Hambre de nada: una mirada interna a la anorexia

Por Diana Leal

“Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien”

Virginia Woolf. Una habitación propia (1929/2023)

Comer es un aspecto vital y fundamental para el ser humano. Por medio del alimento que la madre ofrece al recién nacido, éste comienza a vincularse con su propio cuerpo y con el mundo exterior. No es sólo la leche la que nutre, sacia y brinda calma al bebé, sino también una serie de condiciones que propician que el niño se sienta satisfecho.

Sigmund Freud propuso en Tres ensayos de una teoría sexual infantil (1901-1905) que, con estos primeros cuidados, la madre se convierte en el primer objeto de amor. Además, recalcó que el vasto placer o la gran frustración que se vive en esta primera etapa psicosexual puede desencadenar una fijación sexual.

Melanie Klein (1946) ahondó en estas etapas tempranas del niño y propuso que éste toma como objeto al pecho de la madre y lo escinde en el pecho bueno que nutre y el pecho malo que persigue. De esta manera, se empieza a configurar una relación ambivalente con el objeto, a quien ama y odia al mismo tiempo. La madre, por su parte, tendrá la función de erotizar el cuerpo del niño y de tolerar sus frustraciones. De la misma manera, deberá permitir la irrupción de la figura paterna, que separe la diada madre-hijo para posibilitar una crianza compartida.

Partiendo de estas concepciones, la teoría psicoanalítica evoluciona y desarrolla nuevas visiones en torno a esto. Freud propuso que todo aquello que le pasaba al sujeto tenía que ver con aspectos reprimidos inconscientes de su vida, y lo comprobó a partir de sus descubrimientos con pacientes neuróticos.

Sin embargo, hoy en día encontramos en la clínica individuos que se alejan de dichas características y presentan problemáticas cada vez más comunes como la anorexia. Este trastorno se caracteriza por dejar de comer o evitar ingerir ciertos alimentos, con el objetivo de mantener un bajo peso. Las personas con anorexia son propensas a contar las calorías que consumen, tener una clara distorsión del cuerpo y un terror profundo a engordar o subir de peso. Puede presentarse también una confusión respecto al alimento; en lugar de situarlo en un lugar nutricio, se piensa como algo tóxico. La paradoja más grande del paciente anoréxico es rechazar todo lo que le permite vivir, tener energía y vincularse con los otros, como ese bebé que, sabiendo que la madre le ofrece un alimento valioso, igualmente lo rechaza. Se piensa que este síntoma es resultado de conflictos emocionales tempranos relacionados con el vínculo materno.

Encontramos a pacientes que se sienten sumamente demandados por el ambiente, con crianzas poco flexibles que llegan a inducir dichas conductas alimenticias. Estos comportamientos pueden presentarse desde la infancia y manifestarse en la adolescencia. Así, la intención de no recibir alimento podría ser un intento de separación ante un objeto asfixiante o devorador que no permite del todo la entrada del padre a la ecuación. Graciela Sobral lo clarifica en su texto Madres, anorexia y feminidad (2011) cuando dice: “Se trata de un circuito verdaderamente cerrado donde la única dialéctica es comer-no comer-ser comido” (p.77).

Massimo Recalcati en Clínica del vacío: dependencias, anorexias y psicosis (2003), resalta que la anorexia es una verdadera pasión por la nada. Hay pacientes que, aparte de no comer nada, buscan no sentir nada. No sólo se debaten entre la pulsión de vida o autoconservación (comer) y la pulsión de muerte (no comer), sino que también realizan fuertes intentos de seguir conservando un cuerpo infantil y no sexuado, acompañados de una incomodidad perpetua respecto a poseer un cuerpo adulto.

Recalcati insiste en discriminar entre la anorexia en la histeria y la anorexia en la psicosis. La primera debe haberse identificado sintomatológicamente con otra mujer, tomando al cuerpo delgado y desnutrido como falo, con la intención de que el objeto lo mire y ame: “Mira mi cuerpo, mira lo desnutrida que estoy”. En cambio, con las anorexias psicóticas no se trata de un conflicto respecto al amor del objeto, sino con la nada. Buscan permanecer en un estado de nirvana por medio de la compulsión a la repetición, predominando la pulsión de muerte.

En consulta no hablamos del problema con el alimento, sino de lo que sucede en el mundo mental del sujeto, haciendo uso de la palabra para, poco a poco, brindar comprensión a los significados de sus síntomas. No es raro, entonces, encontrarnos con que la paciente anoréxica tenga dificultad para recibir nuestras interpretaciones como ese alimento que le permite nutrir su mente; como si, de alguna forma, se generara una anorexia mental. El psicoanálisis apunta a que no basta con que se recupere el peso ideal, sino que con un trabajo profundo y bien acompañado, se puedan digerir los conflictos mentales antes no pensados del paciente.

Nuestra labor en estos casos podría llegar a ser multidisciplinaria si trabajamos con pacientes cuya vida corre peligro. En estos casos, se trabaja de cerca con la red de apoyo que es la familia e incluso se podría recomendar una valoración psiquiátrica o internamiento. A pesar de que confiamos en la metodología psicoanalítica profunda, sabemos que existen factores médicos que deberán ser atendidos para salvaguardar la vida del paciente.

Referencias:

Freud, S. (1901–1905). Obras completas: Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora). Tres ensayos de una teoría sexual y otras obras (Vol. 7). Amorrortu Editores.

Klein, M. (1957). Notas sobre algunos mecanismos esquizoides. Envidia y gratitud y otros trabajos (Vol. 3, pp. 10–32). Paidós.

Recalcati, M. (2003). Clínica del vacío: Anorexias, dependencias, psicosis. Editorial Síntesis.

Sobral, G. (2011). Madres, anorexia y feminidad. Ediciones del Seminario.

Woolf, V. (2023). Una habitación propia. Frailejón Editores. (Obra original publicada en 1929).

 

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