conservatorio de Viena y busca ahorrar dinero para comprar un nuevo apartamento —que igualmente compartirá con su madre. Esta relación simbiótica y amalgamada oscila entre la violencia, la excitación homosexual e incestuosa y un control posesivo. Bajo la imagen de una artista delicada se oculta el mundo interior violento, distorsionado y perverso de Erika. Ella obtiene placer secreto al dañar a mujeres talentosas, como lo sería el caso de su alumnado. Además, goza con el voyeurismo en cabinas pornográficas, espía parejas y vuelca su sadismo en cada lección de piano.
Vemos en Erika un personaje sin límites entre ella y el objeto. Esta “aniquilación de los límites” refleja lo que varios autores (Bach & Schwartz, 1972; Chasseguet-Smirgel, 1978; McDougall, 1980) han señalado en la perversión: el colapso de las distinciones entre sexo, generación e identidad. Stoller (1974) señala que la perversión no está motivada principalmente por el deseo sexual, sino por el odio, especialmente un odio originado en la traición o el abandono temprano. Este odio se canaliza en una sexualidad que busca degradar, herir o controlar al otro como sustituto de la madre primitiva que causó dolor. El placer en Erika no surge del deseo de reciprocidad, cuidado o amor, sino surge a partir del daño (a sí misma), el ataque envidioso a la escena primaria, la destrucción, el espionaje y la humillación. Este mismo autor postula la idea de que la perversión deviene como una solución defensiva frente a traumas de origen temprano, particularmente en la relación con la madre, misma que no permite la separación ni la diferenciación entre una y la otra, obstaculizando el desarrollo de una identidad femenina independiente y autónoma.
Así, esta película permite pensar la perversión no solo como transgresión, sino como una organización defensiva frente a fallas tempranas del vínculo y a la imposibilidad de elaborar el dolor psíquico.
Referencias:
Bach, S., & Schwartz, L. (1972). Narcissistic trauma, decompensation, reconstitute delusionalself. J. Amer. Psychoanal. Assn., 20: 451-475
Charles, M., Frank, S. J., Jacobson, S., & Grossman, G. (2001). Repetition of the remembered past: Patterns of separation–individuation in two generations of mothers and daughters. Psychoanalytic Psychology, 18(4), 705–728.
Chasseguet-Smirgel, J. (1978). Reflexions on the connexions between perversion and sadism. Internat. J. PsychoAnalysis, 59: 27-35
Christian, C. (2009). The Piano Teacher: A Case Study in Perversion and Sadomasochism. Psychoanal. Rev., 96:769-784
McDougall, J. (1980). Plea for a measure of abnormality. International University Press.
Stoller, R. (1974). Perversion: The erotic form of hatred. Pantheon.

